Mi abuela paterna





                                                          Se llamaba Begoña como yo
                                                          tenía un piano negro
                                                          se casó con un capitán de gorra blanca
                                                          que  una vez se la llevó a Lourdes.

"Algo más que una casa"


Scot Fitzgerald y su esposa Zelda.
"Algo más que una casa", es un relato de Francis Scot Fitzgerald  que fue publicado  en el Saturday evenig Post, el 24 de junio de 1933. Ya sé que no es  "A este lado del paraíso", que fue la novela más solicitada en las bibliotecas pública de los EE UU, durante octubre de 1920, ni tampoco la considerada por la crítica su obra maestra, "El gran Gatsby". Es sólo un  relato  que en español, se puede  encontrar  incluido entre sus "Cuentos reunidos", de la  editorial Alfaguara, pero, para mí, es  sin dudarlo, uno de los más bellos.

Fittzgerald empezó a escribir durante "Los dorados años 20", la "época del jazz", como él la bautizó y continuó haciéndolo durante "La gran depresión". Su vida y  su obra están marcadas por estos dos momentos clave pero, como suele ser usual en toda gran obra literaria, es capaz de trascender su momento histórico  y crear personajes en los que podemos seguir reconociéndonos...

Por tierras de cátaros



Los viajes suelen surgir por razones diversas y a veces, imprevisibles. Nuestra ida hacia Toulusse, Albi, Cordes, Bezières, Moissac, Foix, Montsegur...durante  las vacaciones de Semana Santa,  fue motivada porque aquel otoño yo había leído un estudio sobre los cátaros, a  quienes me había llevado a su vez, Simone Weil con las referencias que hace en su obra (preciosos vasos comunicantes, los de la literatura)  y bueno, pasó también que en Toulusse había un concierto de música antigua al que Cástor quería asistir y  tal vez subliminalmente, que Toulusse es la ciudad francesa que más republicanos españoles había acogido durante la guerra civil y mi padre me había hablado mucho de ella.

Scherezade en apuros





Hubo un tiempo en que ambos disfrutaban con aquello que fluía suave de las palabras que se decían y que los rodeaba a ambos, pero ya entonces tal vez,se insinuaba el malentendido... El le solicitaba precisiones a ella que solo era experta  en metáforas, medias palabras, dobles sentidos, puntos suspensivos, paréntesis. No se daba cuenta de que para ella, hablar en  frases inequívocas era simplemente imposible. Por eso, esa exigencia suya de que cada palabra fuera absoluta y totalmente univalente para poder ser considerada cierta,  fue la razón de que ella empezara a titubear, a callar, sentirse confundida.

David Copperfield de Charles Dickens






Algunos libros  que hay que leerlos pronto por lo que debiéramos poder topar con ellos  antes de que nos llegue la edad de la sospecha.  En esa época (infancia y adolescencia) en que  se forma ese subconsciente emocional que nos instalará en la vida de una cierta manera, los que ya somos adultos desearíamos que quienes nos sigan lo hagan provistos de una importante riqueza:  una especie de confianza fundamental frente a lo que la vida pueda depararnos en el futuro.  David Copperfield es de esta clase de libros ejemplares.

Por Madrid, a solas



Caminar sola sin tener que preguntar, negociar , ceder, responder.. En fin, totalmente atenida a mis ganas y desganas sin dar explicaciones ...¡un placer!


Acerca del ser madres




Desde que la historia puede recordar, se ha asociado a la mujer con su capacidad de ser madre de tal manera, que sabemos que la maternidad  llegó a ser por excelencia, su gloria y su proyecto genérico. Sí, incluso virgen... madre

Metáforas y mitos se asocian al paradigma: madre es la que da el ser y solo consigue su paradójico ser, en cuanto es capaz de constituirse en “ser para otros”. Pero yo os digo que solo puede ayudar a ser quien ha aprendido a ser “para sí”, antes que nada.

El principito

El principito aprovechando el vuelo de las aves abandonó su planeta....

Todos somos el Principito. Todos tenemos una rosa y un zorro a los que adoramos y un planeta en el que cada mañana debemos realizar innumerables trajines; limpiar volcanes, retirar biombos, regar con cuidado, arrancar baobabs ...Todos hemos asistido o asistimos tal vez (los verbos se me complican...),a vertiginosos y sobreabundantes atardeceres, solo moviendo un poco nuestra sillita...

Todos nos agobiamos a ratos como el Principito y tal vez como él, hemos aprovechado el vuelo de las aves migratorias para abandonar nuestro pequeño planeta...A todos nos consume la nostalgia y el ansia de volver.

Si pensamos un poco, veremos como todos los símbolos en algún momento nos coresponden. Yo tengo mi rosa pero soy la rosa de alguien que me cuida y me consiente. Tengo mi zorro, el que me domesticó, pero...yo también he domesticado al que considero mío...

Ciertas noches de verano, todos miramos al cielo y tratamos de distinguir nuestro planeta, mientras nos consume la zozobra ...Todos quisiéramos volver y...¡no podemos!
No conozco un libro más universal y más desnudamente bello.

De visita


            Para Amaia


Al doblar hacia la casa, vio flamear la hierba alta doblada por la brisa y, como siempre, sintió un súbito anticipo de dulzura que la llevó en volandas a las tardes de verano de aquellos días en que el máximo placer que podía concebir, era el rodar loma abajo entre risas... Era un mediodía perfecto… luz de agosto ya tardío, cierto conato de sombra en las zonas altas, hojas susurrantes a su paso y muy cerca, la pizarra del techo musgoso del lavadero… bajo la piedra el agua temblaría un poco en la oscuridad batiendo contra las lajas y aún sin verla, sintió un delicioso ramalazo de frescura, al pasar.

Tarde en la cocina.

Para Kastortxu

Todo ocurría en la cocina iluminada por la luz de setiembre que entraba apenas tamizada por la hojarasca de los plátanos orientales. Era una cocina alargada con un algo de plácido acuario. El suave lila de los armarios y el celeste grisáceo de los azulejos reverberaban un poco por las sombras de la media tarde.

El niño, vestido de azul, dibujaba aplicadamente sobre la mesa. Su madre lo miraba mientras iba y venía, con su congoja a cuestas. Veía la coronilla delicada con los dos huesecillos sobresalientes. Veía una manita morena empuñando fuerte el lápiz, mientras la otra sostenía bien abierta, el papel.

Poesía- entrevista


-¿Cuándo comienza a escribir poesía?
Desde la adolescencia que suele ser la época en la que se inician todos los poetas. Un momento de la vida en que las emociones y los sentimientos, alcanzan una efervescencia desconocida durante la tranquilidad de la infancia. Si ha habido pasión por la lectura y placer por la degustación de la palabra, el verso nacerá inevitable. Si persiste como actividad más allá de esa primera floración, habrá cuajado el poeta. No es vano suele decirse que todos somos poetas a los diecisiete años, serlo a los treinta es más difícil…

Informe sobre Roma



Antes de conocer Roma yo ya la conocía a mi manera. Había leído La Historia de Elsa Morante, alguna biografía truculenta sobre Cesar Borgia y por supuesto, había disfrutado en diversos textos escolares de la Dafne y Apolo de Bernini, de la Santa Teresa en éxtasis y de la consabida Pieta de Miguel Angel. Algo imaginaba también yo por mi cuenta dejándome llevar por la untuosidad de la palabra porque es indudable que Roma era a mi oído algo así como un adaggio indeciblemente largoooo, y a mi boca como uno de aquellos “ambrositos” de mi infancia: dulce, dulce pero sin saturar. Roma, igualmente que el caramelo, podía saborearse largo rato y guardarse después bien envuelta y escondida para luego…

La fiesta de la nostalgia



Nunca he sido una exilada. Siempre elegí donde vivir. Pude irme y volver a voluntad y hoy vivo aquí, en este país, porque quiero. Yo no sé directamente lo que se siente cuando uno es obligado a partir y dejar su casa desguarnecida. Es extraño, no lo sé pero, a la vez, siento que lo he sabido desde siempre como si se me hubiera transmitido vía genética el dolor de la pérdida. Siento también que soy una mujer que tiene una patria insólita que no coincide con ningún territorio que se pueda delimitar en un mapa y que eso constituye paradójicamente, una gran riqueza de la que no estoy dispuesta a perder un ápice. Así como mi madre, personaje fundamental de mi reflexión, se ha sentido desde siempre de alguna manera despojada yo no he podido evitar el sentirme sobrepasada por la abundancia de lo que he vivido y me ha sido legado y entre lo que a estas alturas de mi vida se me hace difícil distinguir. Sin embargo, aunque parezca un tanto contradictorio tengo que reconocer porque es cierto, que esta riqueza mía tiene su origen en ese exilio de ella y en su herida.

Informe de Nueva york



Acceder a Manhattan desde el aeropuerto por Queens, el barrio más extenso de Nueva York, es hacerlo a través del patio de servicio. Un patio que es copia pobre del famoso “sueño americano”. Hileras de casitas pareadas se suceden interminables. Tienen en común: una “escalinata” endeble como de casa de muñecas, que conduce a una puerta historiada con parteluces en la que refulgen los bronces y que genera la memoria inquietante de puertas de panteón. Estas puertas desproporcionadas son elocuentes: dan la impresión de que en la puerta y la escalera precisamente, está el orgullo de la casa… un orgullo de muy mal gusto que se adorna con flores de plástico, con enanitos y a veces con cachivaches diversos. Ahí viven pobres con ganas de medrar. Las banderas estadounidense que de cuando en cuando se divisan deslucidas por la lluvia, hacen pensar en que de aquí han salido muchos soldados que andan ahora cargados de adrenalina, allí por Irak. Se ve muy poca gente en la calle. Seguramente sus ocupantes están ganándose duramente cada hora en los Starbucks de Manhattan y volverán muy tarde, derrengados.

Simone Weil: la vida como metáfora

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Hablar de Simone Weil es algo que a la vez que una necesidad, tiene algo de desafío por la dificultad de precisar un lenguaje altamente complejo por la densidad de su significación, unido a lo fragmentario de su obra, obra que consta de abundante material, montañas de papel que Simone fue apilando, escribió prácticamente todos los días de su vida ya que hacerlo era también su otra forma de vivir. Registró así al hilo de su vida y no de una manera ordenada, en notas, aforismos, artículos breves cartas a menudo sin fechar, reflexiones muchas veces incompletas - sus múltiples preocupaciones: filosóficas, sindicales, políticas, religiosas y hasta económicas.

Informe sobre Dublín

Dublín es una “vieja y sucia ciudad” como dice la antigua balada irlandesa pero también, una ciudad entrañable. La catedral de San Patricio, el Banco de Irlanda y El Trinity college son sus baluartes; los tres edificios monumentales de la ciudad. El resto no impresiona. A ratos, mientras caminas por Talbot street te sientes como si lo hicieras por Irarrázabal o San Diego, en Santiago de Chile. El mismo desorden y exuberancia. Cambia el tipo físico. Los irlandeses son guapos; muchos altos y bien hechos con ese peculiar colorido rubio rojizo que combina tan bien con los ojos azules y además, la mayoría son jóvenes. Según cuentan, más del 70% de la población tiene menos de 30 años. Se nota en esa sensación constante de energía que produce el paso fluido de la gente por las calles, una gente que siempre sonríe con cordialidad, se detiene para escuchar incluso el peor inglés con paciencia y que jamás tiene duda de donde se sitúa The Basque country y lo revela con un afectuoso gesto de reconocimiento. A mí me encantó el obelisco-aguja de la O´Connell: altísimo, plateado, mareante, brújula perfecta para orientarse; algo así como la cordillera en Santiago.