Florencia





LLego a Firenze ya, de alguna manera conociéndola y sin embargo, al pisarla me he dado cuenta de que en realidad, era una perfecta desconocida. Es difícil explicarlo. Por una parte, son todas las connotaciones literarias y artísticas que he traído conmigo...lo que he leído de Miguel Angel, de Maquiavelo, de los Medici, todas las reproduciones que he visto en los libros de arte, todo lo que he oído a los viajeros que volvían...y es así, todo corresponde. El Duomo es magnífico y las puertas del baptisterio de Ghiberti,  verdaderamente "las del paraíso". Ambas parecen condensar la excelencia del trabajo, hecho con amor y talento.

El Ponte Vecchio evoca enamorados.

Un par de zapatos (Arles, 1888)




¡Magnificat!

También llegó Tabor para el zapato

y tuvo así

su hora de mirada

su soledad de héroe

su estigma...

conseguidos por alguien

que se dejó la vida en el intento.

¡Magnificat!

Vincent hizo de mí la maravilla



Estos zapatos, según testimonio de Gaugin, eran los del propio Vincent. Unos zapatos que venía usando desde su época como predicador en el Borinage belga. Creo que en ellos, se retrató de alma entera.


Camino (Saint Remy,1889)

Camino (Saint Remy,1889



  …Andando ese camino
está la casa.

Todo la anuncia:

la delgadez del aire

el espejismo del humo

y sobre todo el hilo…

el hilo del deseo

¡tan tirante!



Más allá del último pastizal

se eleva alta, transparente

tan cierta

que a su puerta se rompe la nostalgia

y en dicha se nos vierte.


Pigmalión


Madre e hija, 1916

(A mi madre)

Ya lo sé que te hiero:
mi palabra cincel
labra las estaturas de mi miedo,
pero lo empuña una mano
que junta a tus dolores
terribles goterones de dedos machacados.

De amor es la tarea.

Busco llegar allí,
donde la veta responda
al nombre de los primeros días:
donde seas tan nítida
y tan reconocible
que te brote la sangre.

Solo entonces
recobraré mi mano
en la caricia enjuta
del dedo que toca sin tocar
y que se sana así ´
y así restaura.

verás:
no puedo sustraerme.
la vida se me va
y se te va en escombros
y me quedan muñones
que se aferran
en locura tenaz a su servicio:
llegar, llagada y rota
no me importa
¡si logrará encallar en la que eras!

Vida y destino

 Vasili Grossman, escritor ruso, dedicó esta obra a su madre  Yekaterina Savélievna Grossman y fue su obra cumbre. Una obra, que murió sin ver publicada y sin creer que pudiese ser publicada nunca. Fue considerada tan peligrosa por el regimen soviético, que le fueron confiscadas hasta las cintas de la máquina que utilizó para escribirla.

 Hoy podemos leerla gracias a la editorial suiza  "L´Age del Homme" que pudo recuperar una copia del manuscrito...si, suele ser difícil silenciar eternamente a los escritores...

Génova

Palazzo de vía Garibaldi (Génova)

Inmensa, sucia, desordenada y sin embargo...¡absolutamente encantadora!


Fue nuestra puerta a Italia y nos conquistó desde el primer momento. Se encarama por las colinas en una miriada de casas y edificios de todo tipo. Palazzos abandonados y decrépitos convertidos en pisos, fachadas en las que en medio de la roña se conservan vestigios gloriosos: un busto, una guirnalda, un fresco... La pintura embellecida después de pasar por todos los grados del deterioro, oscila entre el rosa y el ocre.

Les Baux de Provence


Les Baux
Es uno de los pueblos más bellos de Francia allá arriba en su roca solitaria y lugar que da origen al nombre de la  roca "bauxita", que todos conocemos.

 El camino que nos lleva hasta su cercanía, nos pone en contacto con la imagen de Provenza que teníamos acuñada en nuestra "memoria poética". Por fin, aparecen  la viña, el ciprés, las adelfas en un orden bello: las viñas vueltas mares verdes y rozagantes, los cipreses solitarios pero también en escuadrones compactos, las adelfas gigantes por doquier...

Le Baux en lo alto es casi inaccesible, cincelada en un farallón de piedra que domina el valle hacia los cuatro puntos cardinales. Callejuelas adoquinadas que el viento barre, gatos al sol, el nombre de Mistral ubicuo y una iglesia del siglo XIII que acoje a la más bella estatua de mujer yacente que he visto nunca....ella llamaba Beatrix.

La muerte en Venecia.

Leí “Muerte en Venecia” de Thomas Mann cuando tenía 20 años y la entendí como una metáfora, por eso me gustó. Debo ser sincera: me apasionó como le apasionan a una las cosas cuando se es joven y no se termina de entenderlas. Trataré de explicar que vi yo en ese libro...aunque lo que me inspiró sea ya... cosa pasada.

Orange


Teatro romano de Orange
Esta antigua ciudad provenzal es famosa por sus monumentos de la época  en que fue colonia romana y que han sido considerados como patrimonio universal por la Unesco. También parece ser la ciudad más cálida de Francia en cuanto a temperatura media, claro.