Acerca de Chagall


"La caída del ángel" de Marc Chagall



  A veces me ensimismo, no puedo evitarlo entonces no puedo escribir, es como si huyeran las palabras. Me quedo en un silencio que no es hostil ni depresivo, sino simple silencio. Así me he sentido últimamente. Abría mi página, intentaba, pero la cerraba sin ganas y sin desespero...

Fue entonces que fui a Madrid a ver a Chagall y volví callada,  pero con la llama  de nuevo prendida.  El arte consuela cuando la belleza consigue llegar al hueso de la vida.  Produce en nosotros una toma de conciencia en la que nos sentimos de pronto habitados por ecos que reverberan en nuestro interior, como si de pronto nos hubiéramos convertido en caja de resonancia, como si los colores, el trazo, la disposición, el motivo, abrieran un tajo en la maraña y algo empezara a decir, primero balbuceando y luego cada vez más alto, más hondo, más claro, del modo en que se cuentan las historias que se van entendiendo poco a poco.

Chagall es un maravilloso contador de historias. En cada imagen reconozco a la novia, al enamorado, al judío errante, al violín, al gallo, a la vaquita, al ramo de flores, al reloj de pared. Un tarot personal que se despliega una y otra vez frente a nosotros y nos pide que ayudemos a dilucidarlo. Es emocionante sentir como la iconografía del pintor, de alguna manera suscita la propia. Como a su conjuro nuestro propio tarot se configurara.  La torre, el peral, la anciana que se mece, el libro abierto, la niña pequeña, la gata siamesa, el buda…La convergencia es de tal envergadura que da vértigo de tan intrincada y densa.

Si llevara a un niño de mi mano le contaría de esa vaquita a quien el tío de Chagall, el carnicero, le gritaba cuando la hora le tocaba… ¡Ya, tú…tira las patas!... y cuando la vaquita se dejaba caer toda sumisión, el niño Chagall la besaba en el hocico suave y siguió besándola una y otra vez en sus cuadros. La hizo tocar violín, volar, acompañar al rabino, ofrecer flores... durante toda su vida. Estoy segura de que al niño le gustaría la historia aunque los ojos se le llenaran de lágrimas y lo más importante, estoy segura de que aprendería lo que es esa palabra tan difícil,  “Redención”   y se sentiría consolado como yo, al reconocerla en verde, en azul, en amarillo . Funambulista de ese cielo dislocado donde las cosas viven para siempre.

Agradezco a Chagall su gota de luz porque en estos grises tiempos nuestros, necesitamos saber de transfiguraciones y  triunfantes gritos de gallos. Necesitamos saber de Eso que prevalece y consuela emergiendo allá por el oeste, desde el cénit, soterrado, trapecista en diagonal. Angel en caída picada que insólitamente se sostiene y nos permite  seguir respirarando.
Sí. Le mostraría al niño el ramo de sauco florido, la candela, el ala azul del reloj, el beso mantenido de Bella...
Amo en  Chagall esa acogida de  “lo otro”,  que convierte en suyo sin ninguna estridencia. Su "Cristo blanco", su "Virgen de la aldea", que conviven con la Torah y el rabino con tanta armonía, nos   hace n captar  lo que puede ser ese cielo con el que soñamos los que amamos esta amarga y gozosa vida nuestra, donde todo se nos va y todo se nos queda, donde vivimos poblados de ausencias tan presentes que hieren una y otra vez,  donde conviven  graciosamente lo visible y lo invisible,  y lo que fue sigue siendo....

El arte no cambia nada, no puede. La muerte y el horror son ubicuos. La paleta debe ennegrecerse porque si no sería apenas un superficial divertimento,  y yo y el niño de mi mano, pasaríamos de largo. Por eso yo amo ese ángulo, ese  en que asiste lo amado y ayuda a que la caída del ángel no sea estruendo, sino... epifanía.

4 comentarios:

Oscardacunha dijo...

No sé que resulta más contagiosa, la vitalidad de la obra de Chagall, o tu lujosa forma de recibirlo. Regalarnos esas vibraciones con que describes tu paseo por su luz me han estimulado a releer tu texto una y otra vez, y otra…
Aunque me traicione la edad quisiera ser ese niño, podría conseguir serlo y aprender con mirada ingenua a disfrutar de todos esos ángulos del tío contador de historias.
Gracias una vez más Begoña, lo seguiré leyendo.

Loli dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Loli dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
VICTOR GATO dijo...

Felicidades por este magnífico texto, y muy útil para los tiempos que atravesamos.
Y gracias por dirigir tu mirada hacia los esfuerzos y los colores de los pintores.
Yo también soy amante de Chagall, y no sólo por su pintura, sino también por su actitud de vida.

Tengo pendiente, en espera de acabar otras lecturas, la de su autobiografía, que creo que se acaba de reeditar.

Mientras tanto, tengo dos posibilidades: Creer que fue una persona buena y positiva de naturaleza -geneticamente-, o pensar que sus creencias religiosas le ayudaron mucho. Si las religiones son una falacia pero dan estos resultados, bien venidas sean.

A Chagall le tocó vivir tiempos muy convulsos mundialmente y en extremo dramáticos. Es fácil que una persona muy sensible caiga por el precipicio de la depresión y el desánimo ante esas situaciones tan extremas -y también ante situaciones muchísimo menos extremas-. Parece ser que Chagall sobrevivió con la poesía de su pintura y por la seguridad de que siempre es posible un mundo mejor. Pero creo que lo que verdaderamente mantuvo a Chagall vivo fue su mirada agradecida -no es imprescindible ser ni poeta ni pintor ni artísta, para tener una mirada agradecida- La suerte es que él era pintor, y por tanto hemos tenido la dicha de que nos haya transmitido su mirada, esa forma de ver.
Sus cuadros son su legado generoso a la humanidad que, como insinuas, en estos momentos difíciles de crisis, nos aleccionan y nos indican el camino de ilusión y de superación; pero, sobre todo, de tener una visión agradecida por todo lo cotidiano -y al mismo tiempo grandioso- que nos rodea y que minusvaloramos. Por culpa de esa ceguera llegamos incluso a creer que nos hayamos en un océano negro, inaprovechable y sin salida. Falso siempre.

No sabes cómo celebro y me alegro de que te desplazaras a Madrid y que te reconfortara su mundo. Chagall tuvo en vida recompensa a sus esfuerzos, pero esta es su mayor recompensa: el eterno reconocimiento y agradecimiento.

Gracias a tí, también he caido en cuenta de que debo dárselo a conocer a mi hija sin demora :)

Un beso, amiga Begoña.





PD: Te habrás dado cuenta de lo despistado que soy, jjjj Ayer puse este comentario en la entrada anterior.
Aún tengo que leer tu entrada anterior y dejarte alguna palabra. Vuelvo en breve.

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