Otoñar...



Envejecer es descubrir
el secreto de la niebla.
constatar su algodonosa compasión.

Es también esa noticia
de la punta embotada de los dardos...

Triunfa lo que está pronto a
desviarse, a caer, a ser pisado...
Cuesta la luz.

De alguna forma desaparece 
el horizonte de los barcos...
El mundo adquiere una convexidad
inexorable...

Todo gime en trance de resbalar hacia lo hondo.

Nada más pleno que, al filo de la mañana, sentir como las palabras van llegando una a una, buscan su lugar, se toman de la mano y... me dicen.

Cosas que he aprendido



El Zambullidor (Museo de Paestum) Uno de los poquísimos frescos griegos que existen.



Cuando me aferro a mis recuerdos, a mis presencias no hago otra cosa sino sostener el hilo que me une a la tierra. Si lo soltara, me iría con él y sería como si nunca hubiera vivido.

Solo soy mía, más bien, como dice la canción…”ni mía siquiera“ Nadie puede impedir ni mi crecimiento ni tampoco mi desgaste… Todo sucede a su hora; es necesario dejarse ser y disfrutar del espectáculo y dar gracias por el privilegio de poder hacerlo con todos los sentidos bien despiertos.

El carro alado


Carro alado


Aunque a veces se crea que los mitos cayeron en el olvido empujados por el pensamiento racional, no es así. Los mitos perviven entre nosotros puesto que son la única manera de transparentar algo singular que la abstracción destroza inevitable. Platón, el filósofo-poeta, se dio cuenta ya de ello en el siglo IV a de C. Suyos son los más bellos que he leído...el de "La caverna", el del "andrógino" pero sobre todo esa maravilla que es el de "el carro álado", mi marca personal como profesora de filosofía; ningún alumno que haya pasado por mi aula lo olvidará nunca.