Toque-terciopelo.




                                                                                 
 Para mi amiga Marisol.

Es imprevisto y grácil. Tinteneante como canica que se acerca saltando. No es azul, ni verde, ni amarillo, ni gris... sé que tiene el negro profundo de los terciopelos irisados. Es un terroncito de azúcar que convierte el acibar más amargo en un insólito trago de miel, en una frase de Malher persistente y constante el corazón del ruido... en una redonda certeza, el ángulo agudo del desespero.

 Es una dulce estocada. Un toque que devuelve a la vida mengüante su maravilla rara por un momento... suficiente para hacer pertinaz la sonrisa de asombro ¡Pobre de quien no haya sido visitado nunca por este toque insólito de terciopelo!

Txo!






Txo!


Sé que hoy debo escribir porque si no la sequedad será aún mayor y se sucederán las horas frente a un teclado que me produce sensación de nausea y... me iré hundiendo en una pena muda, cada vez más pena...

Vengo de un viaje que ha vuelto loca a mi brújula interior que ya no sabe dónde está el norte, que me ha confundido los paisajes y las calles, incrustando nuevos protagonistas en mi memoria y me trae y me lleva de mala manera entre meandros de emociones … ¡Ay, Txo!