Las cosas






Siempre me he preguntado si aquellas personas que tienen la suerte de vivir en la casa en que nacieron comprenden su privilegio.

Están rodeados de objetos llenos de sentido. De la silla en que solía sentarse la madre a coser, del molinillo de café que le regalaron por un cumpleaños perdido ya en el tiempo, de la mesa en la que ella planchaba y en la que el padre apoyaba el periódico después de la cena...

No tiene el mismo sabor el café con leche que se bebe en el desgastado tazón de la abuela.  El tiempo no deja su impronta de la misma manera que en ese reloj ya poco oxidado que nadie recuerda cuando no estuvo allí.

Cuartel de invierno...

Mirando hacia Ronda (Andalucía)

Ha llegado el verano y
ha promediado.
Se secaron los caminos.
Creció la yerba.
Alargaron los días
pero yo...
no he podido abrir la puerta de mi cuartel de invierno.


No sé por qué tengo tanto frío todavía.

Por qué se me hace tan costoso preparar los arreos.
Se supone que el tiempo de las nuevas batallas ha llegado
pero...ya no hay ardor.

Me doy cuenta  de que quizá 
no era el cuartel de invierno.

Tal vez ... ¿un moridero 
          y la hierba, la brisa, el calor 
        los espejismos de ... una agonía lenta?