Primavera en Birkenau



Vuelo de vilano...

Verdecían y ondulaban
tilos, abedules, arrayanes, mirto blanco... 
cuando se abrían las puertas 
quizá un vilano acarició una estrella
y escucharon a lo lejos música de carretas...
Un sol adolescente enjugó sus sudores...

¿Sucedió aún en Birkenau?
¿La indiferente belleza vertió su último aceite
sobre los rechinantes ejes de la esperanza?
¿Se pudo musitar aún, un retazo de cuento?
alisar una falda
encasquetar bien una gorrita
atar unos zapatitos viejos?

¿Husmearon la brisa al avanzar y se dijeron incrédulos
es imposible...
                                         ¡no se puede, no se puede morir.... en primavera!?

2 comentarios:

El lobo dijo...

Muy triste...
Serían capaces de captar esa belleza ? Ojalá....

Anónimo dijo...

Las altas torres de ladrillo rojo ensombrecieron el cielo durante 1811 días, también durante las oscuras noches de sus cuatro primaveras. Ennegrecieron el aire puro de los cercanos bosques. Ensuciaron sus hermosos árboles y sus prados verdes. Nunca hasta entonces, hubo tanta prisa durante tanto tiempo para producir aquel penetrante olor a muerte que, aun hoy, impide a las flores de aquel lugar oler a flor en primavera. Pero tus oídos doloridos, Begoña, son capaces de rescatar tenues sonidos de esperanza de entre el inmenso coro de desgarradores chillidos. Recordar retazos de cuentos entre millones de angustiosas agonías. Tus ojos de poeta, vidriados por la visión de tanto dolor, sorprendidos, son capaces de contemplar el “alisar una falda, encasquetar bien una gorrita, atar unos zapatitos viejos”. La fuerza de la vida, la del poeta, la de la esperanza son tan poderosas que ni millones de muertes horribles pueden anularlas. Por eso “no se puede morir en primavera”. Gracias por encontrar pedacitos de primavera rebuscando entre tanta miseria. Gracias, Begoña, por tu poesía.
José Ramón.

Publicar un comentario