Requiebros.








Mi querido lobo:

Aunque no sea lo más usual, e incluso un atentado contra la mínima discreción, voy a dejar dicho públicamente y sin sonrojo, que me enamoré de usted al más puro estilo de Petrarca: apenas cruzamos la primera mirada. Sí señor. Como todo amor que se precie, el mío fue un amor a primera vista.

Amor rotundo, determinante, lleno de pavor ante la terrible posibilidad de no ser correspondido y por lo tanto obligada el resto de mi vida a cantar en versos procelosos al terrible desamor. No, yo no quería un amor funesto que me desgarrara y al que a pesar de todo, yo llamara bendito como hizo el florentino, refiréndose al tormento delicado con que lo castigó en vida y en muerte, la distante Laura de Noves. 

Ud. querido lobo, sabe de sobra que a mí no me van los dolores a menos que sean absolutamente inevitables y entonces... los llevó difícil y solo porque no tengo más remedio.  Lo cierto es que yo quería un amor como el del "Cantar de los Cantares"  Saeta sí y herida, pero dulcísima. Un amor que fuera puro idilio y "degustar de granadas" Casi nada. Pero no fue ni con Petrarca, ni con Salomón con los que he compartido mis días. Yo me enamoré de un lobo, tu tótem, tu nombre cariñoso, el de las ensoñaciones, las rabias, el de la complacencia. Cosa peligrosa.

 Te llamé lobo porque yo adoro a esas criaturas flacas, monógamas y valerosas. Por eso  tus aullidos jamás me han dado miedo. El destello de tus colmillos apenas me hacen mantener cierta distancia de seguridad. Como lobo que eres, te vuelves poeta en noches de luna llena y yo me he aprovechado siempre de esta condición tuya para mi deleite. Si hay luna llena el verde de los ojos se te vuelve denso y untuoso como el brillo de las gemas de alto precio y ....

Me había prometido a mi misma discreción pero es imposible. A mí se me va la pluma, que una vez inicia su curso no me la detiene nada, mucho menos la prevención o el comedimiento que son para mí virtudes de tercera categoría.  Ya lo sabes y sé que te gusta mi desmesura por más que intentes una y otra vez controlarla. Además, en estos momentos en que atisbo cercana la lechosa aurora, y todavía siento cálido a mi lado tu flanco, casi me abruma la sensación del privilegio que supone haber conseguido domesticar a un lobo alfa.

Algo de peligro ha habido en esta historia.  Entregar el corazón a tu cuidados es una experiencia fuerte porque eres una fiera de zarpas rotundas que nunca dejen de estar presentes incluso en medio de la caricia. Pero es que ... sé de una manera oscura que jamás las volverás contra mí. He investigado al respecto y todos los informes apuntan a lo mismo: los lobos son fieros enamorados de las golondrinas.

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