Regalos










A la primera un alazán
que la lleve hacia el viento que no cesa
A la segunda un sueño...¡qué la despierte besándole la boca!
A la tercera, una certeza juiciosa que le haga compañía cada mañana
¿Y...a la pequeña? ¡ay! a la pequeña quisiera regalarle 
solo... ¡un final feliz!

( de "La seña del cantero")

Requiebros.








Mi querido lobo:

Aunque no sea lo más usual, e incluso un atentado contra la mínima discreción, voy a dejar dicho públicamente y sin sonrojo, que me enamoré de usted al más puro estilo de Petrarca: apenas cruzamos la primera mirada. Sí señor. Como todo amor que se precie, el mío fue un amor a primera vista.

Amor rotundo, determinante, lleno de pavor ante la terrible posibilidad de no ser correspondido y por lo tanto obligada el resto de mi vida a cantar en versos procelosos al terrible desamor. No, yo no quería un amor funesto que me desgarrara y al que a pesar de todo, yo llamara bendito como hizo el florentino, refiréndose al tormento delicado con que lo castigó en vida y en muerte, la distante Laura de Noves. 

Ud. querido lobo, sabe de sobra que a mí no me van los dolores a menos que sean absolutamente inevitables y entonces... los llevó difícil y solo porque no tengo más remedio.  Lo cierto es que yo quería un amor como el del "Cantar de los Cantares"  Saeta sí y herida, pero dulcísima. Un amor que fuera puro idilio y "degustar de granadas" Casi nada. Pero no fue ni con Petrarca, ni con Salomón con los que he compartido mis días. Yo me enamoré de un lobo, tu tótem, tu nombre cariñoso, el de las ensoñaciones, las rabias, el de la complacencia. Cosa peligrosa.

 Te llamé lobo porque yo adoro a esas criaturas flacas, monógamas y valerosas. Por eso  tus aullidos jamás me han dado miedo. El destello de tus colmillos apenas me hacen mantener cierta distancia de seguridad. Como lobo que eres, te vuelves poeta en noches de luna llena y yo me he aprovechado siempre de esta condición tuya para mi deleite. Si hay luna llena el verde de los ojos se te vuelve denso y untuoso como el brillo de las gemas de alto precio y ....

Me había prometido a mi misma discreción pero es imposible. A mí se me va la pluma, que una vez inicia su curso no me la detiene nada, mucho menos la prevención o el comedimiento que son para mí virtudes de tercera categoría.  Ya lo sabes y sé que te gusta mi desmesura por más que intentes una y otra vez controlarla. Además, en estos momentos en que atisbo cercana la lechosa aurora, y todavía siento cálido a mi lado tu flanco, casi me abruma la sensación del privilegio que supone haber conseguido domesticar a un lobo alfa.

Algo de peligro ha habido en esta historia.  Entregar el corazón a tu cuidados es una experiencia fuerte porque eres una fiera de zarpas rotundas que nunca dejen de estar presentes incluso en medio de la caricia. Pero es que ... sé de una manera oscura que jamás las volverás contra mí. He investigado al respecto y todos los informes apuntan a lo mismo: los lobos son fieros enamorados de las golondrinas.

Informe de Venecia




Máscaras venecianas
 Te acuerdas que una vez leímos que Venecia provoca  emociones fuertes. O se la ama profundamente, o se siente por ella una repulsa inmediata. Nosotros  la amamos desde el principio, cuando embarcados en el vaporetto que surcaba el Gran canal en medio de una lluvia cerrada, compartíamos espacio con un grupo de turistas desolados, vestidos como nosotros color verde-caturra gracias a las capas impermeables que nos habían vendido en la estación para protegernos de la lluvia.

 Fue un inicio divertido. Eramos un grupo de lo más estrambótico, que no quería perderse nada y pugnaba, todo ojos, por apropiarse de cada columna, de cada balanceo de góndola, de cada puente, antes de que la oscuridad de un atardecer prematuro, se lo fuera tragando todo...

El día siguiente fue el de la Laguna. Confundidos entre venecianos provistos de grandes ramos multicolores, tomamamos el vaporetto y visitamos la Isla cementerio San Michele, donde están enterrados Diaghilev, Stravisnky, Pound y muchos otros exiliados rusos a juzgar por la caligrafía de las tumbas... Luego se nos confundieron  los viajes y las estaciones y Venecia se hizo nuestra.
.................
Ya sé que tú te acuerdas de la rosa balanceándose junto al Rialto aquella mañana de enero, al amanecer. Yo también. No tengo más que nombrarte San Michele y un poco entumecido por el aire marino de los cipreses verás como yo, apenas desvaída, la difícil caligrafía de las tumbas rusas. También podría nombrarte la luna llena de invierno, sobre san Marcos pero seguro que entonces tus recuerdos volverían a querer entumecerse de nuevo al situarse un momento después de la cita con la luna, en la intemperie del vaporetto enfilando hacia el puente de La Academia y ... entonces, frente a nosotros, convertidos en mascarones de proa, desfilarían de nuevo las guirnaldas navideñas  rebrillando suavemente en interior mortecino de los palazzos...( Te prometí que lo recordaría siempre)

Estoy segura de que si te nombro el Lido no habrá en ti resonancia. Mejor dicho, la mínima que hubiera, se detendría en los salones magníficos de “Muerte en Venecia”, la de Visconti, quizá en el momento mismo que Asenbach mira por primera vez a Tadzio en medio de la magnificencia del gran salón. Yo,en cambio, ya estoy caminando por la playa desierta, en medio del  guijarro grueso, divisando a lo lejos la figura de ese caballero de mediana edad que camina lentamente con su perro y su soledad. Es otro retrato de Asenbach y me gusta como también me gusta la decadencia del hotel de Le Bains y sus ventanas cerradas y la nieve sucia de las veredas…( Tú, no me dejaste quedarme)

Y…si te digo de la Pescheria qué imagen se hará nítida en tu recuerdo Y si..., el Rialto a la vuelta de la Noche vieja, a punto de empezar a subir esa escalera constelada de estrellas bajas …¡ Seguro que no sólo la de tus empeines torturados por el cansancio y la humedad y si... si te nombro el largo paseo por la laguna ¿ será el viaje a Torccello ó la entrada en Venecia por el mar hacia el Rialto? Y si te nombro la luz,cuál será la que acuda ¿la de las últimas horas caminando entre puentes y campillos hacia la inmensa sala de San Marcos o la primera de la mañana del último día? Aunque... tal vez, haya aún otra Venecia que yo no sé nombrar porque esa es sólo tuya y...¡quién sabe! acaso ni tú mismo sepas decírtela!

Sé, lo supe en Venecia, que el amor es esa larga complicidad que hace posible que nuestros caminos vedados puedan ser transitados por alguien más que nosotros.  Aún más, supe que es el amor mismo quien pone las señales para que sea más fácil el paseo sin perderse. Es posible que pueda recorrer los que creo son tuyos. Acaso todo sea una ilusión y lo que yo llamo la Venecia tuya no sea sino  la insobornablemente mía y la tuya quede cerrada para siempre a mi imaginación.( Tú no escribes)

Además, en mi visión de la ciudad siempre late solo tu figura. Yo no estoy sino como conciencia que te mira. El tuyo es el único rostro que yo conozco en Venecia. Eres el espejo suavemente empañado de mi emoción. Te veo frente a mí en la "Hostaria del piccolo dolo", alzando nuestras copas en la raya de la medianoche. Te veo saltando gracil al vaporetto la última mañana. Me quedo mirándote repentinamente enigmático y bello detrás de la máscara de la paddura que te probaste en aquel campillo. Pero... entonces y esto también tienes que saberlo, en la bruma de tu mirada repentinamente diferente, empieza la Venecia que yo me inventé para los dos.

..............
 Me voy de tu brazo, caballero negro y bajo contigo a la más negra  y secreta de las góndolas. Es de noche y no veo al barquero. Tal vez no haya barquero. Quizá naveguemos a la deriva. Escucho el golpeteo del agua, reiterado, sordo contra piedra acolchada ¡Qué delicia es mirar sólo tus ojos! Además, en tales circunstancias sólo puedes decirme lo que quiero escuchar... No te contaré tus palabras (las más bellas palabras, las únicas capaces de saciarme deben permanecer indecibles ) Basta que sepas que el caballero domina todos los matices de la seducción: los versos delicados, las insinuaciones más sabiamente obscenas, las onomatopeyas más delirantes porque... los dos sabemos que el paseo es una farsa. Pero el saberlo no le quita un ápice a nuestro deleite. Nunca terminamos de llegar.  A lo lejos se divisa la laguna, más cerca se adivina la magia. Los dos nos sonreímos porque nadie puede impedirnos subir al salón más elegante y absurdo del canal y bailar toda la noche si queremos, a la luz de las candelas a punto de extinguirse... Cómo te gusto más ¿También enmascarada?...

............

Poco a poco, parsimoniosamente, voy armando este puzzle al que llamo Venecia y adivino que en algún momento me daré cuenta de que todo calza. Entonces dejaré de recordar, mejor dicho, de bordar recuerdos y sentiré esa pena indefinible de quien ha llegado al final de su viaje. No importa puedo empezar en cualquier momento si un pequeño talismán me lo permite (ya sabes, "la magdalena )

¡Si supieras cuan extraño es eso de querer avanzar y no llegar! Siempre quisiera estar así, de pie, en la proa del vapporetto camino al Rialto. Sí, como ahora, en que los dos somos maduros pero aún bellos, dignos protagonistas de las historias que nos gustan. El problema es que ya empiezan a traspasarnos las nostalgias. Sentimos que algo nos atrae de manera cada vez más urgente hacia un futuro que se sumerge. Es el fulgor verdoso de la piedra, son los nombres y el aroma del agua. Hemos elegido un lugar para amarnos que se hunde inevitablemente pero nos gusta su sinuoso y exquisito deslizarse. Pensamos que en lo hondo está ese reino en que se reúnen todas las bellezas de las que nosotros, alguna vez, seremos parte. Nos gusta dormirnos, entonces, abrigados por el barro de esos sueño ¡Es tan peligrosa, Venecia! y tan deliciosamente eterna en su crepúlculo de zombies resucitados por la luna de enero....



Maleta de Klara...






Las piedras no dicen nada...
ha habido demasiada lluvia desde entonces
Subo escalones bajo
transito espacios
que me dicen que eran...
Veo a lo lejos alambradas Todo me parece
un set de película bien conservado.
Y en una de esas... 
 me encuentro tu maleta, Klara 

Klara Sara
Goldstein
II Rote Kreuz
Gasses

 Pintura blanca sobre piel lo dice
Klara, eras alemana
(ese "Sara" infamante lo atestigua)
Viviste en Austria, en Manesbach
la dirección lo indica.

Sé también que jamás te fue devuelta.

En el fondo
tus zapatos bien lustrados con su trabilla intacta.
 Tu falda plisada de color antracita
y tu chaqueta ajustada a la cintura, encima.
He planchado tu blusa de seda, la del faldoncillo y
la he puesto encima de las faldas al bies...
desempaño el espejo de mano y
enderezo con cuidado el punto de lectura en
la novela de Henrich Mann.
He conseguido recuperar el broche de tu madre
en un anticuario de Berlín y
lo  prendo en la solapa de tu vestido bueno.
( el  negro y blanco de lunares)
Entre la seda de tu ropa más íntima está de nuevo 
Tosca, exhalando su fragancia de
de bergamota y limón de Amalfi...y
la cajita con sus agujas y el dedal de plata y
 tu peine y las medias y el cepillo de dientes
en su bolsa bordada, en un costado.
Están las cartas
(las he puesto al fondo de todo)
Encima la pluma y tu libreta de tapa negra 
Las gafas de repuesto  están enganchadas a ella...

No puedo saber  lo que guió tu mano aquella vieja noche
encadenada a un alba que jamás cuajó en día...
amor necesidad impotencia fatiga
Hay tanta niebla, tanto aullido entre las dos, Klara.

Pero ahora durante está mañana interminable
 sé para qué
he venido a Auschwitz:
 He venido a hacerme cargo de tu maleta, Klara.





Primavera en Birkenau



Vuelo de vilano...

Verdecían y ondulaban
tilos, abedules, arrayanes, mirto blanco... 
cuando se abrían las puertas 
quizá un vilano acarició una estrella
y escucharon a lo lejos música de carretas...
Un sol adolescente enjugó sus sudores...

¿Sucedió aún en Birkenau?
¿La indiferente belleza vertió su último aceite
sobre los rechinantes ejes de la esperanza?
¿Se pudo musitar aún, un retazo de cuento?
alisar una falda
encasquetar bien una gorrita
atar unos zapatitos viejos?

¿Husmearon la brisa al avanzar y se dijeron incrédulos
es imposible...
                                         ¡no se puede, no se puede morir.... en primavera!?

Tres poetas que hablaron de amor... Juana, Gabriela, Alfonsina




                          En mi repisa hay muchos poetas... muchas. Algunos de sus versos me fueron murmurados desde muy niña. Entre ellos están los de Juana, Gabriela y Alfonsina.

Las tres consiguieron, como dice mi querido Paúl Celan "dar a sus poemas la fuerza de resistencia de lo inmediato" y por lo mismo lograron  eternizar los variados matices de los gozos y sombras de muchas vidas que siguen sucediéndose a lo largo de las generaciones.

Las tres compartieron origen, época y una cierta manera de entender la poesía. Surgieron casi al mismo tiempo con un fulgor que deslumbró a sus contemporáneos. Se impusieron. Las tres fueron hablantes de español y para las tres el poema fue expresión de vida vivida antes que nada y sobre todas las cosas, tal como me ocurre a mí.

Su obra es fácil de conseguir. En cualquier biblioteca o librería medianamente surtida encontraremos antologías de todas ellas. La red es también un excelente medio de acceder a su poesía aunque yo   soy de las que todavía no pueden renunciar a la erótica del papel y al susurro de la hoja que se vuelve mientras leo. Acudo al libro impreso cuando no es la memoria la que me trae sus palabras...

Emily Dickinson, la poeta lacónica.



                                                              
"Indian pipes", la flor favorita de Emily Dickinson
                                             
                                                                                              

Si existe una poesía que cuesta entender y sin embargo emociona es la de  Emily Dickinson, que nació un 10 de diciembre de 1830 en Amherst, Massachusetts, Estados Unidos y murió el 15 de mayo de 1886  en la misma casa donde nació. Sin sus versos que alguien comparó con huellas de pájaros sobre piedra, habríamos perdido una senda hacia ese mundo inefable que solo a la poesía le es dado transitar.


Se describió ...." soy pequeña como el gorrión, y mi cabello es rebelde como el erizo de la castaña. Y mis ojos como el Jerez que el huésped deja en la copa».


 Le gustaba vestir de  piqué blanco, hablar sin que la vieran, preparar el pan de su familia, dar largos paseos con su perro y por la noche en la soledad de su cuarto,