Equilibrio.





Miró

Toda época equilibrada es parca en poetas y sobreabundante en  maestros y academias. Quién dice poesía, habla de desmesura. También de una suerte de carencia esencial para el cálculo. Recordemos que ya desde Platón, aunque cubiertos de honores, los poetas fueron  desterrados de la ciudad por ser una especie de solitarios remisos a todo objetivo común. Funambulistas, atentos únicamente a sus propias cabriolas. Efectivamente, el poeta no entiende de bien común. No acepta aguas que no sean las que fluyan por sus propios cauces porque simplemente no las entiende pero claro, estoy hablando de poetas no de versificadores, ni de estetas. Hablo de esos seres incómodos cuyas figuras se parecen a “la línea recta” de Miró.
El reino de la poesía es el de lo irrazonable. El canto solo brota de quien está dispuesto a escuchar el de las sirenas sin la prudencia de las ataduras. El astuto Odiseo, el de la ropa puesta a resguardo, tenía justamente un alma equilibrada. Por eso pudo llegar a Ítaca. El poeta, en cambio,  siempre se queda en el camino. Es de esos que no saben dónde van pero van con una brizna entre los labios y además contentos. La palabra que encuentran casi por casualidad es siempre alimento suficiente. Degustarla, para ellos, es un placer que podrían envidiar los mismos dioses por la fruición con que lo hacen.

 Los equilibrados de la historia, esos *famas bienintencionados y predecibles les aconsejan continuamente la necesidad de medirse y no embriagarse de mala forma con la vida, ya que como todo el mundo sabe los excesos se pagan. Tratan de moderarlos y ordenarles las costumbres y las expectativas para que no se les fastidie el hígado, les suba la presión o las ojeras se les vean francamente escandalosas. No entienden que el *cronopio- poeta  está dispuesto siempre a pagar gustosamente sus excesos y además se siente privilegiado si con ello consigue eso que se le escapa como una mariposa que le vuela obstinada la cabeza.

Sí, aunque finalmente caiga en la glosolalia y lo dejen más solo que la una y no lo lea nadie y le rechacen todos los versos por crípticos, impúdicos o simplemente inclasificable, él se va con su cuaderno andrajoso  y sigue escribiendo para sí mismo en los márgenes y hasta en el polvo, la arena o las paredes si se tercia, autosuficiente como un rey. Sabe que al final, tendrá razón en haberse adentrado en tamaños recovecos, una razón extrañísima porque es irreducible a argumentos y solo a él le convence. Es que esa palabra queda que busca lo merece.

Cómo  no recordar a E. Dickinson y su vestido impoluto acumulando versos y lirios en sus cajones sin publicar absolutamente nada. A Tellier allá en el Sur del mundo, borracho de nostalgia de rieles y esperando una carta de lluvia. A Stvetáieva plagada de forúnculos escribiendo abstraída del serbal y el aroma a resina, frente a la hierba grasienta del suburbio parisino,  transportando la luna en un balde que  solo ella veía…y a Vallejo que se murió con aguacero como siempre supo y a Maldestan con su maleta de versos rumbo a Siberia… 
Quise cantar el exquisito equilibrio que nadie, si no un poeta de raza entiende y que tan poco tiene que ver con el sentido usual de esta palabra.
Hay un punto secreto que al tocarlo vibra. Esa es la tarea por la que el poeta se atreve a la cuerda floja…
 Si.  Porque solo entonces y por un instante, el alma, se equilibra…

*Nota: Leer el libro de Cortázar "Historia de cronopios y famas"

Perspectivas







Uno de los grandes placeres que proporciona el sentido de la vista es el del disfrute de las distintas perspectivas que nos ofrece la realidad sensible con solo desplazarnos un poco como en danza  hacia adelante, hacia atrás, un poco a la derecha, inclinándonos levemente, poniéndonos de puntillas y así infinitamente.

En este juego todo se sitúa y resitúa para volver a difuminarse. La imagen se fija apenas un instante para quedar de nuevo velada por la vorágine del transcurrir. Quien siente pasión por la perspectiva sube a lo alto para poder expandir al máximo su gran angular y hacerse la ilusión de que domina el conjunto. En otro orden de cosas, es la misma ilusión que se hacen aquellos que creen que lo que piensan es la Verdad. Se sienten en lo cierto acerca de lo que creen porque su escorzo es más amplio, porque están más informados, más leídos, porque tienen más años o más experiencia. Se equivocan.

Empieza noviembre



Y ... llegó noviembre, el señor de los meses. Mi mes siempre se inicia con la deremonia de los recuerdos. Es inevitable.

 Esta mañana, me permití volver a las botitas de ante y a la mano de mi padre apenas rayaba el alba, para partir  con mi inmenso ramo de crisantemos, rumbo a la tumba familiar a escuchar otra vez la romántica historia de mi bella abuela muerta a los veinte y cinco años, mientras su marido navegaba... Me impresionaba ver mi nombre casi desvaído en la lápida... La última vez que fui, erré inutilmente entre yerbas y piedras...sin mi padre desapareció la brújula y ya no sé llegar... ¡ Salve, Begoña, la de las manos ligeras!

Fe difícil







El dedo no,
las manos hasta el codo.
¿La lengua apenas? ¡Jamás!
atragantada quiero hartarme de ti...
Un abrazo quisiera yo hasta el hueso:
una herida gemela de tu herida.
Solo así
cuando no vuelvan los pájaros
y la noche se olvide
ensimismada...

¡Creeré de verdad
que estuve viva! 

                                                          ( de "La seña del cantero" )

Regalos










A la primera un alazán
que la lleve hacia el viento que no cesa
A la segunda un sueño...¡qué la despierte besándole la boca!
A la tercera, una certeza juiciosa que le haga compañía cada mañana
¿Y...a la pequeña? ¡ay! a la pequeña quisiera regalarle 
solo... ¡un final feliz!

( de "La seña del cantero")

Requiebros.








Mi querido lobo:

Aunque no sea lo más usual, e incluso un atentado contra la mínima discreción, voy a dejar dicho públicamente y sin sonrojo, que me enamoré de usted al más puro estilo de Petrarca: apenas cruzamos la primera mirada. Sí señor. Como todo amor que se precie, el mío fue un amor a primera vista.

Amor rotundo, determinante, lleno de pavor ante la terrible posibilidad de no ser correspondido y por lo tanto obligada el resto de mi vida a cantar en versos procelosos al terrible desamor. No, yo no quería un amor funesto que me desgarrara y al que a pesar de todo, yo llamara bendito como hizo el florentino, refiréndose al tormento delicado con que lo castigó en vida y en muerte, la distante Laura de Noves. 

Informe de Venecia




Máscaras venecianas
 Te acuerdas de que una vez leímos que Venecia provoca  emociones fuertes. O se la ama profundamente, o se siente por ella una repulsa inmediata. Nosotros  la amamos desde el principio, cuando embarcados en el vaporetto que surcaba el Gran canal en medio de una lluvia cerrada, compartíamos espacio con un grupo de turistas desolados, vestidos como nosotros color verde-caturra gracias a las capas impermeables que nos habían vendido en la estación para protegernos de la lluvia.

 Fue un inicio divertido. Eramos un grupo de lo más estrambótico, que no quería perderse nada y pugnaba, todo ojos, por apropiarse de cada columna, de cada balanceo de góndola, de cada puente, antes de que la oscuridad de un atardecer prematuro, se lo fuera tragando todo...

El día siguiente fue el de la Laguna. Confundidos entre venecianos provistos de grandes ramos multicolores, tomamamos el vaporetto y visitamos la Isla cementerio San Michele, donde están enterrados Diaghilev, Stravisnky, Pound y muchos otros exiliados rusos a juzgar por la caligrafía de las tumbas... Luego se nos confundieron  los viajes y las estaciones y Venecia se hizo nuestra.