Se busca a Kontxi.





Contxi


Son dieciséis días sin huellas. Vendrá el tiempo, ese que se desliza suave como arena y tengo miedo de que poco a poco pueda desaparecer de verdad. Qué se convierta en una foto descolorida que bate el viento, un caso remoto en una carpeta entre otras, un recuerdo que sangra, pero menos. Es inevitable. La voluntad y el amor no podrán impedirlo a largo plazo. Sin embargo, hay una indignación tan rotunda en nosotros que quizá nos permita, sin la lira de Orfeo, persistir solo con nuestra pobre fuerza de mortales en esta tarea de buscarte aunque sea en el infierno y traerte de vuelta  a casa.

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 Y son ya catorce días y nadie la ha visto. Tercamente seguimos buscándola. No sabemos qué más hacer además de propagar su rostro y su nombre por cada calle, por cada chacra, por cada camino polvoriento de Mendoza... Sentimos que lo único que puede protegerla todavía es nuestro amor, nuestro terco y desolado amor que no se rinde.

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Creo que puedo imaginarme Lujan de Cuyo. La cordillera  magnífica donde el sol se pone, viñedos, verde de sauces, largas hileras de álamos, la placita sombreada y una calle principal que se llama San Martín como en tantos lugares de Argentina.

 En campo abierto veo la casa sobre piedra.

Casa construida con lentitud e ilusión. Cada detalle lo proclama. La madera oscura y un poco brillante de las paredes, el tejado de chapa acanalada, las amplias ventanas claras, el porche y su barril para recibir lluvia, la casa del perro y, un poco retirada, la parrilla y la mesa del asado.
Casa alegre donde deambulan animales y niños, se persiguen voces y ladridos joviales con la música de fondo de alguna herramienta y en que ciertos días, la bandera argentina a juego con nubes y cielo,  ondea serena.

Siento en el invierno el frío de la nieve acumulada en el jardín,  el agobiante calor de las noches varaniegas en que no se duerme y se desea con ansia la tormenta imprevista, una lluvia bronca que  caiga sobre el jardín y no pare hasta que se haga vieja la mañana.

Veo las flores. El jazmín de leche... y me hunde la tristeza de tanta belleza sola.


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Y... ya son once días sin su rastro. Imágenes míticas se agolpan en mis entrañas:  el de Perséfone, Eurídice... El de las arrebatadas no parecía un destino posible para ella. Pero la realidad no es poética sino más bien yerma, dura; terriblemente opaca.
Se van sumando datos y decepciones. Las cámaras del exterior del terminal no funcionan. En las del interior no hay ninguna imagen que pueda corresponder a la de ella. No hay registro como pasajera en ninguno de los buses que salieron hacia Chile o Córdoba, los destinos más posibles (en Argentina se exige el DNI a todo viajero para comprar pasaje) Llama  poderosamente la atención que en una terminal amplia y muy concurrida en tiempo de verano, nadie parezca haber registrado la imagen de una mujer alta y vestida enteramente de blanco que viajaba con maletas. Nadie, excepto su marido, parecía tener noticia  de este viaje.

La personalidad abierta de Contxi, su  profundo sentido familiar, la cortesía de la que hacía gala, hacen muy extraño el secretismo en que parece haber mantenido sus intenciones y aumentan el misterio.

Y yo... quisiera que Salvo Montalbano, mi detective favorito,  tomara pasaje rápido para Mendoza y se hiciera cargo porque necesitamos con urgencia creciente saber qué pasó.


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Hace ya nueve días que no hay rastro de Contxi. Las autoridades dicen que es un caso extraño, complejo. Sus primas, en Mendoza, se baten como leonas buscando algún hilo que pueda conducirnos hasta ella. Por ahora no lo encuentran y todos rezamos, pensamos y nos mantenemos en una carrera que ojalá no sea de largo aliento.
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Hasta hace nada, yo era una privilegiada de esas que a quienes la desgracia no había tocado nunca.
Hace dos días, llamó a mi puerta en la entrañable figura de Contxi. En Mendoza (Argentina) había desaparecido, nuestra prima, nuestra amiga queridísima y no podíamos creerlo.

Quiza por su calidez y cercanía, por la manera en que nos tenía acostumbrados al saludo, al guiño, a la risa, se nos hacía más difícil creerlo. Ella que parecía la misma imagen de la vida abrazadora había de pronto dejado de abrazarnos y no sabíamos qué o quién se lo impedía.  Desde entonces, la buscamos desesperadamente.

 Los únicos datos que tenemos nos dicen que a las seis de la mañana del día 6 de febrero, quedó frente a la terminal de buses que la llevaría a un viaje que no se sabe con seguridad si era a Chile o a Córdoba, con una maleta grande, otra pequeña, su mochila y dinero. Desde entonces silencio.

Nadie de los que la conocemos puede creer que ella se fuera sin un aviso.  Es por eso que ahora, los que la queremos la buscamos hasta en el infierno.



Ceremonia para sobrevivir







Y...  llego con el mundo pisando mis talones
ensordecida, seca, casi descoyuntada
me arrastro de través cual naúfraga 
 con los ojos cerrados.
Poco a poco
un refilón de hortensia 
parpadea  azuloso en mi ojo derecho
el vuelo de mi  vieja dourinha
se confunde en el blanco raído del embozo
El violín quejumbroso de mis judíos pobres
inaudible acompaña
Me lo bebo en la lluvia
a ese vuelo perfecto y solo mío
que me alza costoso, que me alza

Que no interrumpa nadie ni nada todavía
ni siquiera un atisbo
ni un recuerdo por más rosa que sea
nada que no un reverbero apenas
es bienvenido

El vuelo recomienza  despacio 
 yo lo ayudo
 con mi voz que musita callada en los adentros
la dulzura del verso que fragua
cauteloso...

Un cielo...



                                                                                                         A Violeta Parra

Estarme
estarme en silencio oyéndote cantar anticuecas,
cuecas largas, cantos a lo divino, a lo pueta, el rin del angelito
mirarte bordar tus arpilleras,  formar tus cacharritos de greda
tus alambres, tus mimbres
pintar tus pequeñitos cuadros tristes...
en silencio, Violeta
a tus pies, sentada en sillita de anea 
con las manos sobre la falda
con mi oido bueno, con mis ojos de antaño
con mi corazón de diecisiete.

Secretos

 






Todo secreto tiene fisura, pero mientras se mantenga encapsulado mantendrá su estatus y quedará “aparte” como sugiere su etimología, porque todo verdadero secreto resguarda algo que siente como  trasgresión el revelarlo. El nivel y el estilo de las trasgresiones es diverso y las maneras de develarlo o resguardarlo, también. Algunos secretos llenan su nombre y a otros, les queda grande.  

Hay algunos que, en realidad, son trivialidades. Son secretos sin importancia alguna que tienen más bien que ver más con cierto tipo de neurosis, que con muestra de exquisito pudor. La vida social se nutre del compartir vida y el preservarla excesivamente seca la comunicación. Con una persona adicta al secretismo uno se aburre soberanamente.

Hay otros que son vergonzantes y sucios por lo que más que silenciarse, debieran ser olvidados ya que manchan tanto a quien los divulga, como a quien los oye. Se reconocen por esa especie de vergüenza ajena que recorre el ánimo cuando se desvelan. Si se guardan es para preservar lo que sentimos puro. Son esas vergüenzas que ruborizan, esas traiciones radicales… ese lodo. 

Existen también los secretos que resguardan, por así decirlo, la identidad del clan. Ese toque que hace tan sabrosa la tortilla, esa fórmula de la pomada de la abuela guardada en ollita de barro desde tiempos antiguos, aquella jaculatoria contra el rayo, aquel  preciso lugar donde se encuentran las mejores setas... Se permite disfrutar a los extraños de sus beneficios pero no se revelan las fuentes, porque el hacerlo sería algo así como un  pequeño acto de deslealtad contra quien nos los transmitió en razón de pertenencia. Es por respeto que callamos.  

Aquellos secretos en los que esté presente la belleza debieran ser revelados para evitar el que pudieran perderse, porque con el silencio se perdería algo valioso. El conocerlos puede ser doloroso, pero la herida que producen es cauterizada por la misma excelencia de lo que se revela  Son los únicos que exigen ser contados aunque, como son secretos de iniciados, se elige a quién y se guardan a menudo celosamente para que no pierdan su fuerza hasta que les llegue la oportunidad de ser conocidos.  De estos secretos se nutre la poesía.

 Quién quiera saber de secretos necesita una capacidad parecida a la que posee mi xilofón atrapa ángeles.  Tener algo parecido a la sutil melodía que atrae hacia sí la voz que murmura cautelosa  porque son fácilmente espantables los genuinos secretos. Se retraen al más leve roce de incomprensión como pequeños erizos....

Pero si se sabe esperar, si se es digno, más pronto o más tarde se haran audibles a nuestro oído atento, imprevistos y deliciosos como fragantes flores nocturnas.

Equilibrio.





Miró

Toda época equilibrada es parca en poetas y sobreabundante en  maestros y academias. Quién dice poesía, habla de desmesura. También de una suerte de carencia esencial para el cálculo. Recordemos que ya desde Platón, aunque cubiertos de honores, los poetas fueron  desterrados de la ciudad por ser una especie de solitarios remisos a todo objetivo común. Funambulistas, atentos únicamente a sus propias cabriolas. Efectivamente, el poeta no entiende de bien común. No acepta aguas que no sean las que fluyan por sus propios cauces porque simplemente no las entiende pero claro, estoy hablando de poetas no de versificadores, ni de estetas. Hablo de esos seres incómodos cuyas figuras se parecen a “la línea recta” de Miró.
El reino de la poesía es el de lo irrazonable.

Perspectivas







Uno de los grandes placeres que proporciona el sentido de la vista es el del disfrute de las distintas perspectivas que nos ofrece la realidad sensible con solo desplazarnos un poco como en danza  hacia adelante, hacia atrás, un poco a la derecha, inclinándonos levemente, poniéndonos de puntillas y así infinitamente.

En este juego todo se sitúa y resitúa para volver a difuminarse. La imagen se fija apenas un instante para quedar de nuevo velada por la vorágine del transcurrir. Quien siente pasión por la perspectiva sube a lo alto para poder expandir al máximo su gran angular y hacerse la ilusión de que domina el conjunto. En otro orden de cosas, es la misma ilusión que se hacen aquellos que creen que lo que piensan es la Verdad. Se sienten en lo cierto acerca de lo que creen porque su escorzo es más amplio, porque están más informados, más leídos, porque tienen más años o más experiencia. Se equivocan.

Empieza noviembre



Y ... llegó noviembre, el señor de los meses. Mi mes siempre se inicia con la deremonia de los recuerdos. Es inevitable.

 Esta mañana, me permití volver a las botitas de ante y a la mano de mi padre apenas rayaba el alba, para partir  con mi inmenso ramo de crisantemos, rumbo a la tumba familiar a escuchar otra vez la romántica historia de mi bella abuela muerta a los veinte y cinco años, mientras su marido navegaba... Me impresionaba ver mi nombre casi desvaído en la lápida... La última vez que fui, erré inutilmente entre yerbas y piedras...sin mi padre desapareció la brújula y ya no sé llegar... ¡ Salve, Begoña, la de las manos ligeras!