Un cielo...



                                                                                                         A Violeta Parra

Estarme...
estarme en silencio oyéndote cantar anticuecas,
cuecas largas, cantos a lo divino, a lo pueta...el rin del angelito
mirarte bordar tus arpilleras,  formar tus cacharritos de greda
tus alambres, tus mimbres...
pintar tus pequeñitos cuadros tristes...
en silencio, Violeta
a tus pies, sentada en sillita de anea 
con las manos sobre la falda
con mi oido bueno, con mis ojos de antaño
con mi corazón de diecisiete...

Secretos

 






Todo secreto tiene fisura, pero mientras se mantenga encapsulado mantendrá su estatus y quedará “aparte” como sugiere su etimología, porque todo verdadero secreto resguarda algo que siente como una trasgresión el revelarlo. El nivel y el estilo de las trasgresiones es diverso y las maneras de develarlo o resguardarlo, también. Algunos secretos llenan su nombre y a otros, les queda grande.  

Hay algunos que, en realidad, son trivialidades. Son secretos sin importancia alguna que tienen más bien que ver más con cierto tipo de neurosis, que con muestra de exquisito pudor. La vida social se nutre del compartir vida y el preservarla excesivamente seca la comunicación. Con una persona adicta al secretismo uno se aburre soberanamente.

Hay otros que son vergonzantes y sucios por lo que más que silenciarse, debieran ser olvidados ya que manchan tanto a quien los divulga, como a quien los oye. Se reconocen por esa especie de vergüenza ajena que recorre el ánimo cuando se desvelan. Si se guardan es para preservar lo que sentimos puro. Son esas vergüenzas que ruborizan, esas traiciones radicales… ese lodo. 

Existen también los secretos que resguardan, por así decirlo, la identidad del clan. Ese toque que hace tan sabrosa la tortilla, esa fórmula de la pomada de la abuela guardada en ollita de barro desde tiempos antiguos, aquella jaculatoria contra el rayo, aquel  preciso lugar donde se encuentran las mejores setas... Se permite disfrutar a los extraños de sus beneficios pero no se revelan las fuentes, porque el hacerlo sería algo así como un  pequeño acto de deslealtad contra quien nos los transmitió en razón de pertenencia. Es por respeto que callamos.  

Aquellos secretos en los que esté presente la belleza debieran ser revelados para evitar el que pudieran perderse, porque con el silencio se perdería algo valioso. El conocerlos puede ser doloroso, pero la herida que producen es cauterizada por la misma excelencia de lo que se revela  Son los únicos que exigen ser contados aunque, como son secretos de iniciados, se elige a quién y se guardan a menudo celosamente para que no pierdan su fuerza hasta que les llegue la oportunidad de ser conocidos.  De estos secretos se nutre la poesía.

 Quién quiera saber de secretos necesita una capacidad parecida a la que posee mi xilofón atrapa ángeles.  Tener algo parecido a la sutil melodía que atrae hacia sí la voz que murmura cautelosa  porque son fácilmente espantables los genuinos secretos. Se retraen al más leve roce de incomprensión como pequeños erizos....

Pero si se sabe esperar, si se es digno, más pronto o más tarde se haran audibles a nuestro oído atento, imprevistos y deliciosos como fragantes flores nocturnas.

Equilibrio.





Miró

Toda época equilibrada es parca en poetas y sobreabundante en  maestros y academias. Quién dice poesía, habla de desmesura. También de una suerte de carencia esencial para el cálculo. Recordemos que ya desde Platón, aunque cubiertos de honores, los poetas fueron  desterrados de la ciudad por ser una especie de solitarios remisos a todo objetivo común. Funambulistas, atentos únicamente a sus propias cabriolas. Efectivamente, el poeta no entiende de bien común. No acepta aguas que no sean las que fluyan por sus propios cauces porque simplemente no las entiende pero claro, estoy hablando de poetas no de versificadores, ni de estetas. Hablo de esos seres incómodos cuyas figuras se parecen a “la línea recta” de Miró.
El reino de la poesía es el de lo irrazonable.

Perspectivas







Uno de los grandes placeres que proporciona el sentido de la vista es el del disfrute de las distintas perspectivas que nos ofrece la realidad sensible con solo desplazarnos un poco como en danza  hacia adelante, hacia atrás, un poco a la derecha, inclinándonos levemente, poniéndonos de puntillas y así infinitamente.

En este juego todo se sitúa y resitúa para volver a difuminarse. La imagen se fija apenas un instante para quedar de nuevo velada por la vorágine del transcurrir. Quien siente pasión por la perspectiva sube a lo alto para poder expandir al máximo su gran angular y hacerse la ilusión de que domina el conjunto. En otro orden de cosas, es la misma ilusión que se hacen aquellos que creen que lo que piensan es la Verdad. Se sienten en lo cierto acerca de lo que creen porque su escorzo es más amplio, porque están más informados, más leídos, porque tienen más años o más experiencia. Se equivocan.

Empieza noviembre



Y ... llegó noviembre, el señor de los meses. Mi mes siempre se inicia con la deremonia de los recuerdos. Es inevitable.

 Esta mañana, me permití volver a las botitas de ante y a la mano de mi padre apenas rayaba el alba, para partir  con mi inmenso ramo de crisantemos, rumbo a la tumba familiar a escuchar otra vez la romántica historia de mi bella abuela muerta a los veinte y cinco años, mientras su marido navegaba... Me impresionaba ver mi nombre casi desvaído en la lápida... La última vez que fui, erré inutilmente entre yerbas y piedras...sin mi padre desapareció la brújula y ya no sé llegar... ¡ Salve, Begoña, la de las manos ligeras!

Fe difícil







El dedo no,
las manos hasta el codo.
¿La lengua apenas? ¡Jamás!
atragantada quiero hartarme de ti...
Un abrazo quisiera yo hasta el hueso:
una herida gemela de tu herida.
Solo así
cuando no vuelvan los pájaros
y la noche se olvide
ensimismada...

¡Creeré de verdad
que estuve viva! 

                                                          ( de "La seña del cantero" )

Regalos










A la primera un alazán
que la lleve hacia el viento que no cesa
A la segunda un sueño...¡qué la despierte besándole la boca!
A la tercera, una certeza juiciosa que le haga compañía cada mañana
¿Y...a la pequeña? ¡ay! a la pequeña quisiera regalarle 
solo... ¡un final feliz!

( de "La seña del cantero")