A Kuttun
Hubo una vez en que yo tuve un amor, un gran amor, que llenó mis días y se impuso imperiosa a mi corazón con la suavidad y capricho de su carácter. Era audaz y flexible, autosuficiente y habladora...amaba el calor, las libélulas y las hierbas altas. Era la dueña de mi cama y mi regazo ...Se fue, un día como hoy en que el otoño empezaba, a vivir su vida intrépida como todos los días ...Se fue y me dejó en la ventana la huella de su patita que se borró con el tiempo. No volvió porque...no pudo volver. Fue entonces que yo descubrí por primera vez el terrible sabor de la pérdida
Nunca más.
Ni en esta vida
ni en la otra, ni en la
que quiero inventar, ni
en la que gime ahogada
¡nunca jamás ya tú
mi muy querida!
En lo único que aún eres
es en la herida, esa que
yo acreciento con mi uña afilada para que no
de cierre. Escarbo, a veces
despacito, otra
¡a dentelladas!a
a arañazos, a golpes
¡para que estés ahí
en lo rojo, en lo que duele, para que duermas ahí
y te afiles las uñas
y comas y bebas
despacito...para
poder besarte y olerte y
alzarte hasta mi cuello
para poder llamarte y
¡qué vengas... que vengas!
hecha daga que mi mano
revuelve...






