martes, 28 de abril de 2026

La de la linde...



                  ( A mí herbolera)


A veces pienso que

yo también hubiera ardido...

Vamos contando por qué:

Solo he llorado rabiosa y desesperadamente

en mi vida una vez y fue por una gata.

Hablo a toda planta que se me cruce y me saco el invisible sombrero ante su belleza.

Antes lo hacía solo por las rosas y el rodondendro...

pero una vez salvé  a un diente de león y...

ahora duermo con una ramita de consuelda

La acedera se ha convertido en mi vecina

la cúrcuma sazona todos mis guisos

Y rezo porque no venga el jardinero

Ningún hombre me hace bajar los ojos 

a veces logro hacerlos callar incluso

con mi sola presencia

Mi sangre siempre coincidió con la luna nueva

en cualquier hemisferio que me encontrase y

las manzanas verdes, frutas de la perdición

son mi delicia declarada

Y el vino negro y los hierros y las candelas humeantes

también el Palo santo

He aprendido a utilizar el hinojo y la salvia

evito el ajo.

Cuando la luna es nueva

me transformó en golondrina y salgo.a hacer visitas...


Sí, me parece que sí que entonces...

hubiese ardido.

viernes, 27 de febrero de 2026

Palabras para una novia.

 



Te deseo el esplendor                  

subiendo cauteloso

por tu rodilla al norte…

Te deseo la daga por el filo

en lo más suave

 cortando delicada la delicia


Y tú…

la cabellera suelta y la tierra temblando

Sobre ti deseo a

Mallory

al príncipe Andrey

Al hindú de “El paciente inglés”

Y al Denys de “Memorias de Africa”

balanceándose sabios y tiernos

con los ojos abiertos mirándote extasiados

(ya ves, no soy humilde)


Junto a tu oído quiero

A Cyrano,

al Salomón del Cantar  

 a Miguel Hernández


y en la cabeza

tú sola, sola

 tú...

en libertad perfecta

para gozarlo todo.



jueves, 19 de febrero de 2026

Dos lecturas de "El Gatopardo"

 

Fotograma de la película de Visconti

Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa y duque de Palma di Montechiaro, nació en Palermo un 23 de diciembre de 1896 y  y murió en Roma el 23 de julio de 1957. Fue el autor de una única y espléndida novela, El Gatopardo. Empezó a escribirla a los 57 años y la terminó a los 59 poco antes de morir de cáncer en 1957. No llegó a verla publicada.

El Gatopardo se ha convertido en un clásico, aunque no sea más que por aquella célebre sentencia que se desprende de la actuación política del príncipe en Sicilia a lo largo de la novela. Esa estrategia actualmente llamada "gatopardiana", que indica ese "cambiarlo todo para que no cambie nada", tan propio del actuar de tantas instituciones.

Como toda gran obra literaria la de Lampedusa, permite múltiples lecturas. Se nos presentan a los lectores tal abundancia de temas y matices, que cada lectura puede cambiar la tonalidad de la obra como si del girar  de un calidoscopio se tratara. Reconozco que mis experiencias de la novela han ido por otros caminos muy diferentes al contexto político de la Sicilia de mediados del siglo XIX. 

He leído dos veces "EL gatopardo". La primera, cuando era una muchacha. La segunda llegada ya a la edad del Príncipe de Lampedusa. Viví cada lectura en personas interpuestas: las de los dos, a mi juicio, muy discutible por cierto, protagonistas de la obra. Angélica y Don Fabricio Corbera, el Principe de Lampedusa.

En aquella época de mis veinte años solo tenía de él la imagen de una de las escenas emblemáticas de la película de Luchino Visconti: la de la bellísima  Angélica (Claudia Cardinale) en los brazos del príncipe (Burt Lancaster) mientras bailan.  A los veinte años yo fui Angélica bailando arrobada, en gloria y majestad.

La belleza de aquella escena me llevó al libro.

De aquella primera lectura me quedó una atmósfera de armonía y señorío en tris de desaparecer, que caldeó mi imaginación durante un tiempo. Sí, yo era Angélica sin dudarlo y aquel baile, la imagen de mi romántica juventud. Me quedó también un sentido de la belleza muy ligada a cierto tipo de dignidad, que entonces era aún incipiente. Disfruté de ese placer de asistir al interminable desfile de salones con la ligereza de una muchacha, ese girar y percibir entre luces y cortinajes, esbozos de un paisaje al atardecer, la cadencia de un vals, unos brazos plenos de fuerza y ternura . 

El amor era algo poderoso y debido, algo envuelto en fulgor y ... era eterno.

Las casas eran mías. La de Palermo,  pero sobre todo la de Donnafugata con sus palmeras y sus delirantes fucsias, la escalera curva e imponente y ese Gatopardo rampante como emblema en el pórtico. Esos inmensos salones que se sucedían plenos de frescos, el coche acharolado, la extrema exquisitez de los vestidos y las joyas, el hilo blanquísimo de los pañuelos, el susurro del rosario al atardecer,  se me hicieron presentes en esa primera lectura. La espectadora ávida que yo era se sumergía en las texturas y los gestos con deleite. En aquellos ritos aristocráticos yo encontraba una deliciosa envoltura de la vida.

Se me hacía presente un mundo  totalmente extraño al mío, pero cuya belleza condenada me dolía como si lo fuera. Porque en aquella primera lectura, ya me daba  cuenta de que toda esa belleza estaba condenada a desaparecer, aunque todavía no sabía bien por qué. A los veinte años el tiempo no se extiende en línea recta frente a nosotros. Cuando somos jóvenes el tiempo es un presente continuo pluscuamperfecto. Simplemente no existe.

A veces, me preguntaba si yo había  vivido allí, si había traspasado ligera esos salones por las mañanas, vestida de muselina y seda. La fuerza de la imaginación es tremendamente poderosa. La agudeza de mis sentidos se ha exacerbado siempre  que ha sido guiada por descripciones y relatos que van marcando el tempo de los pasos, de las texturas, de los hálitos y las de este libro son insuperables. Te llevan paso a paso, te envuelven, te hipnotizan...Te vuelven otra.

Luego pasó el tiempo y fui cumpliendo años. Una tarte volví al "Gatopardo" y entonces me asalto la sensación de que esta vez había sido atrapada en el cuerpo de Fabricio, Príncipe de Lampedusa. Volví a transitar  los mismos salones, pero ahora con la mirada lucida y desencantada del príncipe, que era justamente  la  mirada  con que recorro ahora las cosas. Su tempo y el mío se habían.vuelto coincidentes.

Fue toda una  nueva experiencia  descubrir la lentitud y la parsimonia, la mirada velada, la caricia  reiterada a las cosas que nos rodean: a  la balaustrada, a los guantes, al pomo del bastón, al pelaje de Béndico. Había desaparecido todo apremio y viveza. Se había ido también, toda sensación de advenimento.

Llevar a cabo cada mañana esa toilette con semejante lentitud y decoro. Sentir la navaja acariciar firme y despacio mis mejillas, disfrutar de la calidez del baño previo, de la blanquísima camisa de holanda cayendo sobre mis hombros en pliegues suaves y perfectos... Sí, yo era el Príncipe y lo era con naturalidad perfecta.

Como él,  sentía el hastío de las horas y el calor aborrecible del verano. Como él, me daba cuenta del espejismo del amor, de cómo los arrebatos y las inmensas ganas naufragan en tedio. Y  sentía a la vez, esa fuerza rotunda de los recuerdos. Me iba dando cuenta de cómo consuelan, mientras nos duelen las rodillas y el paso se retarda, mientras el paseo enérgico se ha convertido en el disfrute del banco de piedra, mientras el calor no es aún inclemente.

Soy su sombra adherida por mi corazón espoleado por la lectura. Soy de alguna manera esa figura elegante que conserva toda su dignidad, pese a su decadencia que es también la de todo un mundo que se desvanece con él.

La imagen del príncipe de Lampedusa bajando la escalera de piedra, cruzando sin escopeta entre la gigantescas adelfas seguido de su perro Bendico tan tardo y digno como él, es una poderosa imagen.

Ahora soy él quien baila ese vals tardío... 

Es así como nos vamos, como me gustaría irme...

lunes, 26 de enero de 2026

Legado para Ayur, Ayur.... Ayur!!



La Palmera de San Baudelio


 Ayur, Ayur... Ayur!!

Allá, en mitad de Castilla, en una de las extremaduras de Soria, después de mucho caminar con paso de peregrino por tierras morenas y desnudas, llegarás al altozano en que se yergue tu iglesia-mezquita. Te la regalo convertida en memoria de un tiempo en que moros y cristianos convivieron e hicieron suya esa pequeña maravilla que fue.

Si te acercas desde cualquiera de los puntos de la encrucijada que te lleva a ella sentirás sobre todo cuando llega el verano, el aroma persistente del tomillo,  la salvia y el romero que te inundan de delicia. 

Allí encontrarás los grises blancuzcos de los alcores y la gloria de las tierras. Te asombraran los mantos  cárdenos, los ocres, los sienas desvaídos hacia el horizonte. Al mirar a lo alto verás que el cielo luce azul y lejano y el susurro de un arroyo que fluye  mínimo  al pie de la colina, te acompañará a la puerta. Sentirás tal vez que es fácil abandonar antes de subir el primer escalón, pesares y deleites. Allí tendrás que dejar tu mochila. -¡Prepárate! La incomodidad del suelo desigual y traicionero te exigirá tal vez un cayado y una vista aguda que te sostengan. 

San Baudelio conmociona por su profunda y original belleza. 

Espero que cuando vayas a hacerte cargo de mi regalo ya hayas leído muchas historias de moros y cristianos.  Qué sepas quien fue Almanzor y recorrido las calles de Catalañazor contemplando sus chimeneas brujas. Quizá habremos cantado juntos muchos romances moriscos y de la frontera y reconozcas así a quienes acudían desde la Alta Edad Media.

Ya irás sabiendo a medida que creces, que mi amor por Castilla comenzó muy temprano. Apenas escuché el primer romance - Hazme caso-, lleva contigo el Romancero Viejo para acompañar el camino. Quizá no lo necesites, quizá como yo, lleves  contigo algunos versos tatuados en la memoria...


...De ella nace un rosal blanco;

   del nació un espino albar....

   las ramitas que se juntan

   fuertes abrazos se dan...

   ...De ella nació una paloma

   de él, un fuerte gavilán

    juntos vuelan por el cielo

    no los pueden separar...


 Sí, en estas tierras vive el espino albar, la carrasca y la sabina.  Aquí se cruzan lentas y señoras las rapaces...

Ayur, esta iglesia- mezquita  que te regaló solo para ti, es el precioso broche con que mi amor ajustó el espino con el tomillo, la tierra suelta con el horizonte herido de peñas bravas; el doncel que va cantando, con el morisco de lanza enhiesta que lo acompaña. Ese legado vivo que nos dejaron mudéjares y mozárabes.

Al entrar en San Baudelio sentirás en la penumbra luminosa aromas de almizcle, de sándalo, de musgo ... y tan pronto como pongas  el pie tambaleante en el dintel,  señora y magnífica, se abrirá frente a ti lo más bello de la iglesita. La Palmera, su clave única. Ese tronco delgado que sube para bifurcarse  en todo lo alto  y ancho de su techumbre. La palmera fue un símbolo para  moriscos y cristianos que hallaron bajo su ramaje pétreo, refugio y sosiego. Bajo el árbol extraño en esa tierra, que fue traído por libros y decires desde Oriente, se siente la fuerza y el encanto de lo mestizo, que irás poco a poco percibiendo mientras dejas  que tu mirada recorra lentamente la bóveda, los arcos, los lienzos que una vez estuvieron tan cubiertos de imágenes que poco a poco irás haciendo tuyos, y en los que ahora solo reinan esbozos y algunas pinturas invictas que bastan para la memoria.

Te enamorarás del dromedario tan parecido a los que tú aprenderás a dibujar pronto, del elefante con su castillo movedizo a lomos, de los dos bueyes rojizos...

Ayur, te enamorarás perdidamente del halconero y el oso te hará sonreír con esas patas largas, largas. Por alguna parte andan escondidos un ibis, un centauro, un lebrel... Poco a poco los iras descubriendo a todos.

Esta ermita, con sus columnas delgadas y su arco en herradura, es tuya. Cuando aún te alimentabas del pecho de tu madre, vine aquí para pronunciar tu nombre debajo de esta Palmera...

¡Ayur! dije suave y luego otra vez y otra... Ayur... Ayur.

Así quedó consagrada  San Baudelio de Berlanga para siempre a ti y tú, a ella, como resultado de mi poderoso hechizo de poeta.

Sé, que cuando vengas ya sabrás que ésta es una cita que debes a tu amuma y me recordarás con una sonrisa. Llegarán suaves a tus labios, porque yo me encargaré de ello, canciones y decires castellanos. Sé  también que murmurarás alguna jarcha a modo de homenaje. 

Se lo debes a tus sangres.

¡Tant' amare, habib, tant amare! Enfermeron olios nidios, e dolen tan male

Quienes erigieron esta ermita mezquita sabían de esas fuentes subterráneas en que abrevaron dos culturas  que bajo esa palmera y al conjuro de esas palabras, misteriosamente se abrazaron y ahora,  también a ti,  te abrazan.




viernes, 6 de junio de 2025

Sopa de lentejas cocinado en Gaza por Amal.

 


Sopa de lentejas, cocinado en Gaza por Amal.



La necesidad de explicarme por escrito se me me hace imperiosa a veces, como cuándo me encuentro ante un fenómeno que necesito entender.

Me ocurre que frente a lo que está pasando en Gaza, no puedo entender la imperturbabilidad- Cómo se puede llevar a cabo un genocidio con tal crueldad y desmesura, cómo se puede convivir con él y no hacer nada por condenarlo y tratar de impedirlo. Estas son cuestiones que me han obsesionado siempre, pero que en  estos días por diferentes razones, casi me agobian.

En estos momentos estoy leyendo "Londres 38" de Philippe Sands. Es un libro que documenta los antecedentes de la detención de Augusto Pinochet en Londres y, en relación con otras facetas de la vida del dictador, se habla también de  la amistad que lo unió con Walter Raff, criminal de guerra nazi, inventor de las cámaras de gas móviles en las que se calcula que murieron asesinadas por monoxido de gas 97.000 personas.  El invento, según su declaración, tenía la intención no solo de conseguir eliminaciones más rápidas y eficientes, sino, además de preservar la salud mental de los soldados encargados de llevarlas a cabo, que solían quedar muy perturbados cuando tenían que fusilar a grupos de prisioneros entre los que abundaban  viejos, mujeres y niños pequeños.

He recordado también  a mi madre hablándome acerca de los Campos de exterminio. Solía contarme  algo que me perturbaba mucho en aquellos días. Cuando los  Aliados liberaron los campos  y descubrieron sus horrores, obligaron a toda la población del  pueblo cercano a desfilar frente a las fosas abiertas y los cadáveres andantes. Los obligaron a recoger, apilar y disponer a los muertos insepultos en nuevas fosas que tuvieron que primero cavar y luego cubrir. Por qué razón hicieron eso pensaba yo, al fin y al cabo ellos no habían hecho nada.

Esta mañana he escuchado mientras planchaba, a Juanjo Millas en su programa semanal. Nos ha leído la carta que le envía un médico español destacado en Gaza y  que además de explicar el horror que suponía tener que operar con ibuprofeno, hacía mención a cómo actúa el ejercito israelí. Aunque ahora que escribo a vuela pluma, pienso que esta información quizá esté mezclada  con la que he recibido también esta mañana un poco más tarde, en un programa que se llama "Carne cruda" . pero para el caso, no importa.

La actuación israelí se lleva a cabo de manera aséptica.  Se atacan los objetivos mediante tanques, buques o drones. Prácticamente no existe el cuerpo a cuerpo.  Se destruye y pulveriza a la ciudad y sus habitantes desde lejos, desde arriba.  Es probable que estos soldados no hayan visto nunca niños desmembrados, ni madres rugiendo. Lo suyo en interpretar bien mapas y coordenadas y pulsar los botones adecuados ejecutando órdenes. No puedo evitar recordar a Jürgen Habermas...Tal vez alguien  de quienes pasaron por mis clases de filosofía, recuerde aquello de "La razón instrumental", esa, que dado un fin (que jamás se cuestiona) opera tan solo utilizando los medios más eficaces para conseguir dicho fin. Si recuerdan, espero que recuerden también eso de que "La ética se juega en los medios, nunca en los fines". Ojalá no lo hayan olvidado y se indignen con lo que está pasando en Palestina.

He leído por otra parte,  que en Israel la mayoría de la población secunda los propósitos sionistas. Los "árabes" no les importan. En realidad sólo los temen. Han visto hasta la saciedad imágenes de los ataques qué Hamas llevó a cabo  el sábado 7 de octubre de 2024 contra kibutz vecinos a la franja de Gaza. Conocen los nombres, rostros e historias de los que fueron asesinados y que se les parecen tanto. Lo saben todo de quienes fueron tomados como rehenes.

De quienes han muerto ó están muriendo en Palestina solo creen que son terroristas. (55.000 terroristas?) No tienen nombres ni historias. Los únicos rostros que conocen son los de los dirigentes abatidos.

Y, como ya sabemos, "Lo que no tiene nombre no existe" Lo que no vemos, tampoco. El comportamiento ético exige compasión y ésta solo es posible si se tiene imaginación. La necesaria para  aceptar la pregunta incandescente...y si fuera mi hijo, mi madre, mi hermano quien estuviera allí.

Estos últimos días he entrado poco en mis redes. Los algoritmos me tienen enfilada y abrirlas significa navegar en el infierno. Ya no aparecen recetas ricas, ni bordados de flores. Difícilmente aparece "Mami Carmen" allá por El Oriente , como ella dice,recogiendo su yuca... No quedan gatos y paisajes apenas.

Me inunda el horror y la impotencia de imágenes insoportables y a veces, cierro los ojos para poder respirar.

Quizá por pura necesidad de rostros e historias, he convertido en un rito entrar todos los días en Instagram y buscar el plato que cada día prepara y nos manda  Amal, la mujer de Hayed Hammad  (traductor de español en Gaza) y que fotografía Dalia, su hija. Omar, el hijo mayor ya no está. Murió hace unos días al salir a buscar comida. Antes la imagen la envíaba él. Veo el arroz con un poquito de tomate para dar sabor, la sopa de lentejas, el pepino cortado en cachitos pequeños en ese plato  blanco. Sé así que continúan vivos.

Todos los días mando un mensaje a mi familia de Gaza.

En realidad es fácil no sufrir, no hacer ruido, mantenerse  equidistante mientras las cosas pasan. Basta cerrar los ojos, sellar los oídos, seguir como si nada con la vida linda que seguro tenian los vecinos de Auschwitz, aunque quizá porque he leído tanto, porque he escuchado tanto, no quiero hacerlo.

Algún día, me temo, habrá que desfilar sin excusas frente al horror y, a quienes hayan cerrado los ojos entonces, se los abrirán sus hijos con sus preguntas, con su ajuste de cuentas y entonces  ¿ qué les dirán para justificar su silencio?...yo no supe....yo no estaba allí. Yo, yo no podía hacer nada.

*Recibo la Noticia de que Amal y su familia acaban de llegar a España desde Gaza. Por un momento he tenido la sensación de que ellos, nuestra familia de Gaza, eran todos y se hartaban de comer y dormir tranquilos...

lunes, 5 de mayo de 2025

Amor en los 70




A veces en las tardes del invierno llovía

y yo no iba a la Universidad.

Me marchaba contigo por el centro

y recorríamos pasajes y galerías…

Nos gustaban los viejos escaparates y las cosas usadas, por eso

solíamos detenernos frente a una recia cama florentina...

Me regalaste una vez una mosca de marfil

y otra, un collar verde y un anillo con una turquesa chiquitita…

Seguíamos después hacía Mac Iver 

y cuando el frío se nos había asentado

entrábamos a la Biblioteca Nacional…

¿Te acuerdas de José Miguel Carrera y sus cartas?

Dimos muchas vueltas por los salones aquella tarde

y yo no dejaba de pensar que era “El príncipe de los caminos”

tan hermoso y cortés con su capa de husar…

Después caminando lentísimo, como solo los enamorados caminan

llegábamos a mi casa de la calle Vergara

y conversábamos mirando oscurecer la cordillera...

A veces era el Parque forestal y sus estatuas …

 Luego, yo me quedaba estática frente a “La carta” de Pedro Lira después de caminar mucho rato

 Y subir al fin las escaleras del Museo de Bellas Artes...

Recuerdo siempre tu mano en mi cintura,  porque...

caminábamos así los novios de los años 70 allá en Santiago.

lunes, 24 de marzo de 2025

Con Climtemnestra en Micenas



Las piedras no hablan

pero dicen…

En sus junturas acechan

los fantasmas del mito.

Sé que me sentaré

junto a Climtemnestra

bajo el almendro florido

y aceptaré su mano de viento.

Esta cita era inevitable

(desde que leí a Christa Wolf)

Hemos bajado juntas

hasta la cisterna y hemos

tocado el agua

El viento desde el mar

los viejísimos olivos

el desfiladero y la rampa de piedra eran las señales:

Yo necesitaba su mano y

Ella, la mía…

Hemos vuelto a sellar el pacto.