Dios frunció el ceño y Eva se sintió culpable
pero...
nunca pudo explicar muy bien por qué
Algo como un temblor la hizo descubrir
la mirada esquinada
la postura encorvada
los rincones...
Aprendió a hablar
para nombrar lo antes tan solo acariciado
lo dulce: lo que hacía desbordar el gozo
y que de pronto un ceño convertía en sucio.
Desde entonces envejeció y...
Desde entonces envejeció y...
se volvió inteligente.





