domingo, 2 de abril de 2017

Tres poetas que hablaron de amor... Juana, Gabriela, Alfonsina




                          En mi repisa hay muchos poetas... muchas. Algunos de sus versos me fueron murmurados desde muy niña. Entre ellos están los de Juana, Gabriela y Alfonsina.

Las tres consiguieron, como dice mi querido Paúl Celan "dar a sus poemas la fuerza de resistencia de lo inmediato" y por lo mismo lograron  eternizar los variados matices de los gozos y sombras de muchas vidas que siguen sucediéndose a lo largo de las generaciones.

Las tres compartieron origen, época y una cierta manera de entender la poesía. Surgieron casi al mismo tiempo con un fulgor que deslumbró a sus contemporáneos. Se impusieron. Las tres fueron hablantes de español y para las tres el poema fue expresión de vida vivida antes que nada y sobre todas las cosas, tal como me ocurre a mí.

Su obra es fácil de conseguir. En cualquier biblioteca o librería medianamente surtida encontraremos antologías de todas ellas. La red es también un excelente medio de acceder a su poesía aunque yo   soy de las que todavía no pueden renunciar a la erótica del papel y al susurro de la hoja que se vuelve mientras leo. Acudo al libro impreso cuando no es la memoria la que me trae sus palabras...

lunes, 20 de marzo de 2017

Emily Dickinson, la poeta lacónica.



                                                              
"Indian pipes", la flor favorita de Emily Dickinson
                                             
                                                                                              

Si existe una poesía que cuesta entender y sin embargo emociona es la de  Emily Dickinson, que nació un 10 de diciembre de 1830 en Amherst, Massachusetts, Estados Unidos y murió el 15 de mayo de 1886  en la misma casa donde nació. Sin sus versos que alguien comparó con huellas de pájaros sobre piedra, habríamos perdido una senda hacia ese mundo inefable que solo a la poesía le es dado transitar.


Se describió ...." soy pequeña como el gorrión, y mi cabello es rebelde como el erizo de la castaña. Y mis ojos como el jerez que el huésped deja en la copa».


 Le gustaba vestir de  piqué blanco, hablar sin que la vieran, preparar el pan de su familia, dar largos paseos con su perro y por la noche en la soledad de su cuarto, escribir poemas y cartas que también son poesía. Es una suerte para nosotros que su hermana Lavinia recogiera sus poemas y se decidiera a publicarlos.

La conocí a través de una película a fines de los años 70. "La decisión de Sophie". Me impactó de tal manera, que nunca he podido leer el libro en que está basada.  En la escena que me quedó grabada, Sophie, recién llegada como refugiada a Nueva York poco después de terminada la Segunda guerra mundial, pide los poemas de Emily Dickinson en su balbuceante inglés  a una bibliotecaria que desde su altura, se empeña en hacer repetir correctamente su petición a esta extranjera que lo ha perdido todo menos la obstinación en balbucir un nombre en el que parece se le va la vida. Al día siguiente busqué, encontré y leí a Emily Dickinson, que poco a poco llegó a calarme con un fuego distinto pero semejante al de  Marina Tsvetáyeva, la extraordinaria poeta rusa.

 La Emily de las cartas vino un verano en no sé que vericueto gozoso.  Recuerdo que me llevé el libro a Sare y que las vacaciones de aquel año quedaron subrayadas por una lectura apasionada y reincidente que me producía un indudable placer.

Quedé deslumbrada por la belleza que desborda inevitable de la secuencia de la línea.  Por ese ritmo discontinuo que produce el  contrapunto de la reticencia, el guión y la certeza de la palabra de pronto fulgurante para volverse de nuevo cadencia mínima.... Me di cuenta del porqué de la tendencia al balbuceo de la poeta cuando hablaba. La cadencia de la escritura y del habla transitan vías paralelas pero semejantes. Emily fue escueta, contenida y vacilante en su vida de adentro, una mujer de murmullos y silencios súbitos, en la de afuera.

  Las cartas respiraban mejor en el primer silencio de la mañana. Cuando aún solo se sentía el frescor de la sombra y el chorro del agua a lo lejos. Las palabras se me mezclaban con el sabor a mermelada de mora y pan caliente mientras lenta, casi parsimoniosa, les iba sacando punta. Leía y releía ensimismada y mientras... se me iban las horas. De vez en cuando, sigo leyéndolas con el mismo embeleso...

-Esta mañana estoy de luto, Susie, porque no tengo una dulce puesta de sol con que dorar una página para ti, ni una bahía azul-ni siquiera una pequeña estancia, muy arriba en los cielos, como la tuya que me haga pensar en el cielo que te daría a ti. Sabes como tengo que escribirte, abajo, abajo, en lo terrestre: no hay ocaso aquí, ni estrellas: ni siquiera un poco de crepúsculo que pueda poetizar- ¡y mandarte!" -

Me encantan especialmente las cartas que escribió a Susan que fue su amiga, luego su cuñada y más tarde aún, la madre de su adorado Gilbert. Fue Sue quien se encargó más tarde de coser la sencilla bata de franela con que vistió a Emily en su lecho de muerte, la que la hizo yacer  en un féretro blanco, adornada de orquídeas y violetas (símbolo de la lealtad) en el cuello y dos heliotropos (símbolo de devoción) en la mano.

Se sabe que  en algún momento hubo ruptura entre ellas. Una distancia que cuajó. Emily lo constata y se lo dice...

"Pocos (amigos) me han sido dados y si los amo tanto que por idolatría me son arrebatados- me limito a murmurar "Idos y la oleada va a morirse en el azul ilimitado y nadie  salvo yo, sabe que uno se hundió hoy. Hemos caminado muy placenteramente- Quizá sea este el punto en que nuestros caminos divergen- entonces pasa cantando, Sue, mientras hacia arriba, por la colina lejana, yo continúo mi viaje." -

 ¿Existe manera más bella de señalar la ruptura?

Sin embargo, hay ciertas relaciones que son sencillamente indestructibles y Susan supo escuchar y responder a su llamada...

Yo derramé el Rocío
Más me quedé con la mañana
Escogí esta  estrella singular
De las muchas que pueblan la amplia noche
¡Sue para siempre!

 Me gustan muchas cosas de Emily como poeta. Su libertad sin estridencia. El que siempre escribiera lo que quiso y como quiso sin aceptar normas ni mentores. Esa indiferencia suya por la publicación y la posteridad que revelan un soterrado orgullo que me resulta cercano. Me encanta su reguero de versos escritos en esquinas de cartas, en dorsos de listas de la compra, algunos, cosidos en forma de cuadernillos sin fechas, sin nombre.. Ese delicioso escribir al hilo de la vida.

Además hay algo en esta mujer que me hace volver una y otra vez a sus poemas con una sonrisa complice: es  la inteligencia y el  finísimo sentido del humor que destilan...

Todas las cosas arrasadas
Eso- es la inmensidad-

dice...

Y también...

Quién no ha encontrado el cielo-aquí abajo-
Fracasará allí arriba-
Pues alquilan los Angeles la Casa de al lado,
Doquiera nos mudemos-


Resguardada entre las fronteras de un jardín que poco a poco se fueron estrechando hasta convertirse en las de su cuarto, Emily vivió una vida anónima e intensa tal como atestiguan sus cartas y poemas. Como buena chica del siglo XIX reverenció y obedeció a su padre, cuidó de su madre hasta que ésta murió, mantuvo algunas amistades muy queridas que le fueron arrebatadas por la muerte, el malentendido o la distancia.
Supo mantener las formas de la cortesía, pero también resguardar "un cuarto propio" en el que no dejó entrar prácticamente a nadie. 

Su biografía es la de legión de mujeres de su siglo y sin embargo absolutamente diferente. Quizá porque ella siempre vivió en las palabras, lo demás (la vida real) eran interrupciones y tenían una importancia relativa.

Dicen que se enamoró de un reverendo, pero lo cierto es que no hay ninguna constancia ni en sus cartas ni en su poesía. Lo que sí es indudable es que amó a su perro Carlo, a las arañas y sus magnificos telares, al ratón de la despensa, a la Biblia, a las "pipas indias", a los lirios y al color blanco... Con ese fluir de amores entrelazados se mezcla el tornasol y la borrasca de sus días. La naturaleza que se le transfigura continuamente, sea tal vez lo que le permite hablar de la muerte y con los muertos con una naturalidad  sabrosa porque al fin de cuentas...

Un hoyuelo en la tumba
Hace de ese feroz recinto
Un Hogar-

Lúcida, lacónica, profunda como un pozo de agua quieta supo que

Ver el cielo de verano
Es Poesía aunque no esté en un Libro-
Los verdaderos Poemas huyen-

 De lo que Emily dejó escrito, emerge una intensidad que por su misma fuerza no puede ser resistida sino muy brevemente. Tensa el arco hasta el límite.

 Vivió inevitablemente entre el éxtasis y la agonía pero siempre con una sonrisa distante, educada, casi gentil. A veces me pregunto si habrá  sabido contestar alguién a esa sutileza candente suya con el mismo nivel de desmesura. Creo que no.

En su última carta me conmueve la esperanza...

"Primitas, me reclaman"

                                            ¡Espero que haya sido la desmesura, Emily!

domingo, 19 de marzo de 2017

Ramas de castaño en flor




 
 
Ramas de castaño en flor
(Auvers sur Oise, 1890)


Y.. .¿son del sur o del norte?
¿Dónde situaremos la delicia?
Espejismo bendito
de nuevo cuajado por un algo

que se niega a negar lo simplemente bello.
Por más que condenado
por más que fuego fatuo
anotado con temblor y reverencia.

Y no. No son del sur.
Tampoco el norte manda su heraldo
de tibia primavera…¡no!

Es el misterio de un anhelo humano
que se crea la patria
por puro desconsuelo de lo eterno
en una rama así siempre…florecida

lunes, 6 de marzo de 2017

De la otra parte...




Bruma


Existe una cierta dimensión de lo que vivimos que transita en el límite. Cuando deambulamos por esa "tierra" es como que  de pronto el espacio tomara la forma de una cuerda floja en la que  sentimos nos equilibramos. No nos damos demasiado cuenta del bamboleo, ni tampoco de la destreza de nuestras plantas titubeantes, pero un leve movimiento a veces tiende a desequilibrarnos y nos obliga a apoyarnos levemente en algo que es ya otra dimensión, en la que encontramos extraños gozos, tremendos miedos, viejos dolores...

Deambular en el Reino de los muertos no le es dado a cualquiera: es necesaria la capacidad de degustar de una especie de saludable terror que se asienta en las vivencias de la infancia- a menos que nos hayan cercenado ese brote del espíritu, almas bien intencionadas y alicortas que piensan que no hay nada más deseable que los niños duerman sin sobresaltos-

sábado, 25 de febrero de 2017

Susurros.




Estoy sola
bebiendo el vino de la tarde
y te recuerdo...

Han seguido pasando 
instantes y estaciones
te susurro:
el crisantemo se secó
murió la gata
junto a mí juega un niño
 que no pudiste conocer...

Te hubiera regalado en esta tarde
el tono de la que fue
nuestra hora de violines...

El silencio habría extendido su poder hacia a la noche
pero nuestra mirada
 hubiera prevalecido
plena de llama 


Ya no tengo tu oído gentil
cerca de mí...
y  el silencio y la noche 
y el frío rondan.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Lo cierto es que hoy...





Lo cierto es que hoy...
pensaba escribir sobre Petrarca
la mano, la fiamma, la mirada 
me rondaban el ánimo.
Recordaba  a Laura de Noves allá en el Luxemburgo
pero mi pluma topó con este sol inusitado
de fines de diciembre y..
quiso viajar suave en el carrusel de emociones
que me recorren estos días
y que son tan oscuras todavía que no puedo nombrar
el tacto de una cálida maninna 
una mirada altiva domesticada por la atroz necesidad
la punta de un recuerdo que el tiempo ha convertido en corroída seda...
Amores, siempre amores
rotundos, difíciles ... desteñidos amores 
no dignos quizá para el lauro 
buscan su seña en este preciso instante
en que quise recordar el Cancioneri.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Paúl Celán







 Paúl Celán nació el mismo año en que nació mi madre, 1920 y murió mucho antes de que ella lo hiciera, en 1970.  Es junto con Stvietaieva el poeta que más profundamente me ha impresionado. Su destino como el de ella, fue aciago.

Llegué a Celán y ya nunca pude irme. Una y otra vez a lo largo de mi vida,  he abierto su libro buscando poemas que siempre me dejan temblando. Línea que siga mi dedo está cargada de un oscuro balbuceo que subraya la tiniebla. Leo y me parece asistir a un  milagro. Cada una de sus palabras es preciosa porque fue arrancada a la imborrable mancha del oprobio. A Paul Anczel le tocó nacer judío en Europa en los años en que serlo fue una profunda desgracia.

Pocas veces  he sentido tanto el temblor remecedor de una poesía que no puedo entender sino con las entrañas. Sus versos oscilan frágiles, balbucean  entre llamaradas del subconsciente y terribles hechos reales que se niega a explicitar. Sus poemas están habitados por un ruido de terremoto traspasado una y otra vez por el susurro de una espacie de nana.... Me quedo siempre atisbando la negrura entrecruzada de destellos de soberana belleza. Con Celán siempre termino musitando el verso como si fuese una oración sin destino, en medio de una desolación irremediable.