Hay días en que el estar con nosotras mismas nos encanta. Es un placer dialogar con "esa que siempre va conmigo", pasear en su compañía, sonreirle calladamente en presencia de terceros, silbarle alguna melodía llena de recuerdos complices, guiñarle un ojo burlón en el espejo y encontrar, en fin, que está bien...¡qué nos gusta!
Otros días apenas la notamos. Hay un silencio espeso a nuestro alrededor. Nuestras pisadas resuenan de lo solas que vamos, e intentamos llenar un vacío que a veces nos desconcierta el día, pasando rápidamente de una cosa a otra pero sin encontrar gusto ni interés en lo que hacemos. Las cosas, entonces, se nos vuelven planas.
