Porque a veces, una recuerda... cartas de amor
Te estoy mirando y sé que todavía te acuerdas de la rosa balanceándose junto al Rialto aquella primera madrugada de enero... Yo también. La arrojé al Canal justo al saltar al vaporetto, cuando ya nos íbamos.
No tengo más que nombrarte San Michele y sé que sentirás el aire marino de los cipreses y verás como yo, apenas desvaída, la difícil caligrafía de las tumbas rusas y los guijarros que pusimos sobre la losa de Ezra Pound. Sé que también podría nombrarte la luna llena de invierno sobre un san Marcos desierto, pero seguro que entonces tus recuerdos volverían a querer entumecerse en la intemperie del vaporetto, enfilando ahora hacia el puente de La Academia, mientras hacías el recuento gozoso de las guirnaldas navideñas rebrillando tenues en el interior de aquellos palazzos tan solos.
