Uno de los grandes placeres que proporciona el
sentido de la vista es el del disfrute de las distintas perspectivas que nos ofrece la realidad sensible con solo desplazarnos
un poco como en danza hacia adelante, hacia atrás, un poco a la derecha, inclinándonos levemente, poniéndonos de puntillas y así infinitamente.
En este juego todo se sitúa y resitúa para
volver a difuminarse. La imagen se fija apenas un instante para quedar de nuevo
velada por la vorágine del transcurrir. Quien siente pasión por la
perspectiva sube a lo alto para poder expandir al máximo su
gran angular y hacerse la ilusión de que domina el conjunto. En otro orden de cosas,
es la misma ilusión que se hacen aquellos que creen que lo que piensan es la
Verdad. Se sienten en lo cierto acerca de lo que creen porque su escorzo es más
amplio, porque están más informados, más leídos, porque tienen más años o más
experiencia. Se equivocan.