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miércoles, 31 de agosto de 2016

Las cosas






Siempre me he preguntado si aquellas personas que tienen la suerte de vivir en la casa en que nacieron comprenden su privilegio.

Están rodeados de objetos llenos de sentido. De la silla en que solía sentarse la madre a coser, del molinillo de café que le regalaron por un cumpleaños perdido ya en el tiempo, de la mesa en la que ella planchaba y en la que el padre apoyaba el periódico después de la cena...

No tiene el mismo sabor el café con leche que se bebe en el desgastado tazón de la abuela.  El tiempo no deja su impronta de la misma manera que en ese reloj ya poco oxidado que nadie recuerda cuando no estuvo allí.

lunes, 3 de agosto de 2015

Casas y cosas...



Allá en el sur, la casa donde nací tenía tejado a dos aguas y la lluvia sonaba fuerte porque era de chapa. Me gustaba oírla. En el jardín, la niña que yo era, paseaba por las mañanas acechando la inminente aparición de la Virgen con su niñito de la mano allá por el bancal de las fresias...

Por las tardes, el sol iluminaba apenas tamizado por las palmeras de la calle, el cuarto de la abuela. Era la hora del canto. El Niño se perdía camino a Jerusalén en la balada y el polvo del verano se arremolinaba en la calle desierta.