Dejar pasar las horas mientras
el polvo se acumula feliz en los rincones
y las camas esperan pacientemente, ángeles.
No apartar la mirada de la bruma
aunque la olla poco a poco se coloree en ascua
y el agua hecha torrente desborde de la artesa.
Tantear el camino proceloso del sueño
perdida en pequeños gozos clausurados
y
no volver el corazón ni la mirada
por más que...
los niños lloren y él aguarde en la puerta.





