viernes, 11 de abril de 2014

Cita con mi madre.






Hoy al anochecer, cuando bajaba de la biblioteca, sentí como descendía desde las copas semidesnudas de los tilos, un vientecillo decididamente frío que me dijo quedo – Oye, que…¡todavía es febrero!- pero yo no llevaba puesto mi gorro ruso y  por lo tanto, no me lo creí. Pensé en castañas y busqué alguna rezagada en mi bolsillo, pero enseguida supe que esa hubiera sido tarea de setiembre; la de inclinarme en el parque y elegir la que me hubiera acompañado a lo largo del invierno.  
En fin, a mí, los meses se me han confundido últimamente de mala manera entre ensimismamiento, lecturas y pena.

Fíjate que ya está al caer la primavera  y solo me doy cuenta porque me lo dice el calendario cuando cada día, apunto las ausencias de mis alumnos. Y sin embargo, frente a la reja a punto de cerrar, recordé perfectamente que hoy, 30 de noviembre, hubiera sido tu cumpleaños y. se me vinieron encima, mientras la cruzaba, todas las zapatillas de fieltro, las tazas gigantes, los poemas de caligrafía  esmerada, aquella margarita articulada que tú nunca terminaste de creer fuera obra mía. Fui recordando también los libros, las películas, las historias que te he ido regalando a través de los años. Aunque, si es noviembre, de dónde ese plumón en los tilos ó ¿será febrero?  
A mí, el frío y los meses siempre me pillan de improviso ¿Es o no hoy, tu cumpleaños?

La casa está oscura y sola cuando llego. Empujo la puerta y ningún gato me sale al encuentro, ninguna voz- Abro mi viejo bolsón todavía a oscuras y dejó sobre mi mesa el trabajo del día. Me he traído de nuevo a Statieva. Una y otra vez vuelvo a ella. Siempre. Leer esa palabra suya tan sabrosa se me ha vuelto costumbre, le pone tono a mi hora; la sostiene. He leído sus cartas, sus poemas y me parece como sí hubiéramos coincidido muchas veces en muchos meses equivocados, en muchos paisajes distintos, en muchas rebeldías, en muchas radicales intransigencias.

Creo que no alcancé a hablarte de ella. No la conocía todavía. Te hubiese gustado la poeta rusa. Más que su poesía, su destino y sus cartas. A lo largo de muchas tardes, de muchos desayunos parsimoniosos en que hubiésemos degustado con gusto del circunloquio, habríamos hablado de ella, de sus amores difíciles, de esa su lealtad tan extraña que la llevó a tener que matarse en Yelabuga, un mes de agosto. 
Si, seguro que te hubiese leído algún fragmento como éste tan hermoso. Me acerco a la ventana y a la luz de la calle, te leo bajito como sí aún estuvieras ahí escuchándome atenta.

 “La poesía debe serlo de las cosas que nadie necesita. Es el reino más pobre y más sagrado de este mundo” Mi reino, nuestro reino, Marina.

 Ha sido tarde de correcciones. Tres atados de exámenes a lo largo de estas horas sin pena ni gloria.  Planas y áridas hasta que me encontré con su nombre impronunciable ofreciéndome lo único que puede     saciar mínimamente esa  hambre que me corroe. 

..."Toda la vida se divide en tres periodos: el presentimiento del amor, el hecho del amor y el recuerdo del amor" dice ella. Yo también lo pienso.

No sé de esa satisfacción que dicen que se siente por el deber  cumplido. A mí solo me procura placer lo gratuito. Cumplo escrupulosamente con mi trabajo, pero en mí sólo es débito. Tú sabes bien que vivo con ese deseo obsesivo de volver al libro, a la página en blanco, a la conversación contigo: a mis cosas.

Me quedo un momento en silencio en la sombra que se adensa, deseando ardientemente recuperar un ardor que siento que he perdido y la carencia tan sentida me conforta. Sigo ardiente en desear. Me alegra sentir hambre todavía ...

"Apoyando la cabeza, oír los recios pasos hacerse más ligeros, y cómo el viento mece el bosque somnoliento y desvelado..."

Reverbera todavía un destello de luz en el alfeizar y me resisto a cerrar la cortina. Observo los ciclámenes convertidos en pequeños fantasmas allí afuera...  Ay, verte una vez más, sentada en la esquina del sofá con la cabeza hacia atrás, perdida en lo tuyo con el libro abierto y tu dedo suave como punto de lectura... Sí, como cuando te creías sola y sonreías a veces ensimismada y era agosto.
 Sin embargo, soy tan duramente apasionada que como Marina. Prefiero haberte perdido entera a conservar sólo una centésima de lo que eras.

Te llamo quedo y me sonríes con tu sonrisa piadosa, aquella que sigue atravesándome de amor hasta el hueso. Es tiempo de castañas, te digo bajito. He vuelto a sentir el humo al volver hacia casa, pero no. Pasó octubre y parece que también se me pasó noviembre.

Enciendo la candela color ámbar frente a tu rostro intacto. La miro oscilar suave, suave.  Cada jirón de sombra es un conato de palabra que te escucho... Esta soledad mía está casi cicatrizada. No me duele sino ciertos días, como ahora, aunque despierto siempre con una pena que la noche ha vuelto cuchillo. Ya no tengo que ocultarte nada de lo que sienta para evitar hacerte sufrir. Nada. 
Sé que es solo mi corazón aterido el que se dice...

 No hay luna. ni siquiera menguante; es sólo de farola, la luz que penetra oblicua. Yo hubiera deseado el fulgor delicado del ramaje frente a la ventana pero ya no hay hoja, no queda una que no haya sido pisada y barrida. Pero, no, no... Eso fue en octubre. Ayer había brotes que destrozó la lluvia inesperada de la madrugada. No sé qué conjunción de luz está dorando ese precioso rostro tuyo… 
Mataría en este minuto a quien se atreviera a encender la luz.

Tú sabías como Marina, que la ausencia podía ser como un gozo sacado de un baúl de sueños. Que podías vestirla y obligarla a comparecer en tu presencia, ausencia-fiametta, titilante como tú ante mí, ahora. Me mostraste muchas veces aquellas, tus ausencias preciadas, que aparecían un poco polvorientas; como capas en jirones que conservaran todavía la textura del tiempo de la seda. Marina también sabía que en el punto más desolado y sórdido de la vida podía surgir la belleza, si se estaba suficientemente atenta aunque terminara quejándose como yo, a veces.

...del santuario donde todo es sueño e incienso, 
mis versos de juventud y de muerte 
-¡mis versos, que nadie lee!-
yacen...

 Y ... ¿Si de verdad fuera noviembre, ese mes de flores anegadas y tardes vertiginosas? Sí, porque aunque el tiempo parezca haber archivado definitivamente aquello que fue un presente compartido, a veces los días tropiezan como ahora y se vuelven hacia atrás a trompicones y me traen mágicos retazos de lo que obstinadamente sé que fue. 
Es entonces cuando me voy  inevitable hacia  donde tú  siempre reluces...

Estoy apurando a sorbos lentos tu presencia de llamita y tiniebla. Y ojos vueltos hacia lo que me duele y me deleita. Marina me ayuda.

"En la palma de la mano tendremos 
la luna, si nos place"

Es la pura verdad. A mí me place. A mí me places y te tengo en la punta de mis pestañas...

Ha empezado de nuevo a llover, pero esta vez es lluvia mansa. La luz oscila en su rescoldo apenas y ya a punto de tiniebla total, antes de que alguien encienda la lámpara y vuelva a confundírseme el calendario y nos lo obligue a marzo,  murmuró a tu rostro soberano ... 


martes, 1 de abril de 2014

Camino con ciprés bajo el cielo estrellado (Auvers sur Oise,1890)





                                                                                       ...y en él Ofelia pasa


La vida fluye
y se lleva en el cauce
la belleza
(aunque ahogada
adornada como nunca)
y como nunca
bella…
Símbolo de parabienes
humilde cornucopia
va dejando adherido
a nuestro darnos cuenta
hebras de luna
anhelos de ciprés descoyuntado
una que otra voluta de humo
huellas de una carreta
 y pasos.

La vemos casi cerca
de la hora finita
lista para la confusión
y el remolino eterno.


martes, 25 de febrero de 2014

II-Fragmentos a vuela pluma ...







Un simple viaje en coche por un camino tortuoso y solitario a altas horas de la noche. Precisemos: de Bayona a Sara mientras la luna llena me sitúa en un estado de ánimo propicio a la dulzura. Llego al convencimiento de que cierta belleza que emerge de las cosas adquiere, al ser degustada con parsimonia y deleite, la capacidad sanadora de un bebedizo mágico.

Luego, al dormir en lo alto, lujosamente envuelta en sábanas color guinda, frescas y un poco crujientes...la pócima acrecienta su virtud.

Y...al sentir en la duermevela, el trancurrir silencioso de las horas y, despertar sobre el lado derecho frente al impacto del viejo castaño al que adivino los arrullos y bajo sus ramas bajas, la frialdad todavía nocturna de mi banco... el del poeta, el licor se convierte en elixir de gozo

Me lavo más tarde bajo luz cenital y agua de vertiente untuosa y decididamente fría con una lentitud de verano que empieza...

El día, frente a mí, como una sábana blanca y translúcida... orea. 

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¡Déjalas ir!
Desata suavemente las amarras. 
Observa la deriva de
las voces y la hierba y
 la acacia de antaño...
Permite que tus sueños las acompañen
 confundiendo las fechas...y
que la luna y el sol bailen en la penunbra...
¡Déjalas ir!
Confía en que
de una u otra manera
 regresarán más tarde...

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La traición del invierno
 es deleitosa. En plena bruma
 la llamarada del aromo
súbita...
y con ella, el ardor:
esa caída brusca de rodillas
esa mudez por puro exceso
anunciadora.

Nada muere agostado.
Es seguro: la muerte
apagadora de candiles...
¡sueña con llamas altas!

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Siento el tachón en mi última palabra
contra mí vuelta por fuerza de
una desoladora implosión de 
lo que estaba junto aunque tenue...

Mi labor es rescatar escombros
 de fantasmas aunque... estoy en un tris de
que salten por los aires cada
una de las frases que hasta ahora
eran verdad pues consistían...
callo.

jueves, 6 de febrero de 2014

Adiós a Perséfone




                                                                                                         Para Marisol Ilzauspe.



Promediaba el verano
y de pronto
comenzaron a helarse los manzanos.
Dalias segadas cegaron
los caminos...
una huida de luna dejó al mundo en tinieblas.

¿A dónde vas, Perséfone?


Tu sombra n cubre los prados de dulzura
resuena aún la flauta acompasada
pero este cierzo a deshora nos ha herido
para siempre el locus amoenus.

¿A dónde vas, Perséfone?

martes, 28 de enero de 2014

Imágenes de abismo.




Tres imágenes me han acompañado de manera un poco obsesiva esta tarde. Las tres se asocian con el significado de la palabra abismo (precipicio, aquello que se siente oscuro e impenetrable misterio) Las tres me han rondado y me han acompañado la soledad y el frío.

martes, 24 de diciembre de 2013

Carta de Navidad para mi amiga del lado de allá.







  Querida mía:


Me separan horas de ti y miles de kilómetros. Como en los cuentos, he tenido que ponerme mis botas de cien leguas y cruzar mares, desiertos, cordilleras para poder llevarte intacto mi amor de siempre. Es verdad, ha llegado sudoroso y exhausto pero está allí firme  frente a tu cabecera

 Habrá empezado a clarear del lado de la cordillera. El aire es fresco todavía aunque se siente pleno el olor del verano santiaguino…. siento la dulzura de la flor de la pluma en el aire. Puedo seguir con una mirada que es pura memoria las líneas de tu rostro, puedo acariciarte el pelo y tomarte las manos… puedo y dejo que el tiempo pase suave, suave mientras te aprendo una y otra vez porque no quiero olvidarte nunca.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Hora de velar espejos.




¡Velar los espejos! 
bajar la luz…
Aprender la mirada
que sobrevuela.

El surco es cada vez más hondo:
es mejor no conocer la magnitud
de los destrozos.

Las viejas cortesanas se bajaban
el velo para siempre, recibían 
solo al atardecer y a media 
vela…eran sabias

Hay que aprender 
a distanciar al mundo así
también bajarle el velo
y preferirlo en malva…

En uno y otro caso
despedirse con gracia
es cuestión de acertar con el momento.