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lunes, 19 de febrero de 2024

PIEDRA

 



Vino de Mostar...
Vivía bajo el puente que cruzaba el Neretva.
Puente que resistió el trasiego de carros
tanques, huidas, gritos 
desolaciones... 
Una historia terrible 
que aguantó siglos
como una majka, 
como una büyükane de pañuelo blanco.
Pero una vez ya no no pudo aguantar y lo cayeron... 
Y aunque quisieron luego
fue imposible reunir todas sus piedras 
(la mía quedó suelta en el lecho del río) 
Mi piedra está pulida de desgracias
se acopla fácil a mi mano. 
Es tibia y tiene un no se qué de vieja
y no sé qué... de sorda 
Está conmigo y se porta como un acto de fe. 
Cada vez que la toco, tiembla. 
Yo imagino que debe haberse asustado muchas veces
con ese miedo opaco y liso de las piedras... 
Yo la miro a mi piedra 
la palpo, la acaricio 
le pregunto como si pudiera contarme
de otomanos, de croatas,
de tristes bosnios... 
Ella trata, pero no puede
Es una piedra arrasada.

viernes, 29 de julio de 2022

Blancos.


No existe el blanco puro.

Conozco únicamente blancos perlíferos, irisados, cárdenos, lunares, esplendentes, en tris de ser devorados por grises de bruma y niebla. Blancos ebrios de rojo, fatigados de azul. Siempre adheridos a circunstancias, paisajes, cuadros, naufragios y respiros.

Ese blanco de mis enaguas ondeando en la penumbra de una habitación en vía Sixtina, guarda el aroma de ese erotismo que a tantas mujeres nos punza: han sido los brazos de quien amo, los que las han extendido mientras duermo. 

Parpadea en el mar de Tesalónica, casi quebrado su blancor por el barco que cruza apenas deslizándose en la hora suave de la tarde…

Es gélido e insomne ese atroz, extendido en dolorosas huellas que siempre dejan espacio en su desazón para una nueva desesperanza. Blanco ruso lo llamo. Me lo trajeron Celan, Maldestan, Tsvetáieva…

Tiembla en las camisas de los llevados a morir en aquellas madrugadas de verano… 

Goya lo hizo gritar en el más famoso de sus cuadros.

Hay otro blanco. El que se vuelve cotidiano en el borde irisado de mi taza y otro que culebrea cuando vuelve el invierno en el hilo de luz de las farolas que acaban de encenderse con luz fría…

Es el blanco de volver a casa.

Amo el manchado blanco de mis libros viejos y el de la leche de oveja que se deslíe en mi boca…

Si pudiera, me bañaría en el blanco de las primeras lilas. Me vestiría como Emily Dickinson con ese blanco que los contiene a todos... 

Sería una magnífica maga tan aromada e iridiscente con anillo de ópalo y mirada de Tiresias.

El blanco cárdeno de la cordillera en invierno en el momento que se enciende hacia el amanecer es para mí la redoma de mi nostalgia…

Yo diría que es el color más ambiguo que existe el más herido, el más sucio el más sagrado…

Es el color de la poesía.


lunes, 7 de febrero de 2022

El carro alado

 


Recuerdo a mis corceles del tiempo
del ardor...
piafaban de impaciencia pidiendo
rienda suelta a mi mano de auriga cariñosa.
Febo se insinuaba  y...subíamos
como tres Icaros embriagados de rocío y de luz
"cuando la aurora de rosáceos dedos" acontecía...

 Ya noche

los belfos desollados aún palpitan
pero la luz se ha convertido en piedra.
Bajo los ojos el púrpura negrea
y un auriga de muñecas quebradas
deja la rienda suelta...
A ras de nadir vamos
cojitrancos, a buscar el consuelo de lo oscuro
Ahora sabemos:
El cielo era como siempre...¡hambre !