Addio...



Son los últimos ríos...
más heráclitos que nunca:
granadas diluidas abren deltas
en mis muslos de oro.

El ocaso es más bello.
Sin duda
lo malogra el futuro consabido
pero tal vez por eso
 es más rabiosa su luz...

Constato mis tesoros condenados:
los senos penden todavía atados a la luna
la garganta soporta collares delicados
y la sombra del vientre aún caracolea...

Rabiosa, yo también, refuljo en los espejos...
Soy una pirotecnia en las últimas.
Aurora boreal en trance
 me desato en derroche
y me paseo lúcida por las viejas estancias
¡para nunca...!


Siempre me encantó "la Traviata" y la escena del "Addio" en versión de María Callas, que canta magníficamente  lo que Simone de Beauvoir  escribió más lacónica: aquel famoso ¡nunca más! ...En fin, en la vida de toda mujer hay un momento en que empezamos a velar  nuestros espejos. Esta última ronda es muy, muy bella...

2 comentarios:

Libe dijo...

Amatxu, creo que en la vida siempre estamos abrazando y siempre despidiendo. Asiendo y desasiendo, así vivimos...

Esos tesoros de los que hablan nacen condenados. Condenados al cambio. Cuando miro mi cuerpo y pienso cómo ha cambiado a lo largo de los años... Es una pirotecnia distinta cada vez. Cada explosión nos cambia y nos gasta. Los colores quizás sean más tenues, pero nunca carecen de belleza para quien sepa mirar. Porque... ¿cuál es el momento de los velos? ¿Cuando llegan las estrías? ¿Cuando se afloja el vientre tras los partos? ¿Al asomo de la celulitis? ¿cuando hay venitas que asoman? ¿a las primeras arrugas?

Es curioso: he pasado de ser la más joven de un equipo de trabajo a ser la mayor de las personas con las que trabajo. Y este cambio ha coincidido con mi cambio de década: nunca más veinteañera. Pero por cada para nunca, hay un todavía, una nueva mirada, un nuevo latido. Hasta el final, creo que a eso, le llamamos vida.

Begoña Eguiluz dijo...

No sé cuando es el momento del "mutis por el foro"...en realidad, eso solo cada una puede decirlo y en cada una es distinto. A veces incluso, nos equivocamos porque...la vida es así; maravillosamente traicionera y cuando creemos que nos hay más, nos regala un "todavía".

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