Mi madrina...

U
El mundo de mi madrina y Ziripot.



La muerte me devolvió su voz esta tarde cuando, agotada tras la larga jornada de clases, imaginaba mi ramo de Navidad frente a las flores del San Martín.

Pino, Bego, frutos rojos. Siempre tallos largos- oí clarito- ¡Más verde! Un poco más alto... Sí, ese par de piñas. Sí.  Así...

Nadie me regaló jamás tanta flor como ella. Cada venida quedaba señalada por regueros de ramos variopintos que mantenían su belleza mucho tiempo después de que se fuera. De ella aprendí a disponerlos con y en cualquier recipiente que pudiera contener agua... La idea de flores recogidas al pasar debía ser una ilusión constante. Lo primero era desatar amarras (ambas odiábamos el alambre y los tallos cortos) luego acariciar cada flor mirándole el perfil. Ensayábamos hasta descubrir el punto justo en que cada una, quería apurar poco a a poco su tiempo hasta el límite.


Caíamos con frecuencia en la tentación de malgastar el agua llevadas por el placer de poner las manos bajo chorros ubérrimos. Lavábamos enaguas, pañuelos y platos: eran nuestra coartada. En otro tiempo hubiéramos sido mujeres de fuentes, de cisternas, de pozos... Las dos nos enamorábamos de objetos estrafalarios de belleza evidente solo para nosotras. Me enseño que puestas de cierta manera, en determinado ángulo, una vieja cesta de mimbre con una patina especial, un herraje cuyo uso era pura conjetura, se convertían en entrañables obras de arte.

El caballero del cisne







..."Pero había una condición, ella jamás podía preguntarle como se llamaba o de dónde provenía...


En los cuentos y leyendas que a veces nos contaron o leímos en aquellas tardes de lluvia de nuestra infancia, se esconden arcanos emocionales que cuando éramos niños se nos fueron entregando como bellos enigmas que más tarde, se han ido desvelando uno por uno a medida que vivíamos... Esas hermosas mujeres dormidas que esperan un beso para revivir, esos malvados, vencidos simplemente por la fuerza de la ternura, se entrelazan con  la inmensa  tristeza de aquellas pequeñas tragedias que nos hicieron llorar un día...El soldadito de plomo, La sirenita, La pequeña cerillera...manifiestos dolorosos que también nos enseñaban de la vida.

Existen entre estos cuentos tristes de infancia, un tipo de historia que siempre me ha intrigado por la dureza esencial de su desenlace. El mejor ejemplo que conozco tal vez sea  la leyenda de Lohengrin,  el también llamado " Caballero del cisne"

El motivo básico de esta leyenda  se repite tanto y en tan diversas culturas, que pienso que lo que allí ocurre, quiere expresar algo que  pertenece a nuestro inconsciente colectivo, que es parte de un fenómeno que se hunde en la entraña misma de nuestra estructura emocional y que nunca termina de entenderse como no sea mediante el símbolo o la metáfora.

El esquema básico de la historia es siempre el mismo: Advertencia previa y transgresión que se traduce en ruptura súbita.

La historia comienza con una relación inicial que se adivina feliz pero cuya continuidad está sujeta a la condición que pone uno de los dos protagonistas que forman una pareja. A veces es ella, a veces es él, ( el Caballero del cisne)  quien advierte acerca de la importancia de no pronunciar determinada palabra, de no hacer jamás determinada pregunta...  Las advertencias son de la más diversa índole pero ninguna parece muy difícil de respetar. La condición es aceptada (se supone) y con ello, se da inicio al desarrollo de una relación en que la confianza y el cariño entre ambos no hacen sino acrecentarse hasta que...

...desgraciadamente y sin aviso se produce inevitable, el momento en que uno de los protagonistas, no sabemos si engañado por esa traicionera sensación de impunidad que suele producir la asiduidad o simplemente porque ya no recuerda aquello que una vez se estableció como límite, murmura la palabra, hace la pregunta prohibida y con ello... desencadena el desastre.

De visibilidad y poderío ...




"Y...Dios creó a la mujer" Eliana Tuscello, pintora argentina.

                                                                           A Libe, que tiene una hija, para que no olvide la tarea.

Nada puede hacer más imbatible la autoestima de una mujer que el haber nacido en una familia en la que fue querida y valorada en razón de ser quién era: una niña.

Una familia en que la madre plantea desde la infancia, expectativas como la de ser médico misionera en el África profunda o el próximo premio Nobel de literatura y el padre le repita encantado -eres tan lista como tu madre- hacen posible en toda mujer la persistencia de unas alas que pugnarán siempre por desplegarse en vuelo sean las que fueren las circunstancias que el futuro le depare.

Tuve que esperar a mis quince años para tomar conciencia de que mi sexo implicara algún tipo de limitación. Fue a través de la literatura. Leyendo a Unamuno, al que sentía algo así como mi alma gemela, fue que me enteré de que " las mujeres en razón de las particularidades de su sexo, están limitadas a desarrollar únicamente el género literario epistolar" La frase me hizo caer del limbo y tomé conciencia de que muchas veces, demasiadas, lo que hiciera y cómo lo hiciera, me sería juzgado de acuerdo a una categoría en la que yo hasta entonces no había reparado; mi pertenencia al sexo femenino.

Desde entonces he perdonado con un poco de condescendencia la "miopía" de muchos grandes hombres y sus juicios sobre aquello que lo femenino sea  (Aristóteles, Kant, Nietzsche...) Mal que mal, ni hombres ni mujeres podemos sustraernos del condicionamiento que nos impone nuestra época. Pero tal vez por ello, he admirado mucho más a algunos como el viejo Platón, ciudadano de una de las más misóginas sociedades que se conozca y que pese a ello, fue capaz en La República, de dejar claramente establecido que "Aquellas mujeres que estuviesen naturalmente capacitadas, deberían ser educadas de la misma manera que los hombres capaces porque..." no existe nada más ventajoso para una ciudad que el que existan en ella hombres y mujeres dotados de todas las excelencias posibles" Esto se escribió en Grecia el siglo IV antes de Cristo.  Platón prueba que, aunque siempre nuestra época y circunstancias nos condicionen, no nos determinan.

La infancia y adolescencia suelen ser momentos privilegiados para imaginar una vida que se extiende ante nosotros como un lienzo que corregimos, iluminamos y tachamos a medida que vamos cumpliendo años y yo con la ayuda de libros, películas, vivencias fui proyectando la mía con placer ya que siempre he sido dada a la imaginación y fui dándome cuenta de que lo que alcanzara a hacer con mi vida sería lo que me identificara de tal manera que, aunque lo genérico en ella tuviera que ser vivido como circunstancia fundamental, no podría permitir que fuera lo que la determinara. Caí en la cuenta también de que para aprender a vivir se necesita algo más que consejos, normas y tradiciones, que se necesitan modelos concretos de vidas ejemplares  porque... "la mujer" de la misma manera que "el hombre" genéricos , no existen.

Para vivir una vida de la que me sintiera protagonista, tenía que pensarla. Revisarla una y otra vez porque si no reflexionaba sobre aquello que me pasaba, en cómo lo gestionaba y en lo que finalmente decidía, estaba condenada a repetir y trasmitir a mi vez normas, modelos, reacciones, que pudieran ser pesados lastres para esa obligación moral que se me imponía: la de no perder la vida.  

El conflicto que produce la necesidad de vivir conciliando circunstancias, cultura y fantasía que viene servido a cada ser humano que viene al mundo se agudiza en quienes nacemos mujeres, porque tarde o temprano tendremos que asumir que se nos pide que nos construyamos la vida encarnando valores que en lo profundo sentimos falsos o con más suerte, valores que al habernos sido asignados en exclusiva en razón de nuestro sexo, constriñen de mala manera las vidas posibles que nos solemos imaginar las mujeres.

Echemos un vistazo a la historia y sus modelos en femenino para verlo.

En la Antigua Grecia, la que llenó el modelo de lo socialmente deseable para una mujer fue Penélope. Esposa fiel, nodriza, tejedora de rueca, ungidora de aceites, madre del heredero. Plácido descanso del guerrero.

El Cristianismo no cambió el modelo: le agregó matices. A María, madre de Jesús, se la siguió venerando por ser la perfectamente disponible. La que escucha y asiente, la que media, la que acompaña, la que sufre y calla.

Estos fueron los valores "femeninos" que han traspasado la historia y toda mujer que no quería ser puesta en entredicho debía lintentar reflejarlos porque era lo que la hacía admirable y aceptada en sociedad.

La Edad Media fue una época extraña. Recordemos que fue el momento de las grandes abadesas (Hildegarda de Bingen, Juliana de Norwich, las de las Huelgas...) que tuvieron un poder y una autonomía tan elevados que sólo dependieron del Papa. Fue el tiempo en que las mujeres ejercían como médicos "de facto" gracias a su conocimiento de las plantas y seguramente también a esa exquisita capacidad de observación que su especialización en lo privado había desarrollado tan eficazmente. Lástima...ni el poder ni el reconocimiento de su sabiduría les duró mucho.

Ya cercanos al Renacimiento, nace un nuevo matiz en el imaginario social de la mujer: aparece la musa. El amor cortes que floreció en tiempos de Leonor de Aquitania, la convierte en fuente de anhelo de poetas y caballeros. En aquel entonces, la mujer agregó a su paradigma, el de ser impulsora de la creación. La dama y sus " cortes de amor" domesticaron la erótica masculina y ellas, se constituyeron en preciosos objetos de culto. Por una vez se la sirvió, pero solamente en versos. Para ello, la dama tuvo que mantenerse en lo alto bella y muda, cultivando acaso un leve gesto desdeñoso que mantuviese la tensión amorosa jamás resuelta. María madre y María dama, se encontraron en los altares de Europa y consagraron la cara y la cruz del ideal de ser mujer.

La mayoría de las mujeres reales continuaron sus ciclos continuos de embarazo y crianza, para hacer honor a su identidad. No hicieron historia. No las cantó nadie. La mayoría murieron jóvenes, oscuras y agotadas. Como siempre, hubo algunas que dejaron establecido que eran capaces de pensar y escribir con excelencia. Tanto, que sus nombres relucen. Para ello tuvieron que vestirse un hábito y casarse con Dios. Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz son buenos ejemplos. Mujeres solas, sin hijos.

Y las décadas pasan y la historia sigue su curso pero, para las mujeres, las cosas no cambian demasiado. Conviene recordar que incluso durante La Revolución francesa, Olimpia de Gouges, murió en la guillotina por haber pretendido nada menos que extender los famosos "derechos del hombre y el ciudadano", a la mujer y ciudadana.

Y luego llegó la Revolución industrial que la sacó por fin de casa, pero dejó intocado su deber ser social. “El ángel del hogar" tuvo que conciliarse con la que salió a ganar duramente su pan y el de los suyos, sin perder el estatus establecido.

A estas alturas, seguro que más de alguien se pregunta qué tendrán de malo estos valores a los que continuamente me refiero. Lo cierto es que la disponibilidad y vigilancia constante, el volcarse en cuidado amoroso de lo pequeño, son sin dudarlo, los valores que sostienen la vida: sin ellos, la humanidad volvería rápido al gruñido, al garrote...a la soledad.

El problema es que al llamarlos "femeninos" se ha exigido encarnarlos en exclusiva a la mitad de la humanidad y fue precisamente de esta exigencia de la que se derivó la marginación social que tuvo que sufrir la que se atrevió a trasgredir el único modelo social  de ser mujer. A aquellas mujeres que se atrevieron a vivir de acuerdo a valores considerados "no femeninos" como la autonomía, la independencia o la fuerza se las marginó de una manera insidiosa. Se las convirtió en invisibles.

... Safo, Aspasia, Hipatia, Hildegarda de Bingen, Olimpia de Gouges, Artemisa de Ghiberti, Beatrix Potter, Mary Shelley, las hermanas Brönte, la hermana de Mozart, Clara Schuman, Sophia Hayden Bennett, Marion Mahony Griffin, Eileen Gray, Lilly Reich, Charlotte Perriand, Frida Khalo, Mary Cassat, Camille Claudel, Juana de Ibarbouru, Alfonsina Storni, Carson Mac Cullers, Karen Blinxen....son las famosas: a las demás sólo las podemos intuir.

Lo cierto es que existen muchas maneras excelentes de ser mujer. Aquello que tienen en común todas ellas es que no son la mera repetición del modelo que su época les brindó. Detrás de cada una hubo imaginación y valor para vivir lo que su naturaleza (como hubiera dicho Platón) le exigía para sentirse íntegra.

Mujeres así ha habido siempre a lo largo de la historia, pero a muchas no las conocíamos. Vaya un profundo agradecimiento para las historiadoras que han escudriñado en sus márgenes y nos las han devuelto, porque detrás de una mujer que se ha atrevido a vivir valores como la autonomía, la fuerza, la opción decidida por la propia tarea sin posponerla, hay una mujer que abre brecha para otras. Les está enseñando con su ejemplo, que se puede.

Para ello es necesario saber enfrentar la marginación y el ridículo, sin romperse ni amargarse. Pienso en las imágenes satíricas de las sufragistas, en las "literatas", especie de engendro cursi de los salones, pero... con ello, hay que aguantar la sonrisa y persistir en la tarea porque quién se queda en la queja o abandona está perdida. Sólo suscitan seguimiento las vidas plenas. Una mujer que vive así es alguien que ha conseguido hacer de su vida, una con firma y rúbrica y reitero, como a las mujeres no nos sirven los modelos masculinos para imaginarnos la nuestra, tenemos que conocer vidas de mujeres "alternativas" para aprender a vivir.

Sugiero que leamos muchos libros. Tenemos que anclar en obras como "Antígona", donde brilla una mujer llena de fuerza -estos griegos fueron magníficos para cantar a los vencidos- Es fundamental conocer a tiempo obras de mujeres que han reflexionado sobre sí mismas. Simone de Beauvoir y su " Segundo sexo" debiera ser de lectura obligada para todas, Virginia Woolf y "Un cuarto propio", la obra maestra de Marlen Haushofer , "El muro"... Tenemos que ayudar a poblar el panorama de vidas de mujeres diferentes al uso. Tenemos la obligación moral de hacerlas continuamente visibles.

Nunca ha sido tan necesario como hoy vivir el matiz, la combinación inédita, la fantasía y con ello, la exigencia de buscar y encontrar a nuestros semejantes: a esos hombres que también han descubierto la riqueza de la parte que tradicionalmente se les ha negado y que son capaces de expresar su afecto y sentirse vulnerables, que saben cuidar, acompañar e incluso posponerse por nosotras con naturalidad y sin reproche porque esos bellos valores que nos habían sido asignados en exclusiva a las mujeres y que han constituido hasta ahora nuestra heredad, hay que seguir viviéndolos y compartirlos con la otra mitad de la humanidad para que la vida humana siga siendo posible

En lo personal, quizá por temperamento nunca quise ser Dulcinea, nunca Laura de Noves, jamás Beatriz: no me gustaba el papel de musa. Agradezco profundamente a todas esas "locas" mujeres del Romancero castellano que se iban por esos mundos de Dios... todavía hoy, canto sus historias con deleite en mi cocina.

Mi primera heroína fue Jo, de " Mujercitas", la que escribía novelas encerrada en el desván mientras comía manzana tras manzana. En mi adolescencia, Antígona fue un auténtico deslumbramiento y la convertí en mi enseña pero, a la vez junto a mí, observaba también vidas de mujeres reales que no necesitaban ser completadas por la presencia de un hombre para vivir y pese a sus contradicciones, las preferí a aquellas que vivían soñando con el príncipe que las sacara de apuros.

He podido ver y compartir películas maravillosas como "Tomates verdes fritos" que nos enseña ese esplendido proceso que que recorre toda mujer que se empodera y aprende a gritar -¡towanda! -frente al abuso. "Thelma y Louise " fue una verdadera catarsis. Aprendí con sus protagonistas que cuando las mujeres descubrimos nuestro poder, no podemos ni queremos volver atrás, porque se ha vuelto simplemente.... imposible.

Para mi niño que cumple dos años







Txo, txoritxo, gossito, cavalettito....Enzo:



Cada día tus nombres deliciosos me vienen a la boca a veces uno, a veces, otro y suele ocurrir también que en tumulto, me llenen de ambrosía.... los paladeo largo  y  marcho después  a mis quehaceres con la lengua fragante y el corazón saltarín.


Cuando era pequeña, mi madre me contó la historia de un niño con abrigo azul y rizos dorados que había caído una noche en el desierto desde algún desconocido planeta. Me hizo amar aquella historia escrita únicamente para quienes conservaran un corazón de niño.

Un viaje...





Cuando llueve como hoy
una que fui
se me escapa por calles
invictas de memoria...
Te busca en patios derruidos
en los que deposita alucinadamente
geranios, pelargonias, malvas...
frecas aun.
Dobla esquinas y choca con estatuas
que devuelven bofetadas de gozo.
Culebrea absolutamente recta
en un mapa preciso que ya no corresponde...
Jadea sobre un pretil que absurdamente
tiene tu gusto y...está a la vez
¡tan desoladamente insípido!

                                                              de "La seña del cantero"

Poemas de la pérdida...







No hay otra manera que estos poemas balbuceantes, para poder hablarte hoy, en que para mí eres pura ausencia, amatxu.



Entre palabras voy
empinándome al borde
de lo que parece que
una vez me dijiste...
Pero...¿si?
Hay una inmensa zona de escucha que se agranda...
Sé que no es hora de inventar palabras, 
sino de rebañar el último resto de sílaba 
que  mi mente preserve...
Voy con la boca agridulce hacia el teléfono
 y no estás.
Tampoco me resulta el móvil interior
 y no me gusta inventar sino aquello
de lo que realmente estoy segura.
Tan cerca, tanto...
casi a punto
lista para sonreír a tu niña...
 a tu negrita
y para que ella se muera de nostalgia
de lo que es una ancha mar en otra orilla
a la que nunca llegaré ...
pero el intento...
ese de cubrir a fuerza de brazos el abismo
ese...se morirá conmigo.

.................
Chupo tu nombre!
Se me llena la boca de un amor que me alza 
y me deposita siempre salva en orillas
que tu nombre inventa para mí a través de las lágrimas.
A veces me cuesta sacarte de la boca  
envolverte despacio y guárdarte para luego...
Otras veces lo palpo, otras lo huelo, lo pongo contra el sol
para captar la veta del ámbar de tu nombre...
Llevo tu nombre envuelto en el calor de mi mano aterida
luchando contra el ansia de mascarlo...
..............

Te has vuelto de espaldas
y sólo es la sombra que proyectas
lo que acerca hacia mí tu cara oculta...
Es otra forma más de dialogar contigo.
Ahora yo me invento las palabras
y las  dejó caer como miguitas que nadie comerá
porque no hay aves, ni sendero tampoco
En realidad...tu sombra es el reiterado garabato de mi pena.
Te reconozco oscura, más oscura que todo, más oscura

...................

Eres ahora como los muertos acostumbran:
espléndidamente elocuente.
Todos dominan de manera perfecta
el secreto corazón de la retórica
y nos dejan sin capacidad para la objección.
Asistimos a un parlamento
que pese al poderoso daño que nos infringe
anhelamos se mantenga incesante...
No hay nada más penoso
que ese sentir enmudecer a un muerto amado
que se vuelve de espaldas y se tapa
con ese viejo gesto de los antiguos senadores, la cabeza
De pronto y por entero se vuelven  estatuas de sal viva
más duramente locuaces todavía...
...................

Quizá nos encontremos en el silencio.
Me pondré a tu derecha y seré delicada
acercaré la lámpara
y te tocaré tan sólo con la lengua
con la lengua mojada de decires...
te lavaré, morada, como púrpura, la herida...
Quiero volver a aquel anochecer viejo en que no quise ver.
Me tragaré tu soledad como un elixir
degustaré  las notas delicadas de lo pútrido...
Aceptaré que me invada el aroma del despojo.
Me untaré en los pulsos el perfume de tu muerte...

..............
¿Quién va? 
¿ eres tú la que pasas
entre dos silencios y un aroma?
Eres apenas posada sobre este día
que se parece al tuyo...
Me pregunto...
estarás desandando y titubeas...?

...................

Subo 11 pisos.
Una flor nueva de hibisco. Es roja.
Cruz de Jerusalén.
Manta.
Tus pies en las sandalias...
Todo es tuyo.
Lo tienes todo,
todo todavía. 
Te voy a contar...
Te voy a besar primero.
Voy a acomodar mi banqueta antes...

Estoy sintiendo el tiempo
que era suave,
irse suave...suave.


Devanando en rojo...


                                                           Para Enzo, que eligio el rojo como su primer color...

No sé por qué, tal vez porque agosto se va y se va en rojo... y el rojo siempre arde,  único color que tiene un corazón palpitante. Es el único del que se puede morir por exceso, porque el rojo siempre hiere, aunque pueda ser deleitosa la herida. Porque es el  único  que va más  allá de lo bello o lo terrible y lo vuelve inefable,  puro magma en lo hondo. Agrega un punto de  transgresión a la más anodina vestimenta...basta un  pañuelo, un ribete, una cinta. Es el color de los rebeldes, los mártires  y de las fresas salvajes. De  la llaga de la saeta y de los amores que no curan... es el color de ciertas auroras y de los labios mordidos.

 Y van rojo y agua caminando juntos como dejó dicho el viejo refranero: "Cuando aparece al amanecer hará al agua mover"... y sin embargo tan contradictorio él, es también el dueño de la terracota del secano. Colorea vida y muerte: reluce en el desborde de la vida que empieza y también  mancha el filo de la daga que la derrama ... y es un misterio su brillo, su fuerza, su alegría, su derroche cruel.


El rojo asusta a la sangre azul. No es extraño. Se ha convertido demasiadas veces en los púrpuras de la masacre, porque rompe los diques de toda contención y hace brotar imparable el grito, el puño y el son apasionado de las canciones que llevan a la batalla y consuelan en el horror de la trinchera... Ay, Lili Marlene!!  El rojo, rúbrica inevitable del campo del vencido, también se vuelve bermellón sucio, estropeado escarlata, envilecido rubí...


 Pero reluce limpio y refrescante en las llamas de la infancia y en las cerezas del verano. En los cuentos, la hora del color rojo es la más  apropiada para que los niños espabilen el sueño y escuchen las hazañas y los dolores de los antiguos. No es un color de cama sino de lar. Es el color de la brasa conservada en medio de la ceniza  a la que acuden los muertos a calentar su nostalgia y luce en  la   luna llena de ciertas noches bravas. Es el color del sol de Platón y de la enseña del arcángel Uriel, el más bello y misericordioso de los ángeles.


Su ambigüedad le permite lucir en los ostentosos púrpuras que cubren a los poderosos  y ser también el color del escarnio: la letra escarlata sobre el pecho de la señalada.
 Es el color-alerta y sin embargo también el que ayuda a dormir en perfecta paz, después de ese delicioso y  cantarín ..." y colorín colorado, este cuento se ha acabado"

De hierros y legados.

Mis hierros.


Recuerdo que cuando leí Mujercitas, quedé encantada con el testamento de Amy. Me parecía hermoso y significativo eso de dar destino a cada uno de los objetos que amaba. Tenía muy pocas cosas en aquel entonces, pero según recuerdo me inventé mi propio documento muy historiado, tal como gusta a los niños, que  escondí convenientemente como también les gusta y que se perdió en uno de los múltiples trasiegos familiares que me llevaron de un lado a otro durante mi infancia...


Cuando más tarde conocí los romances Castellanos, me  volvió a encantar la costumbre del legado. Aquella mitad de moneda, aquel anillo, servían  más tarde  para poder reconocerse. Hay ciertos legados que son preciosos, porque nos transmiten lo más delicado de la vida. Son translucidos y secretos, porque que sólo quien recibe, sabe. Son los más bellos quizá, porque mueren con uno. Poseer algo de esta manera abriga, preserva... la vida me ha ido enseñando cuánto.
Mis cosas bellas, las que tienen valor en sí mismas en razón de su propia belleza, ya han sido legadas. Cuando yo no esté, otras manos se harán cargo del Buda, de mis cuadros, de mis anillos, de mis libros... y serán manos amadas.

Pero algún día en un junio aún por llegar, haré una gran pira en mi jardín y allí irán cayendo, cada una de mis cosas pobres, las más personales que tengo. Lo que nadie sino yo puede cuidar. Nunca serán motivo de deseo para nadie, porque nadie sino yo percibe su valor incalculable.

Cuando ya no estemos, alguien abrirá nuestro armario, el cajón de nuestra mesa y decidirá, pero hay algunas cosas, pocas,  sobre las que no quiero que nadie por más amado que sea, decida. No las dejaré al azar.
……………………….

Era una tarde de agosto, cuando un niño que era una pura gavilla de sol, me lo entregó orgulloso y jadeante con su manita sucia... ¡Mira amá, un regalo! ¡Mira, para ti! ¡Qué no te lo quite nadie! ...y en mi mano en cuenco se deslizó un anillo de hierro que había encontrado entre la hierba y que me colocó todo ceremonioso en el dedo meñique. ¡Qué elegante amá: no te lo quites!
 Como " la Magdalena de Proust", ese pedacito de hierro, guarda la llave de un idilio, en el que aquel niño fresco y flexible como un brazo de mar, me refrescaba el alma con su risa constante, porque entonces era mi niño. A veces, en la claridad del primer verano, vuelvo  a insertar el aro de metal en mi dedo pequeño, para sentir de nuevo correr y abalanzarse sobre mí, besos y risas, conversaciones intrincadas en la cocina, promesas de amor  eternas "hasta el infinitoooo"… y calor, un  calor delicioso, que ni mi alma ni mi anillo han olvidado.
...:......................

...tiene 11 años y acaba de cruzar el mar durante un largo mes, y se siente  perdida caminando por un puerto que le es totalmente ajeno, hasta que  de pronto le sale al encuentro el que será el primero de sus hierros: pedazo de metal retorcido sobre sí mismo, un abracadabra en forma de Epsilón, caliente del sol de mediodía que despierta sus ganas y al recogerlo, inaugura el puerto de Montevideo,  que se convierte en su rayuela particular, mucho antes de haber leído la novela de Cortázar...Desde aquel momento, es cosa de mirar mi Epsilón  y que yo recupere la inevitable sensación de expectativa del tiempo por venir… 
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Mi padre, único conocedor de mis amores herrumbrosos, me trajo de mañana, una vieja herradura encontrada en calle San Diego de Santiago, por la que después de una larga noche de trabajo, volvía a casa. Desde entonces ha lucido en los dinteles de todas mis puertas de entrada, preservando ese gesto por el cual él quiso legar suerte a su hija. Ahora, tantos años después, sigue siendo mi llave a sus ternuras... las viejas y carcomidas novelas de Baroja que buscaba quién sabe dónde para mí, las manzanas verdes y jugosas que ambos compartíamos y que ahora que no está, me hacen levantarme a media noche a buscarlas…su torpe mano cariñosa, su aroma limpio y salobre que esparcía su querida presencia al abrazarme... vuelven. Vuelve ese entristecer brusco cuando termina la tarde, ese disfrute único del abrazo de las aguas del mar de cualquier puerto, ese miedo acurrucado en el vientre, tan castigado por la pluma y que son su muesca en mi alma.
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En la catedral de Salamanca, mi madrina trapichea un par de clavos torcidos hechos a mano con su habla cantarina. Han sido recién extraídos de una puerta muy vieja y ella me los entrega al salir como un regalo precioso, una mañana fría de noviembre. Y ahora, cuando los acarició de anochecida, ella que aun viviendo ya se ha ido, sigue inundando mi cuarto del fulgor de las flores que me regaló tantas y tantas veces ...rosas, fresias, calas, girasoles, ranúnculos, anémonas, margaritas, adelfas, saúco ... Aquellas patillas de geranios robados de las tapias de sitios inverosímiles, vuelven a esparcir su aroma antiguo y transgresor. Siento el tintineo de la taza de té que dejó tantas mañanas junto a mi cama...la escucho establecer nuestra complicidad de chorros abiertos, manos bajo el agua y medias palabras sabrosas.... ¡Qué hermosa y qué rubia luce siempre, acariciada por el conjuro de los clavos de Salamanca!
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La palanca la encontré yo en  una hondonada rocosa, cubierta por la pleamar de El Tabo, y con ella en mi mano, soy dueña de nuevo de la plenitud de mi juventud tapizada de hojas de toronjil. El sonido de una mar un poco lejana, el frescor de arena alunada y los signos cabalísticos  de las huellas de codornices transitando hacia el boscaje… vuelven. Siento otra vez el abrazo trémulo de la hora de la siesta toda húmeda aún tras la larga nadada,  el crujido de las novelas interminables con las hojas manchadas de arena...Vuelve la tersura a la piel y recupero los decires apasionados, las brazadas de horas por vivir, las siluetas esbeltas de mis hermanas a lo lejos...

... Todo esto se esconde en la cábala de unos hierros que no puedo legar





Acerca de cuartos propios y ajenos.




Cuarto de Virginia Woolf en Monk`house


Para cada uno de nosotros existen sin duda, libros emblemáticos. Uno de ellos y además leído en  edad influenciable, es para mí el famosísimo "Un cuarto propio" de Virginia Woolf, escrito en 1929 y redescubierto allá por los años 70. Lo leí como se lee todo lo que nos apasiona, sin detenerme, juntando sombra con alba hasta terminar... Creo que la razón fundamental fue que era una muchacha apasionada que escribía y que justamente en su libro, Virginia, señalaba las condiciones que hacían esa actividad posible para una mujer, algo de lo cual yo me había vuelto extremadamente consciente. 

 Entendí el cuarto propio como metáfora de ese tiempo sin intromisiones, fundamental para quién necesita como el agua, tan a menudo, ensimismarse. Entendí también la importancia de esa pequeña renta liberadora que ella establece como condición necesaria para poder persistir en el ensimismamiento.

Virginia, como es inevitable, pone su vida sobre el tapete a la hora de reflexionar. A ella, no le faltaron, ni el cuarto, ni tampoco, la pequeña renta. En su caso, la figura de Leonard Woolf, su marido, también fue decisiva para su quehacer. Al lado de una mujer que necesite el "encierro" como atmósfera particular, sólo es posible la presencia de un hombre muy especial. Alguien que como Woolf, pudiera posponerse generosa e inteligentemente, al servicio de otra excelencia distinta de la suya, algo poco habitual entre los hombres. Virginia agregó también que las escritoras no solían tener hijos, los grandes obstáculos emocionales para un ensimismamiento  concebido casi como plan de vida.

Cómo siempre he tomado tremendamente en serio la literatura, este libro se convirtió para mí en una especie de guía que he releído

Pigmalión




                                                                                                  a  mi madre.


Ya lo sé que te hiero.
Mi palabra cincel
labra las estaturas de mi miedo
pero lo empuña una mano
qué junta a tus dolores
terribles goterones de dedos machacados.

De amor es la tarea.

Busco llegar allí
donde la veta responda
al nombre de los primeros días
Donde seas tan nítida
y tan reconocible
que te brote la sangre.

Sólo entonces
recobraré mi mano
en la caricia enjuta
del dedo que toca sin tocar
y que se sana así
y así restaura...

Verás
no puedo sustraerme
la vida se me va
y se te va en escombros
y me quedan muñones
que se aferran
en locura tenaz a su servicio.
Llegar llagada y rota
no me importa...
¡Sí lograra encallar en la que eras!

Cita con mi madre.





Hoy, al anochecer, cuando bajaba de la biblioteca, sentí como descendía desde las copas semidesnudas de los tilos, un vientecillo decididamente frío que me dijo quedo – Oye, que…¡todavía es febrero!- pero yo no llevaba puesto mi gorro ruso y  por lo tanto, no me lo creí. Pensé en castañas y busqué alguna rezagada en mi bolsillo pero enseguida supe que hubiera sido tarea de setiembre, esa de inclinarme en el parque y elegir la que me hubiera acompañado a lo largo del invierno... En fin, a mí, los meses se me han confundido últimamente de mala manera entre ensimismamiento, lecturas y pena -

Fíjate que ya está al caer la primavera  y solo me doy cuenta porque me lo dice el calendario cuando cada día, apunto las ausencias de mis alumnos… ya ves, y sin embargo, casi frente a la reja a punto de cerrar, recordé perfectamente que hoy, 30 de noviembre, hubiese sido tu cumpleaños y… se me vinieron encima, mientras cruzaba, todas las zapatillas de fieltro, las tazas gigantes, los poemas de caligrafía  esmerada, aquella margarita articulada que tú nunca terminaste de creer fuera obra mía...Y fui recordando los libros, las conferencias, las historias que te he ido regalando a través de los años. Aunque...si es noviembre, de dónde ese plumón en los tilos o...¿será de verdad, febrero?  A mí, el frío y los meses siempre me pillan de improviso ... ¿Es o no es hoy, tu cumpleaños?

La casa está oscura y sola cuando llego. Empujo la puerta y ningún gato me sale al encuentro, ninguna voz... Abro mi viejo bolsón todavía a oscuras y dejó sobre mi mesa el trabajo del día. Me he traído de nuevo a Statieva. Una y otra vez vuelvo a ella. Siempre. Leer esa palabra suya tan sabrosa se me ha vuelto costumbre, le pone tono a mi hora...la sostiene. He leído sus cartas, sus poemas y...me parece como sí hubiéramos coincidido muchas veces en muchos meses equivocados, en muchos paisajes distintos, en ciertas rebeldías, en una radical intransigencia...

 Creo que no alcancé a hablarte de ella. Te hubiese gustado la poeta rusa. Más que su poesía, su destino y sus cartas. A lo largo de muchas tardes, de muchos desayunos parsimoniosos en que hubiésemos degustado con gusto del circunloquio, habríamos hablado de ella, de sus amores difíciles, de esa su lealtad tan extraña que la llevó a tener que matarse en Yelabuga, un mes de agosto. Si, seguro que te hubiese leído algún fragmento como éste tan hermoso. Me acerco a la ventana y a la luz de la calle, te leo bajito como sí aún estuvieras ahí escuchándome atenta...

 “La poesía debe serlo de las cosas que nadie necesita. Es el reino más pobre y más sagrado de este mundo” Mi reino, nuestro reino, Marina.

 Ha sido tarde de correcciones. Tres atados de exámenes a lo largo de estas horas sin pena ni gloria.  Planas y áridas hasta que me encontré con su nombre impronunciable ofreciéndome lo único que puede saciar mínimamente esa  hambre que me corroe. 

..."Toda la vida se divide en tres periodos: el presentimiento del amor, el hecho del amor y el recuerdo del amor" dice ella. Yo también lo pienso.

No sé de esa satisfacción que dicen que se siente por el deber  cumplido. A mí solo me procura placer lo gratuito. Cumplo escrupulosamente con mi trabajo pero en mí, sólo es débito. Tú sabes bien que vivo con ese deseo obsesivo de volver al libro, a la página en blanco, a la conversación contigo... A mis cosas.

Me quedo un momento en silencio en la sombra que se adensa, deseando ardientemente recuperar un ardor que siento que he perdido y la carencia tan sentida me conforta. Sigo ardiente en desear . Me gusta sentir hambre todavía y...

"Apoyando la cabeza, oír los recios pasos hacerse más ligeros, y cómo el viento mece el bosque somnoliento y desvelado..."

Reverbera todavía un destello de luz en el alfeizar como siempre a esta hora y como siempre, me resisto a cerrar la cortina. Observo los ciclámenes convertidos en pequeños fantasmas allí afuera… ¿Cómo hiciste para conservar hasta el final esa capacidad de resonancia tuya?  Ay, verte una vez más, sentada en la esquina del sofá con la cabeza hacia atrás, perdida en lo tuyo con el libro abierto y tu dedo suave como punto de lectura... Sí, como cuando te creías sola y sonreías a veces ensimismada y era agosto. Sin embargo, soy tan duramente apasionada que como Marina, prefiero haberte perdido entera a conservar sólo una centésima de lo que eras.

Te llamo quedo y me sonríes con tu sonrisa piadosa, aquella que sigue atravesándome de amor hasta el hueso. Es tiempo de castañas, te digo bajito. He vuelto a sentir el humo al volver hacia casa, pero no. Pasó octubre y...parece que también se me pasó noviembre.

Enciendo la candela color ámbar frente a tu rostro intacto. La miro oscilar suave, suave…Cada jirón de sombra es un conato de palabra que te escucho...Esta soledad mía está casi cicatrizada. No me duele sino ciertos días especiales como ahora, aunque despierto siempre con una pena que la noche ha vuelto cuchillo. Ya no tengo que ocultarte nada de lo que sienta, para evitar hacerte sufrir. Nada. Sé que es solo mi corazón aterido el que se dice...Tú, ya no cumples años.

 No hay luna ni siquiera menguante; es sólo de farola, la luz que penetra oblicua… Yo hubiera deseado el fulgor delicado del ramaje frente a la ventana pero ya no hay hoja, no queda una que no haya sido pisada y barrida. Pero, no, no...eso fue en octubre. Ayer había brotes que destrozó la lluvia inesperada de la madrugada. No sé qué conjunción de luz está dorando ese precioso rostro tuyo… mataría en este minuto a quien se atreviera a encender la luz.

Tú sabías como Marina, que la ausencia podía ser como un gozo sacado de un baúl de sueños. Que podías vestirla y obligarla a comparecer en tu presencia, ausencia-fiametta, titilante como tú ante mí, ahora. Me mostraste muchas veces aquellas, tus ausencias preciadas que aparecían un poco polvorientas, como capas en jirones que conservaran todavía la textura del tiempo de la seda. Marina también sabía que en el punto más desolado y sórdido de la vida podía surgir la belleza, si se estaba suficientemente atenta aunque terminara quejándose como yo, a veces.

...del santuario donde todo es sueño e incienso, 
mis versos de juventud y de muerte 
-¡mis versos, que nadie lee!-
yacen...

Sus versos le pesaban ya ves. Sin embargo, en esta noche precisa agazapada entre meses, yo los leo para ti...

 Y ... ¿Si de verdad fuera noviembre? Ese mes de flores anegadas y tardes vertiginosas. Sí, porque aunque el tiempo parezca haber archivado definitivamente aquello que fue un presente compartido, a veces los días tropiezan como ahora y se vuelven hacia atrás a trompicones y me traen mágicos retazos de lo que obstinadamente sé que fue. Es entonces cuando me voy  inevitable hacia  donde tú  siempre reluces...

Estoy apurando a sorbos lentos tu presencia de llamita y tiniebla…y ojos vueltos hacia lo que me duele y me deleita. Marina me ayuda.

"En la palma de la mano tendremos 
la luna, si nos place"

Es la pura verdad. A mí...me place. A mí me places y te tengo en la punta de mis pestañas...

Ha empezado de nuevo a llover, pero esta vez es lluvia mansa. La luz oscila en su rescoldo apenas y ya a punto de tiniebla total, antes de que alguien encienda la lámpara y vuelva a confundírseme el calendario y nos lo obligue a marzo, le murmuró a tu rostro soberano ... 

....porque aunque tal vez, haya pasado noviembre y tú ya no cumplas años, sé que me escuchas.

Camino con ciprés bajo el cielo estrellado (Auvers sur Oise,1890)





                                                                                       ...y en él Ofelia pasa


La vida fluye
y se lleva en el cauce
la belleza
(aunque ahogada
adornada como nunca)
y como nunca
bella…
Símbolo de parabienes
humilde cornucopia
va dejando adherido
a nuestro darnos cuenta
hebras de luna
anhelos de ciprés descoyuntado
una que otra voluta de humo
huellas de una carreta
 y pasos.

La vemos casi cerca
de la hora finita
lista para la confusión
y el remolino eterno.


II-Fragmentos a vuela pluma ...







Un simple viaje en coche por un camino tortuoso y solitario a altas horas de la noche. Precisemos: de Bayona a Sara mientras la luna llena me sitúa en un estado de ánimo propicio a la dulzura. Llego al convencimiento de que cierta belleza que emerge de las cosas adquiere, al ser degustada con parsimonia y deleite, la capacidad sanadora de un bebedizo mágico.

Luego, al dormir en lo alto, lujosamente envuelta en sábanas color guinda, frescas y un poco crujientes...la pócima acrecienta su virtud.

Y...al sentir en la duermevela, el trancurrir silencioso de las horas y, despertar sobre el lado derecho frente al impacto del viejo castaño al que adivino los arrullos y bajo sus ramas bajas, la frialdad todavía nocturna de mi banco... el del poeta, el licor se convierte en elixir de gozo

Me lavo más tarde bajo luz cenital y agua de vertiente untuosa y decididamente fría con una lentitud de verano que empieza...

El día, frente a mí, como una sábana blanca y translúcida... orea. 

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¡Déjalas ir!
Desata suavemente las amarras. 
Observa la deriva de
las voces y la hierba y
 la acacia de antaño...
Permite que tus sueños las acompañen
 confundiendo las fechas...y
que la luna y el sol bailen en la penunbra...
¡Déjalas ir!
Confía en que
de una u otra manera
 regresarán más tarde...

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La traición del invierno
 es deleitosa. En plena bruma
 la llamarada del aromo
súbita...
y con ella, el ardor:
esa caída brusca de rodillas
esa mudez por puro exceso
anunciadora.

Nada muere agostado.
Es seguro: la muerte
apagadora de candiles...
¡sueña con llamas altas!

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Siento el tachón en mi última palabra
contra mí vuelta por fuerza de
una desoladora implosión de 
lo que estaba junto aunque tenue...

Mi labor es rescatar escombros
 de fantasmas aunque... estoy en un tris de
que salten por los aires cada
una de las frases que hasta ahora
eran verdad pues consistían...
callo.

Adiós a Perséfone




                                                                                                         Para Marisol Ilzauspe.



Promediaba el verano
y de pronto
comenzaron a helarse los manzanos.
Dalias segadas cegaron
los caminos...
una huida de luna dejó al mundo en tinieblas.

¿A dónde vas, Perséfone?


Tu sombra n cubre los prados de dulzura
resuena aún la flauta acompasada
pero este cierzo a deshora nos ha herido
para siempre el locus amoenus.

¿A dónde vas, Perséfone?