Ceremonia para sobrevivir







Y...  llego con el mundo pisando mis talones
ensordecida, seca, casi descoyuntada
me arrastro de través cual naúfraga 
 con los ojos cerrados.
Poco a poco
un refilón de hortensia 
parpadea  azuloso en mi ojo derecho
el vuelo de mi  vieja dourinha
se confunde en el blanco raído del embozo
El violín quejumbroso de mis judíos pobres
inaudible acompaña
Me lo bebo en la lluvia
a ese vuelo perfecto y solo mío
que me alza costoso, que me alza

Que no interrumpa nadie ni nada todavía
ni siquiera un atisbo
ni un recuerdo por más rosa que sea
nada que no un reverbero apenas
es bienvenido

El vuelo recomienza  despacio 
 yo lo ayudo
 con mi voz que musita callada en los adentros
la dulzura del verso que fragua
cauteloso...

Un cielo...



                                                                                                         A Violeta Parra

Estarme
estarme en silencio oyéndote cantar anticuecas,
cuecas largas, cantos a lo divino, a lo pueta, el rin del angelito
mirarte bordar tus arpilleras,  formar tus cacharritos de greda
tus alambres, tus mimbres
pintar tus pequeñitos cuadros tristes...
en silencio, Violeta
a tus pies, sentada en sillita de anea 
con las manos sobre la falda
con mi oido bueno, con mis ojos de antaño
con mi corazón de diecisiete.

Secretos

 






Todo secreto tiene fisura, pero mientras se mantenga encapsulado mantendrá su estatus y quedará “aparte” como sugiere su etimología, porque todo verdadero secreto resguarda algo que siente como  trasgresión el revelarlo. El nivel y el estilo de las trasgresiones es diverso y las maneras de develarlo o resguardarlo, también. Algunos secretos llenan su nombre y a otros, les queda grande.  

Hay algunos que, en realidad, son trivialidades. Son secretos sin importancia alguna que tienen más bien que ver más con cierto tipo de neurosis, que con muestra de exquisito pudor. La vida social se nutre del compartir vida y el preservarla excesivamente seca la comunicación. Con una persona adicta al secretismo uno se aburre soberanamente.

Hay otros que son vergonzantes y sucios por lo que más que silenciarse, debieran ser olvidados ya que manchan tanto a quien los divulga, como a quien los oye. Se reconocen por esa especie de vergüenza ajena que recorre el ánimo cuando se desvelan. Si se guardan es para preservar lo que sentimos puro. Son esas vergüenzas que ruborizan, esas traiciones radicales… ese lodo. 

Existen también los secretos que resguardan, por así decirlo, la identidad del clan. Ese toque que hace tan sabrosa la tortilla, esa fórmula de la pomada de la abuela guardada en ollita de barro desde tiempos antiguos, aquella jaculatoria contra el rayo, aquel  preciso lugar donde se encuentran las mejores setas... Se permite disfrutar a los extraños de sus beneficios pero no se revelan las fuentes, porque el hacerlo sería algo así como un  pequeño acto de deslealtad contra quien nos los transmitió en razón de pertenencia. Es por respeto que callamos.  

Aquellos secretos en los que esté presente la belleza debieran ser revelados para evitar el que pudieran perderse, porque con el silencio se perdería algo valioso. El conocerlos puede ser doloroso, pero la herida que producen es cauterizada por la misma excelencia de lo que se revela  Son los únicos que exigen ser contados aunque, como son secretos de iniciados, se elige a quién y se guardan a menudo celosamente para que no pierdan su fuerza hasta que les llegue la oportunidad de ser conocidos.  De estos secretos se nutre la poesía.

 Quién quiera saber de secretos necesita una capacidad parecida a la que posee mi xilofón atrapa ángeles.  Tener algo parecido a la sutil melodía que atrae hacia sí la voz que murmura cautelosa  porque son fácilmente espantables los genuinos secretos. Se retraen al más leve roce de incomprensión como pequeños erizos....

Pero si se sabe esperar, si se es digno, más pronto o más tarde se haran audibles a nuestro oído atento, imprevistos y deliciosos como fragantes flores nocturnas.

Equilibrio.





Miró

Toda época equilibrada es parca en poetas y sobreabundante en  maestros y academias. Quién dice poesía, habla de desmesura. También de una suerte de carencia esencial para el cálculo. Recordemos que ya desde Platón, aunque cubiertos de honores, los poetas fueron  desterrados de la ciudad por ser una especie de solitarios remisos a todo objetivo común. Funambulistas, atentos únicamente a sus propias cabriolas. Efectivamente, el poeta no entiende de bien común. No acepta aguas que no sean las que fluyan por sus propios cauces porque simplemente no las entiende pero claro, estoy hablando de poetas no de versificadores, ni de estetas. Hablo de esos seres incómodos cuyas figuras se parecen a “la línea recta” de Miró.
El reino de la poesía es el de lo irrazonable.

Perspectivas







Uno de los grandes placeres que proporciona el sentido de la vista es el del disfrute de las distintas perspectivas que nos ofrece la realidad sensible con solo desplazarnos un poco como en danza  hacia adelante, hacia atrás, un poco a la derecha, inclinándonos levemente, poniéndonos de puntillas y así infinitamente.

En este juego todo se sitúa y resitúa para volver a difuminarse. La imagen se fija apenas un instante para quedar de nuevo velada por la vorágine del transcurrir. Quien siente pasión por la perspectiva sube a lo alto para poder expandir al máximo su gran angular y hacerse la ilusión de que domina el conjunto. En otro orden de cosas, es la misma ilusión que se hacen aquellos que creen que lo que piensan es la Verdad. Se sienten en lo cierto acerca de lo que creen porque su escorzo es más amplio, porque están más informados, más leídos, porque tienen más años o más experiencia. Se equivocan.

Empieza noviembre



Y ... llegó noviembre, el señor de los meses. Mi mes siempre se inicia con la deremonia de los recuerdos. Es inevitable.

 Esta mañana, me permití volver a las botitas de ante y a la mano de mi padre apenas rayaba el alba, para partir  con mi inmenso ramo de crisantemos, rumbo a la tumba familiar a escuchar otra vez la romántica historia de mi bella abuela muerta a los veinte y cinco años, mientras su marido navegaba... Me impresionaba ver mi nombre casi desvaído en la lápida... La última vez que fui, erré inutilmente entre yerbas y piedras...sin mi padre desapareció la brújula y ya no sé llegar... ¡ Salve, Begoña, la de las manos ligeras!

Fe difícil







El dedo no,
las manos hasta el codo.
¿La lengua apenas? ¡Jamás!
atragantada quiero hartarme de ti...
Un abrazo quisiera yo hasta el hueso:
una herida gemela de tu herida.
Solo así
cuando no vuelvan los pájaros
y la noche se olvide
ensimismada...

¡Creeré de verdad
que estuve viva! 

                                                          ( de "La seña del cantero" )

Regalos










A la primera un alazán
que la lleve hacia el viento que no cesa
A la segunda un sueño...¡qué la despierte besándole la boca!
A la tercera, una certeza juiciosa que le haga compañía cada mañana
¿Y...a la pequeña? ¡ay! a la pequeña quisiera regalarle 
solo... ¡un final feliz!

( de "La seña del cantero")

Requiebros.








Mi querido lobo:

Aunque no sea lo más usual, e incluso un atentado contra la mínima discreción, voy a dejar dicho públicamente y sin sonrojo, que me enamoré de usted al más puro estilo de Petrarca: apenas cruzamos la primera mirada. Sí señor. Como todo amor que se precie, el mío fue un amor a primera vista.

Amor rotundo, determinante, lleno de pavor ante la terrible posibilidad de no ser correspondido y por lo tanto obligada el resto de mi vida a cantar en versos procelosos al terrible desamor. No, yo no quería un amor funesto que me desgarrara y al que a pesar de todo, yo llamara bendito como hizo el florentino, refiréndose al tormento delicado con que lo castigó en vida y en muerte, la distante Laura de Noves. 

Informe de Venecia




Máscaras venecianas
 Te acuerdas de que una vez leímos que Venecia provoca  emociones fuertes. O se la ama profundamente, o se siente por ella una repulsa inmediata. Nosotros  la amamos desde el principio, cuando embarcados en el vaporetto que surcaba el Gran canal en medio de una lluvia cerrada, compartíamos espacio con un grupo de turistas desolados, vestidos como nosotros color verde-caturra gracias a las capas impermeables que nos habían vendido en la estación para protegernos de la lluvia.

 Fue un inicio divertido. Eramos un grupo de lo más estrambótico, que no quería perderse nada y pugnaba, todo ojos, por apropiarse de cada columna, de cada balanceo de góndola, de cada puente, antes de que la oscuridad de un atardecer prematuro, se lo fuera tragando todo...

El día siguiente fue el de la Laguna. Confundidos entre venecianos provistos de grandes ramos multicolores, tomamamos el vaporetto y visitamos la Isla cementerio San Michele, donde están enterrados Diaghilev, Stravisnky, Pound y muchos otros exiliados rusos a juzgar por la caligrafía de las tumbas... Luego se nos confundieron  los viajes y las estaciones y Venecia se hizo nuestra.

Maleta de Klara...






Las piedras no dicen nada...
ha habido demasiada lluvia desde entonces
Subo escalones bajo
transito espacios
que me dicen que eran...
Veo a lo lejos alambradas Todo me parece
un set de película bien conservado.
Y en una de esas... 
 me encuentro tu maleta, Klara 

Klara Sara
Goldstein
II Rote Kreuz
Gasses

 Pintura blanca sobre piel lo dice
Klara, eras alemana
(ese "Sara" infamante lo atestigua)
Viviste en Austria, en Manesbach
la dirección lo indica.

Sé también que jamás te fue devuelta.

En el fondo
tus zapatos bien lustrados con su trabilla intacta.
 Tu falda plisada de color antracita
y tu chaqueta ajustada a la cintura, encima.
He planchado tu blusa de seda, la del faldoncillo y
la he puesto encima de las faldas al bies...
desempaño el espejo de mano y
enderezo con cuidado el punto de lectura en
la novela de Henrich Mann.
He conseguido recuperar el broche de tu madre
en un anticuario de Berlín y
lo  prendo en la solapa de tu vestido bueno.
( el  negro y blanco de lunares)
Entre la seda de tu ropa más íntima está de nuevo 
Tosca, exhalando su fragancia de
de bergamota y limón de Amalfi...y
la cajita con sus agujas y el dedal de plata y
 tu peine y las medias y el cepillo de dientes
en su bolsa bordada, en un costado.
Están las cartas
(las he puesto al fondo de todo)
Encima la pluma y tu libreta de tapa negra 
Las gafas de repuesto  están enganchadas a ella...

No puedo saber  lo que guió tu mano aquella vieja noche
encadenada a un alba que jamás cuajó en día...
amor necesidad impotencia fatiga
Hay tanta niebla, tanto aullido entre las dos, Klara.

Pero ahora durante está mañana interminable
 sé para qué
he venido a Auschwitz:
 He venido a hacerme cargo de tu maleta, Klara.





Primavera en Birkenau



Vuelo de vilano...

Verdecían y ondulaban
tilos, abedules, arrayanes, mirto blanco... 
cuando se abrían las puertas 
quizá un vilano acarició una estrella
y escucharon a lo lejos música de carretas...
Un sol adolescente enjugó sus sudores...

¿Sucedió aún en Birkenau?
¿La indiferente belleza vertió su último aceite
sobre los rechinantes ejes de la esperanza?
¿Se pudo musitar aún, un retazo de cuento?
alisar una falda
encasquetar bien una gorrita
atar unos zapatitos viejos?

¿Husmearon la brisa al avanzar y se dijeron incrédulos
es imposible...
                                         ¡no se puede, no se puede morir.... en primavera!?

Tres poetas que hablaron de amor... Juana, Gabriela, Alfonsina




                          En mi repisa hay muchos poetas... muchas. Algunos de sus versos me fueron murmurados desde muy niña. Entre ellos están los de Juana, Gabriela y Alfonsina.

Las tres consiguieron, como dice mi querido Paúl Celan "dar a sus poemas la fuerza de resistencia de lo inmediato" y por lo mismo lograron  eternizar los variados matices de los gozos y sombras de muchas vidas que siguen sucediéndose a lo largo de las generaciones.

Las tres compartieron origen, época y una cierta manera de entender la poesía. Surgieron casi al mismo tiempo con un fulgor que deslumbró a sus contemporáneos. Se impusieron. Las tres fueron hablantes de español y para las tres el poema fue expresión de vida vivida antes que nada y sobre todas las cosas, tal como me ocurre a mí.

Su obra es fácil de conseguir. En cualquier biblioteca o librería medianamente surtida encontraremos antologías de todas ellas. La red es también un excelente medio de acceder a su poesía aunque yo   soy de las que todavía no pueden renunciar a la erótica del papel y al susurro de la hoja que se vuelve mientras leo. Acudo al libro impreso cuando no es la memoria la que me trae sus palabras...

Emily Dickinson, la poeta lacónica.



                                                              
"Indian pipes", la flor favorita de Emily Dickinson
                                             
                                                                                              

Si existe una poesía que cuesta entender y sin embargo emociona es la de  Emily Dickinson, que nació un 10 de diciembre de 1830 en Amherst, Massachusetts, Estados Unidos y murió el 15 de mayo de 1886  en la misma casa donde nació. Sin sus versos que alguien comparó con huellas de pájaros sobre piedra, habríamos perdido una senda hacia ese mundo inefable que solo a la poesía le es dado transitar.


Se describió ...." soy pequeña como el gorrión, y mi cabello es rebelde como el erizo de la castaña. Y mis ojos como el Jerez que el huésped deja en la copa».


 Le gustaba vestir de  piqué blanco, hablar sin que la vieran, preparar el pan de su familia, dar largos paseos con su perro y por la noche en la soledad de su cuarto,

Ramas de castaño en flor




 
 
Ramas de castaño en flor
(Auvers sur Oise, 1890)


Y.. .¿son del sur o del norte?
¿Dónde situaremos la delicia?
Espejismo bendito
de nuevo cuajado por un algo

que se niega a negar lo simplemente bello.
Por más que condenado
por más que fuego fatuo
anotado con temblor y reverencia.

Y no. No son del sur.
Tampoco el norte manda su heraldo
de tibia primavera…¡no!

Es el misterio de un anhelo humano
que se crea la patria
por puro desconsuelo de lo eterno
en una rama así siempre…florecida

De la otra parte...




Bruma


Existe una cierta dimensión de lo que vivimos que transita en el límite. Cuando deambulamos por esa "tierra" es como que  de pronto el espacio tomara la forma de una cuerda floja en la que  sentimos nos equilibramos. No nos damos demasiado cuenta del bamboleo, ni tampoco de la destreza de nuestras plantas titubeantes pero, un leve movimiento a veces tiende a desiquilibrarnos y nos obliga a apoyarnos levemente en algo que es ya otra dimensión, en la que encontramos extraños gozos, tremendos miedos, viejos dolores...

Deambular en el Reino de los muertos no le es dado a cualquiera: es necesaria la capacidad de degustar de una especie de saludable terror que se asienta en las vivencias de la infancia- a menos que nos hayan cercenado ese brote del espíritu, almas bien intencionadas y alicortas que piensan que no hay nada más deseable que los niños duerman sin sobresaltos-

Susurros.

U

Álamos al atardecer



Mi corazón susurra
vinieron pero
esta vez ...
tú no viniste.
Estoy sola
bebiendo el vino de la tarde, muda
Ya no hay oído gentil
cerca de mí
Han seguido pasando instantes y estaciones
el crisantemo se secó
murió la gata...
junto a mí juega alguien que no pudiste conocer

Te hubiera regalado en esta tarde
el tono de sentencia de la que fue...
nuestra hora de violines
el silencio habría extendido su poder junto a la noche
y la mirada habría prevalecido
con ese fulgor que da la poderosa intimidad trabajada
Pero tú...
ya no puedes venir.