Informe de Venecia




Máscaras venecianas
 Te acuerdas que una vez leímos que Venecia provoca  emociones fuertes. O se la ama profundamente, o se siente por ella una repulsa inmediata. Nosotros  la amamos desde el principio, cuando embarcados en el vaporetto que surcaba el Gran canal en medio de una lluvia cerrada, compartíamos espacio con un grupo de turistas desolados, vestidos como nosotros color verde-caturra gracias a las capas impermeables que nos habían vendido en la estación para protegernos de la lluvia.

 Fue un inicio divertido. Eramos un grupo de lo más estrambótico, que no quería perderse nada y pugnaba, todo ojos, por apropiarse de cada columna, de cada balanceo de góndola, de cada puente, antes de que la oscuridad de un atardecer prematuro, se lo fuera tragando todo...

El día siguiente fue el de la Laguna. Confundidos entre venecianos provistos de grandes ramos multicolores, tomamamos el vaporetto y visitamos la Isla cementerio San Michele, donde están enterrados Diaghilev, Stravisnky, Pound y muchos otros exiliados rusos a juzgar por la caligrafía de las tumbas... Luego se nos confundieron  los viajes y las estaciones y Venecia se hizo nuestra.
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Ya sé que tú te acuerdas de la rosa balanceándose junto al Rialto aquella mañana de enero, al amanecer. Yo también. No tengo más que nombrarte San Michele y un poco entumecido por el aire marino de los cipreses verás como yo, apenas desvaída, la difícil caligrafía de las tumbas rusas. También podría nombrarte la luna llena de invierno, sobre san Marcos pero seguro que entonces tus recuerdos volverían a querer entumecerse de nuevo al situarse un momento después de la cita con la luna, en la intemperie del vaporetto enfilando hacia el puente de La Academia y ... entonces, frente a nosotros, convertidos en mascarones de proa, desfilarían de nuevo las guirnaldas navideñas  rebrillando suavemente en interior mortecino de los palazzos...( Te prometí que lo recordaría siempre)

Estoy segura de que si te nombro el Lido no habrá en ti resonancia. Mejor dicho, la mínima que hubiera, se detendría en los salones magníficos de “Muerte en Venecia”, la de Visconti, quizá en el momento mismo que Asenbach mira por primera vez a Tadzio en medio de la magnificencia del gran salón. Yo,en cambio, ya estoy caminando por la playa desierta, en medio del  guijarro grueso, divisando a lo lejos la figura de ese caballero de mediana edad que camina lentamente con su perro y su soledad. Es otro retrato de Asenbach y me gusta como también me gusta la decadencia del hotel de Le Bains y sus ventanas cerradas y la nieve sucia de las veredas…( Tú, no me dejaste quedarme)

Y…si te digo de la Pescheria qué imagen se hará nítida en tu recuerdo Y si..., el Rialto a la vuelta de la Noche vieja, a punto de empezar a subir esa escalera constelada de estrellas bajas …¡ Seguro que no sólo la de tus empeines torturados por el cansancio y la humedad y si... si te nombro el largo paseo por la laguna ¿ será el viaje a Torccello ó la entrada en Venecia por el mar hacia el Rialto? Y si te nombro la luz,cuál será la que acuda ¿la de las últimas horas caminando entre puentes y campillos hacia la inmensa sala de San Marcos o la primera de la mañana del último día? Aunque... tal vez, haya aún otra Venecia que yo no sé nombrar porque esa es sólo tuya y...¡quién sabe! acaso ni tú mismo sepas decírtela!

Sé, lo supe en Venecia, que el amor es esa larga complicidad que hace posible que nuestros caminos vedados puedan ser transitados por alguien más que nosotros.  Aún más, supe que es el amor mismo quien pone las señales para que sea más fácil el paseo sin perderse. Es posible que pueda recorrer los que creo son tuyos. Acaso todo sea una ilusión y lo que yo llamo la Venecia tuya no sea sino  la insobornablemente mía y la tuya quede cerrada para siempre a mi imaginación.( Tú no escribes)

Además, en mi visión de la ciudad siempre late solo tu figura. Yo no estoy sino como conciencia que te mira. El tuyo es el único rostro que yo conozco en Venecia. Eres el espejo suavemente empañado de mi emoción. Te veo frente a mí en la "Hostaria del piccolo dolo", alzando nuestras copas en la raya de la medianoche. Te veo saltando gracil al vaporetto la última mañana. Me quedo mirándote repentinamente enigmático y bello detrás de la máscara de la paddura que te probaste en aquel campillo. Pero... entonces y esto también tienes que saberlo, en la bruma de tu mirada repentinamente diferente, empieza la Venecia que yo me inventé para los dos.

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 Me voy de tu brazo, caballero negro y bajo contigo a la más negra  y secreta de las góndolas. Es de noche y no veo al barquero. Tal vez no haya barquero. Quizá naveguemos a la deriva. Escucho el golpeteo del agua, reiterado, sordo contra piedra acolchada ¡Qué delicia es mirar sólo tus ojos! Además, en tales circunstancias sólo puedes decirme lo que quiero escuchar... No te contaré tus palabras (las más bellas palabras, las únicas capaces de saciarme deben permanecer indecibles ) Basta que sepas que el caballero domina todos los matices de la seducción: los versos delicados, las insinuaciones más sabiamente obscenas, las onomatopeyas más delirantes porque... los dos sabemos que el paseo es una farsa. Pero el saberlo no le quita un ápice a nuestro deleite. Nunca terminamos de llegar.  A lo lejos se divisa la laguna, más cerca se adivina la magia. Los dos nos sonreímos porque nadie puede impedirnos subir al salón más elegante y absurdo del canal y bailar toda la noche si queremos, a la luz de las candelas a punto de extinguirse... Cómo te gusto más ¿También enmascarada?...

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Poco a poco, parsimoniosamente, voy armando este puzzle al que llamo Venecia y adivino que en algún momento me daré cuenta de que todo calza. Entonces dejaré de recordar, mejor dicho, de bordar recuerdos y sentiré esa pena indefinible de quien ha llegado al final de su viaje. No importa puedo empezar en cualquier momento si un pequeño talismán me lo permite (ya sabes, "la magdalena )

¡Si supieras cuan extraño es eso de querer avanzar y no llegar! Siempre quisiera estar así, de pie, en la proa del vapporetto camino al Rialto. Sí, como ahora, en que los dos somos maduros pero aún bellos, dignos protagonistas de las historias que nos gustan. El problema es que ya empiezan a traspasarnos las nostalgias. Sentimos que algo nos atrae de manera cada vez más urgente hacia un futuro que se sumerge. Es el fulgor verdoso de la piedra, son los nombres y el aroma del agua. Hemos elegido un lugar para amarnos que se hunde inevitablemente pero nos gusta su sinuoso y exquisito deslizarse. Pensamos que en lo hondo está ese reino en que se reúnen todas las bellezas de las que nosotros, alguna vez, seremos parte. Nos gusta dormirnos, entonces, abrigados por el barro de esos sueño ¡Es tan peligrosa, Venecia! y tan deliciosamente eterna en su crepúlculo de zombies resucitados por la luna de enero....



Maleta de Klara...






Las piedras no dicen nada...
ha habido demasiada lluvia desde entonces
Subo escalones bajo
transito espacios
que me dicen que eran...
Veo a lo lejos alambradas Todo me parece
un set de película bien conservado.
Y en una de esas... 
 me encuentro tu maleta, Klara 

Klara Sara
Goldstein
II Rote Kreuz
Gasses

 Pintura blanca sobre piel lo dice
Klara, eras alemana
(ese "Sara" infamante lo atestigua)
Viviste en Austria, en Manesbach
la dirección lo indica.

Sé también que jamás te fue devuelta.

En el fondo
tus zapatos bien lustrados con su trabilla intacta.
 Tu falda plisada de color antracita
y tu chaqueta ajustada a la cintura, encima.
He planchado tu blusa de seda, la del faldoncillo y
la he puesto encima de las faldas al bies...
desempaño el espejo de mano y
enderezo con cuidado el punto de lectura en
la novela de Henrich Mann.
He conseguido recuperar el broche de tu madre
en un anticuario de Berlín y
lo  prendo en la solapa de tu vestido bueno.
( el  negro y blanco de lunares)
Entre la seda de tu ropa más íntima está de nuevo 
Tosca, exhalando su fragancia de
de bergamota y limón de Amalfi...y
la cajita con sus agujas y el dedal de plata y
 tu peine y las medias y el cepillo de dientes
en su bolsa bordada, en un costado.
Están las cartas
(las he puesto al fondo de todo)
Encima la pluma y tu libreta de tapa negra 
Las gafas de repuesto  están enganchadas a ella...

No puedo saber  lo que guió tu mano aquella vieja noche
encadenada a un alba que jamás cuajó en día...
amor necesidad impotencia fatiga
Hay tanta niebla, tanto aullido entre las dos, Klara.

Pero ahora durante está mañana interminable
 sé para qué
he venido a Auschwitz:
 He venido a hacerme cargo de tu maleta, Klara.





Primavera en Birkenau



Vuelo de vilano...

Verdecían y ondulaban
tilos, abedules, arrayanes, mirto blanco... 
cuando se abrían las puertas 
quizá un vilano acarició una estrella
y escucharon a lo lejos música de carretas...
Un sol adolescente enjugó sus sudores...

¿Sucedió aún en Birkenau?
¿La indiferente belleza vertió su último aceite
sobre los rechinantes ejes de la esperanza?
¿Se pudo musitar aún, un retazo de cuento?
alisar una falda
encasquetar bien una gorrita
atar unos zapatitos viejos?

¿Husmearon la brisa al avanzar y se dijeron incrédulos
es imposible...
                                         ¡no se puede, no se puede morir.... en primavera!?

Tres poetas que hablaron de amor... Juana, Gabriela, Alfonsina




                          En mi repisa hay muchos poetas... muchas. Algunos de sus versos me fueron murmurados desde muy niña. Entre ellos están los de Juana, Gabriela y Alfonsina.

Las tres consiguieron, como dice mi querido Paúl Celan "dar a sus poemas la fuerza de resistencia de lo inmediato" y por lo mismo lograron  eternizar los variados matices de los gozos y sombras de muchas vidas que siguen sucediéndose a lo largo de las generaciones.

Las tres compartieron origen, época y una cierta manera de entender la poesía. Surgieron casi al mismo tiempo con un fulgor que deslumbró a sus contemporáneos. Se impusieron. Las tres fueron hablantes de español y para las tres el poema fue expresión de vida vivida antes que nada y sobre todas las cosas, tal como me ocurre a mí.

Su obra es fácil de conseguir. En cualquier biblioteca o librería medianamente surtida encontraremos antologías de todas ellas. La red es también un excelente medio de acceder a su poesía aunque yo   soy de las que todavía no pueden renunciar a la erótica del papel y al susurro de la hoja que se vuelve mientras leo. Acudo al libro impreso cuando no es la memoria la que me trae sus palabras...

Emily Dickinson, la poeta lacónica.



                                                              
"Indian pipes", la flor favorita de Emily Dickinson
                                             
                                                                                              

Si existe una poesía que cuesta entender y sin embargo emociona es la de  Emily Dickinson, que nació un 10 de diciembre de 1830 en Amherst, Massachusetts, Estados Unidos y murió el 15 de mayo de 1886  en la misma casa donde nació. Sin sus versos que alguien comparó con huellas de pájaros sobre piedra, habríamos perdido una senda hacia ese mundo inefable que solo a la poesía le es dado transitar.


Se describió ...." soy pequeña como el gorrión, y mi cabello es rebelde como el erizo de la castaña. Y mis ojos como el Jerez que el huésped deja en la copa».


 Le gustaba vestir de  piqué blanco, hablar sin que la vieran, preparar el pan de su familia, dar largos paseos con su perro y por la noche en la soledad de su cuarto,

Ramas de castaño en flor




 
 
Ramas de castaño en flor
(Auvers sur Oise, 1890)


Y.. .¿son del sur o del norte?
¿Dónde situaremos la delicia?
Espejismo bendito
de nuevo cuajado por un algo

que se niega a negar lo simplemente bello.
Por más que condenado
por más que fuego fatuo
anotado con temblor y reverencia.

Y no. No son del sur.
Tampoco el norte manda su heraldo
de tibia primavera…¡no!

Es el misterio de un anhelo humano
que se crea la patria
por puro desconsuelo de lo eterno
en una rama así siempre…florecida

De la otra parte...




Bruma


Existe una cierta dimensión de lo que vivimos que transita en el límite. Cuando deambulamos por esa "tierra" es como que  de pronto el espacio tomara la forma de una cuerda floja en la que  sentimos nos equilibramos. No nos damos demasiado cuenta del bamboleo, ni tampoco de la destreza de nuestras plantas titubeantes pero, un leve movimiento a veces tiende a desiquilibrarnos y nos obliga a apoyarnos levemente en algo que es ya otra dimensión, en la que encontramos extraños gozos, tremendos miedos, viejos dolores...

Deambular en el Reino de los muertos no le es dado a cualquiera: es necesaria la capacidad de degustar de una especie de saludable terror que se asienta en las vivencias de la infancia- a menos que nos hayan cercenado ese brote del espíritu, almas bien intencionadas y alicortas que piensan que no hay nada más deseable que los niños duerman sin sobresaltos-

Susurros.

U

Álamos al atardecer



Mi corazón susurra
vinieron pero
esta vez ...
tú no viniste.
Estoy sola
bebiendo el vino de la tarde, muda
Ya no hay oído gentil
cerca de mí
Han seguido pasando instantes y estaciones
el crisantemo se secó
murió la gata...
junto a mí juega alguien que no pudiste conocer

Te hubiera regalado en esta tarde
el tono de sentencia de la que fue...
nuestra hora de violines
el silencio habría extendido su poder junto a la noche
y la mirada habría prevalecido
con ese fulgor que da la poderosa intimidad trabajada
Pero tú...
ya no puedes venir.