Lo cierto es que hoy...





Lo cierto es que hoy...
pensaba escribir sobre Petrarca
la mano, la fiamma, la mirada 
me rondaban el ánimo.
Recordaba  a Laura de Noves allá en el Luxemburgo
pero mi pluma topó con este sol inusitado
de fines de diciembre y..
quiso viajar suave en el carrusel de emociones
que me recorren estos días
y que son tan oscuras todavía que no puedo nombrar
el tacto de una cálida maninna 
una mirada altiva domesticada por la atroz necesidad
la punta de un recuerdo que el tiempo ha convertido en corroída seda...
Amores, siempre amores
rotundos, difíciles ... desteñidos amores 
no dignos quizá para el lauro 
buscan su seña en este preciso instante
en que quise recordar el Cancioneri.


Paúl Celán







 Paúl Celán nació el mismo año en que nació mi madre,1920 y murió mucho antes que ella lo hiciera en 1970.  Es junto con Stvietaieva el poeta que más profundamente me ha impresionado. Su destino como el de ella, fue aciago.

Llegué a Celán y ya nunca pude irme. Una y otra vez a lo largo de mi vida,  he abierto su libro buscando poemas que siempre me dejan temblando. Línea que siga mi dedo está cargada de un oscuro balbuceo que subraya la tiniebla... Leo y me parece asistir a un  milagro. Cada una de sus palabras es preciosa porque fue arrancada a la imborrable mancha del oprobio. A Paul Anczel, le tocó nacer judío en Europa en los años en que serlo fue una profunda desgracia.

Pocas veces  he sentido tanto el temblor remecedor de una poesía que no puedo entender sino con las entrañas. Sus versos oscilan frágiles, balbucean  entre llamaradas del subconsciente y terribles hechos reales que se niega a explicitar. Sus poemas están habitados por un ruido de terremoto traspasado una y otra vez por el susurro de una espacie de nana.... Me quedo siempre atisbando la negrura entrecruzada de destellos de soberana belleza. Con Celán siempre termino musitando el verso como si fuese una oración sin destino, en medio de una desolación irremediable.

Porque... es noviembre




   
                                                                       Para José Ramón, mi más empecinado lector.


Noviembre es el mes del despojo.

 Lleva en su capa gris un rastro de ceniza incandescente. Sus nieblas y su brillo bronceado son para mí los más bellos del año quizá porque me tocó nacer en uno de sus días.

Noviembre es el mes en que mientras se enmohece el magnolio y los tilos van volviéndose susurrantes y generosos yo también constato apoyada en mi alfeizar lo que de  mi  se cae... también lo que se ha vuelto rama.

 Resisten las historias. Sigo soñando con volver a casa y abrir el libro que me espera. Sigo queriendo comparar las versiones y sorprender con una sonrisa interior los deslices y las incongruencias, atisbar los secretos. Sigo queriendo que me cuenten. Sigo teniendo la convicción de que la distancia entre dos que conversan es la mejor distancia.

Las cosas






Siempre me he preguntado si aquellas personas que tienen la suerte de vivir en la casa en que nacieron comprenden su privilegio.

Están rodeados de objetos llenos de sentido. De la silla en que solía sentarse la madre a coser, del molinillo de café que le regalaron por un cumpleaños perdido ya en el tiempo, de la mesa en la que ella planchaba y en la que el padre apoyaba el periódico después de la cena...

No tiene el mismo sabor el café con leche que se bebe en el desgastado tazón de la abuela.  El tiempo no deja su impronta de la misma manera que en ese reloj ya poco oxidado que nadie recuerda cuando no estuvo allí.

Cuartel de invierno...

Mirando hacia Ronda (Andalucía)

Ha llegado el verano y
ha promediado.
Se secaron los caminos.
Creció la yerba.
Alargaron los días
pero yo...
no he podido abrir la puerta de mi cuartel de invierno.


No sé por qué tengo tanto frío todavía.

Por qué se me hace tan costoso preparar los arreos.
Se supone que el tiempo de las nuevas batallas ha llegado
pero...ya no hay ardor.

Me doy cuenta  de que quizá 
no era el cuartel de invierno.

Tal vez ... ¿un moridero 
          y la hierba, la brisa, el calor 
        los espejismos de ... una agonía lenta?


Preparación al viaje- Andalucía-2016



                                                                 
Aunque en mi imaginario me vea vestida de caqui y botas, acomodando sobre una mula torda, bien estibadas, mis baqueteadas pertenencias...la realidad es que he abierto sobre mi cama una vieja maleta roja que no se exactamente como llegó a mi casa y a la que le tengo cierta mal querencia porque fue la culpable de dañarme el tobillo el año pasado en Santiago de Compostela.

He acomodado ropa clara-quedan prohibidos hasta el otoño grises y negros. Ahora triunfa el blanco entre mis cosas, con un poco de azul, algo de verde, algo color barquillo...Este año llevo faldas amplias y hasta media pierna que he comprado con cierta profusión ya que me favorecen. Como siempre, pañuelos, muchos pañuelos, aunque sé que es posible que siempre termine con el mismo, mi desteñido e inmenso foulard de algodon con dibujo cachemira azul y rosa...

Cristina, hija de Lavrans de Sigrid Unset







"Cristina, hija de Lavrans" es la obra magna de Sigrid Unset, escritora noruega premio Nobel de literatura de 1928. Está considerada como la mejor novela histórica del siglo XX. Coetánea de Joyce y de T.S. Eliot, no nos los recuerda en absoluto. Lo suyo es un delicioso volver a la novela decimonónica con su narrador omnisciente, su hilo narrativo atento al fluir de una línea del tiempo sin interrupciones, a la protagonista indiscutible que vertebra el relato: en este caso, Cristina.

Aquellos que como yo, somos amantes de la llamada "Novela moderna" sabemos cuánto cuesta llegar a la última página de un libro en el que nos hemos implicado emocionalmente de tal manera, que una suerte de vértigo nos invade cuando debemos aceptar que se ha acabado, que lo que queda es solo esta frase final:

-" Casi sin pensarlo, andaban con tanta ligereza y tanta suavidad como podían sobre la nieve recién caída"-

Y cerramos el libro y aún podemos andar detrás de esos pasos... algunos pasos más.