Paúl Celán







 Paúl Celán nació el mismo año en que nació mi madre,1920 y murió mucho antes que ella lo hiciera en 1970.  Es junto con Stvietaieva el poeta que más profundamente me ha impresionado. Su destino como el de ella, fue aciago.

Llegué a Celán y ya nunca pude irme. Una y otra vez a lo largo de mi vida,  he abierto su libro buscando poemas que siempre me dejan temblando. Línea que siga mi dedo está cargada de un oscuro balbuceo que subraya la tiniebla... Leo y me parece asistir a un  milagro. Cada una de sus palabras es preciosa porque fue arrancada a la imborrable mancha del oprobio. A Paul Anczel, le tocó nacer judío en Europa en los años en que serlo fue una profunda desgracia.

Pocas veces  he sentido tanto el temblor remecedor de una poesía que no puedo entender sino con las entrañas. Sus versos oscilan frágiles, balbucean  entre llamaradas del subconsciente y terribles hechos reales que se niega a explicitar porque no es necesario. Sus poemas están habitados por un ruido de terremoto traspasado una y otra vez por el susurro de una espacie de nana.... Me quedo siempre atisbando la negrura entrecruzada de destellos de soberana belleza. Con Celán siempre termino musitando el verso como si fuese una oración sin destino, en medio de una desolación irremediable.

Destellos de amapola, enebro, azul piedra...sobre blancura de sabana en invierno y... la nieve cae, sigue cayendo  suave, suave sobre los despojados cuerpos de los muertos porque solo en la poesía puede volver a donde tuvo que haber estado... Siento cuando leo, esa indecible ternura de la mano que desespera de poder acariciar y sin embargo lo intenta una y otra vez otra... Y así cada copo sigue cayendo suave, suave sin detenerse nunca sobre una figura cargada de plomo que poco a poco se blanquea: la de su madre Frederike, que le enseñó su adorado alemán, que le enseñó también a amar tan profundamente a Goethe.

Quiero hoy, 23 de abril, aniversario de su muerte  rescatar para los que me leéis de "La arena de las urnas" aquel poema en que Celán murmura su Kaddish más inteligible. La plegaria más bella, más profunda, más llena de significado de la liturgia judía. Aquella que todo judío murmura por sus muertos. Celán la murmura por su madre.


Álamo temblón, tu follaje es blanco en lo oscuro.
El cabello de mi madre nunca llegó a ser blanco.

Diente de león, tan verde es la Ucrania.
Mi rubia madre no volvió a casa.

Nube de lluvia, ¿te demoras en los pozos?
Mi dulce madre llora por todos.

Estrella redonda, tu enroscas la cola dorada.
El corazón de mi madre fue herido con plomo.

Puerta de roble ¿quén te sacó de los goznes?
 Mi tierna madre no puede venir.


Celan no pudo sobrevivir a aquella muerte. Nunca se perdonó el no haber compartido su destino. Bebió hasta las heces la contradicción de no poder escribir sino en alemán, la lengua que su madre convirtió en materna y que era a su vez, la lengua del verdugo. 

Muchos años después se tiró del menos románticos de los puestes parisinos, El Mirabeu, al Sena. Tal como él alguna vez dijo, creo que aludiendo a un verso de Svtaieva, ¨hay muertos que respiran" Él dejó de hacerlo un 23 de abril pero dejó también demostrado que T. Adorno, el filósofo alemán, se equivocaba  con su célebre frase ya que la poesía era capaz de sobrevivir incluso a Auschwitsz

Porque... es noviembre




   
                                                                       Para José Ramón, mi más empecinado lector.


Noviembre es el mes del despojo.

 Lleva en su capa gris un rastro de ceniza incandescente. Sus nieblas y su brillo bronceado son para mí los más bellos del año quizá porque me tocó nacer en uno de sus días.

Noviembre es el mes en que mientras se enmohece el magnolio y los tilos van volviéndose susurrantes y generosos yo también constato apoyada en mi alfeizar lo que de  mi  se cae... también lo que se ha vuelto rama.

 Resisten las historias. Sigo soñando con volver a casa y abrir el libro que me espera. Sigo queriendo comparar las versiones y sorprender con una sonrisa interior los deslices y las incongruencias, atisbar los secretos. Sigo queriendo que me cuenten. Sigo teniendo la convicción de que la distancia entre dos que conversan es la mejor distancia.

Negro y gris se han consagrado. Una y otra vez los elijo para adornarme. Todo otro color me deslumbra la mirada y la figura. Al final elegí para mi adorno solo la niebla y la tenue luz de amanecida. 

No decae el placer. Ay, las manzanas verdes, el peso de mi gato en las rodillas, el mate de mis sábanas blancas tantas veces lavadas, mi perfume de naranja verde, mi gorro ruso, mi copa de vino por las noches...

Me canso. Mi avidez se embota a menudo. Pero sé que que a pesar de todas mis vacilaciones y ensimismamientos seguiré cuidando con fiereza de mi rosa, de mi zorro, de mis corderitos nuevos... Tal vez siga conservando hasta el final la continuada sorpresa de la ternura y su deleite.

Solo resiste frente al desastre la caricia.  Solo sé acariciar y abrazar férreamente lo mío mientras pueda. Lo demás, me desborda por desmesurado y tal actitud me produce una callada pero pertinaz vergüenza.

Cada vez siento más cerca a los muertos.  Están cincelados y no pueden caer. Cada vez se me vuelven más confidentes. Tomarme una copa de vino caliente con un poquito de canela,  sorber de a poco un pisco sour, comer un pedacito de tortilla en su compañía, es un placer delicado y siempre tenuemente doloroso.

Ya no me miro en los espejos. Solo cuido el aroma y la voz para  seguir explicando con profunda convicción a Petrarca y sus poemas "In vita y morte de madonna Laura". 


Me voy quedando vacía y limpia y a veces me duermo como cuando era niña. Sin expectativas.

Suelo sentir la tentación de la mudez. Se ha dicho tanto... tanto se dice...cuesta tanto decir.




Las cosas






Siempre me he preguntado si aquellas personas que tienen la suerte de vivir en la casa en que nacieron comprenden su privilegio.

Están rodeados de objetos llenos de sentido. De la silla en que solía sentarse la madre a coser, del molinillo de café que le regalaron por un cumpleaños perdido ya en el tiempo, de la mesa en la que ella planchaba y en la que el padre apoyaba el periódico después de la cena...

No tiene el mismo sabor el café con leche que se bebe en el desgastado tazón de la abuela.  El tiempo no deja su impronta de la misma manera que en ese reloj ya poco oxidado que nadie recuerda cuando no estuvo allí.

Cuartel de invierno...

Mirando hacia Ronda (Andalucía)

Ha llegado el verano y
ha promediado.
Se secaron los caminos.
Creció la yerba.
Alargaron los días
pero yo...
no he podido abrir la puerta de mi cuartel de invierno.


No sé por qué tengo tanto frío todavía.

Por qué se me hace tan costoso preparar los arreos.
Se supone que el tiempo de las nuevas batallas ha llegado
pero...ya no hay ardor.

Me doy cuenta  de que quizá 
no era el cuartel de invierno.

Tal vez ... ¿un moridero 
          y la hierba, la brisa, el calor 
        los espejismos de ... una agonía lenta?


Preparación al viaje- Andalucía-2016



                                                                 
Aunque en mi imaginario me vea vestida de caqui y botas, acomodando sobre una mula torda, bien estibadas, mis baqueteadas pertenencias...la realidad es que he abierto sobre mi cama una vieja maleta roja que no se exactamente como llegó a mi casa y a la que le tengo cierta mal querencia porque fue la culpable de dañarme el tobillo el año pasado en Santiago de Compostela.

He acomodado ropa clara-quedan prohibidos hasta el otoño grises y negros. Ahora triunfa el blanco entre mis cosas, con un poco de azul, algo de verde, algo color barquillo...Este año llevo faldas amplias y hasta media pierna que he comprado con cierta profusión ya que me favorecen. Como siempre, pañuelos, muchos pañuelos, aunque sé que es posible que siempre termine con el mismo, mi desteñido e inmenso foulard de algodon con dibujo cachemira azul y rosa...

Cristina, hija de Lavrans de Sigrid Unset







"Cristina, hija de Lavrans" es la obra magna de Sigrid Unset, escritora noruega premio Nobel de literatura de 1928. Está considerada como la mejor novela histórica del siglo XX. Coetánea de Joyce y de T.S. Eliot, no nos los recuerda en absoluto. Lo suyo es un delicioso volver a la novela decimonónica con su narrador omnisciente, su hilo narrativo atento al fluir de una línea del tiempo sin interrupciones, a la protagonista indiscutible que vertebra el relato: en este caso, Cristina.

Aquellos que como yo, somos amantes de la llamada "Novela moderna" sabemos cuánto cuesta llegar a la última página de un libro en el que nos hemos implicado emocionalmente de tal manera, que una suerte de vértigo nos invade cuando debemos aceptar que se ha acabado, que lo que queda es solo esta frase final:

-" Casi sin pensarlo, andaban con tanta ligereza y tanta suavidad como podían sobre la nieve recién caída"-

Y cerramos el libro y aún podemos andar detrás de esos pasos... algunos pasos más.

La culpa




Morder la manzana
sentir el crujido y el jugo chorreando
la delicia y... 

Ese preludio de...
la serpiente enroscada
ese previo...¡no comáis!
y el..." Seréis como Dios"
de la maldita,
no lo he creído nunca.
Eso vino después:
cuando fue necesario dar razones.

La manzana  era verde, suculenta
estaba en su punto de tierna madurez
Era toda llamada...
Y Eva
con su preciosa dentadura intacta
estaba cerca

Entendamos: Dios sabía perfectamente que
el encuentro entre esas dos
sería...¡inevitable!