El carro alado


Carro alado


Aunque a veces se crea que los mitos cayeron en el olvido empujados por el pensamiento racional, no es así. Los mitos perviven entre nosotros puesto que son la única manera de transparentar algo singular que la abstracción destroza inevitable. Platón, el filósofo-poeta, se dio cuenta ya de ello en el siglo IV a de C. Suyos son los más bellos que he leído...el de "La caverna", el del "andrógino" pero sobre todo esa maravilla que es el de "el carro álado", mi marca personal como profesora de filosofía; ningún alumno que haya pasado por mi aula lo olvidará nunca.

Platón dice que el alma humana es semejante a un carro tirado por dos caballos y conducido por un auriga cuya misión es subir hacia el sol (la patria celestial) A cada uno naturaleza nos dota de alazanes o jamelgos, de un auriga de brazo firme o feble...no importa; la misión es subir y será al fin y al cabo la prudencia del auriga lo que mantenga la rienda firme, la dirección correcta, la concentración que exige toda empresa en que se nos vaya la vida. Las demás condiciones facilitaran o entorpecerán el ascento pero no podrán impedirlo.  El auriga, el protagonista (nuestra alma) aprovechará la fuerza de los vientos favorables y tratará de sortear los huracanados. Dejará que sus caballos descansen a veces en el sosiego de una nube blanda o se refresquen de rocío, pero... los obligará a seguir sin dejarse tentar por la blandura... El filósofo deja claro; o bien suben carro, caballos y auriga (es una empresa integral del ser humano completo) o bien, todo se pierde...Hay algo además, que a ratos, puede hacer más fácil la subida...ese amor que despierta en él, ímpetus que hacen crecer las alas del carro y elevarse suave, raudo incontenible...algunas veces.

Este mito es tema de muchas de mis poesías. Yo y mis corceles hemos subido como si nuestro carro "fuera de fuego" y Dios se regocijara con nosotros en nuestra imparable y gracioso ascenso...Pero también, me sobrevienen tarde o temprano jornadas en que vamos con aire abatido... como aquel  con que retornó al final don Quijote, a su lugar.... herida de batallas reales e imaginarias. Lo cierto es que ambos momentos son inherentes a la condición humana y...hay que vivirlos

Es lo que trato de expresar en este poema.



Recuerdo a mis corceles del tiempo
del ardor...
piafaban de impaciencia pidiendo
rienda suelta a mi mano de auriga cariñosa.
Febo se insinuaba  y...subíamos
como tres Icaros embriagados de rocío y de luz
"cuando la aurora de rosáceos dedos" acontecía...

 Ya noche

los belfos desollados aún palpitan
pero la luz se ha convertido en piedra.
Bajo los ojos el púrpura negrea
y un auriga de muñecas quebradas
deja la rienda suelta...
A ras de nadir vamos
cojitrancos, a buscar el consuelo de lo oscuro
Ahora sabemos:
El cielo era como siempre...¡hambre !


7 comentarios:

Anónimo dijo...

“En el tiempo del ardor piafaban de impaciencia pidiendo rienda suelta”… Hermosas palabras que revelan los secretos de la casta Artemis, la del trono de oro, que alcanzó a Orión con sus dulces flechas o las diosas que no se recataban en dormir con el hombre a quien tomaron por esposo o “cuando la Aurora de rosáceos dedos arrebató a Orión”.
Necesito deslumbrarme, aunque me duelan los ojos, con la visión en colores de la verdad fuera de la caverna donde solo se distinguen negras sombras. El cielo sigue siendo hambre. Bellísimo concepto.
Gracias por recordar con tanta precisión y sutileza la Odisea de Homero y los mitos de Platón con dos mil quinientos años de vida, ahora que un libro apenas llega a los seis meses. José Ramón.

Arantza Etxeburua dijo...

¡Hermoso...!

Anónimo dijo...

Necesito saber quien es el artista de esa reproduccion del carro alado??

Sohafi dijo...

Bien, Dama, hoy has tomado tu la forma de Eos y me has puesto de nuevo en marcha. Sabes que he iniciado un camino que, aunque sea difícil de creer, a veces disfruto, partiendo todos los días de ese Nadir que compartimos quienes sabemos que existe y sabiendo también que para algunos, para mi, no hay Zenit, que solo lo parece, que es un punto de luz.
El viaje lo hago distinto que tu, lo hago a pie, llevo a los brutos conmigo, uno a cada lado para poder hablarles mejor. Así ven mis signos bien - casi no uso bocado- y me comprenden: no pierden de vista mis manos, ni mi cabeza, ni mi garganta ni mi abdomen. Saben así cuándo viene el recuerdo de la pena y de la alegría de amor, cuándo la furia bárbara, cuándo la sangre y cuándo el abismo. Cuándo deben aligerar el paso y cuando refrenarse, cuándo bufar y cuando relinchar. Y así vamos ascendiendo, sin subir, que no hace falta, con las alas casi siempre quietas, para que nos de tiempo a recordar y, por lo tanto, a saber. Y voy sabiendo, Dama, o recordando que supe, que es lo mismo. Y cada noche, cuando el cuerpo se hace más notorio -demasiado notorio-, creo que es Eos quien vuelve a cerrar las puertas. Las alas quedan plegadas al carro y los tres que soy caemos bien dormidos y bien juntos. Ojalá un día nos sorprendan los anemoi justo al momento de la Aurora, soplen suave sobre nosotros y carro, alas, corceles y auriga flotemos un momento ante los cuatro puntos antes de decidir caer tranquilamente sobre la superficie del mar. Fin del viaje, calma y silencio. Porque ya sabes, Dama, da tranquilidad pensar que hay un Nadir, para salir de él cada día, pero no hay Zenit que asuste con la duda..
Aquí te dejo, sin hacerlo del todo.
Gracias por tu carro alado. Sohafi

Begoña Eguiluz de Sasía dijo...

Qué bella, qué verdadera y por lo tanto, qué buena es tu conmovedora versión del mito del carro alado. Ese caminar juntos al paso que se pueda, auriga y caballos (el carro ha desaparecido y las alas no tienen sentido para quien quiere apurar hasta los posos, el tiempo) es sencillamente fraterno. Cuando razón, emociones y apetitos se descubren solidarios compañeros, no se necesitan bocado ni rienda...No me extraña que disfrutes, a pesar del cansancio y la rabia amenazante...Eres sabio y fuerte, amigo!!
Por qué será que siempre ansiamos a Aurora como última compañía...es la dulzura de la luz del primer sol. Yo también la deseo!!
Gracias.

Sohafi dijo...

Qué agradable es volver a leerlo. Gracias, Dama. Perdona que repita parte de lo que te dije entonces; ahora tiene más significado:
Ojalá un día nos sorprendan los anemoi justo al momento de la Aurora, soplen suave sobre nosotros y todos juntos, carro, alas, corceles y auriga, flotemos un momento ante los cuatro puntos antes de decidirnos a caer tranquilamente sobre la superficie del mar. Fin del viaje, calma, silencio...

Begoña Eguiluz de Sasía dijo...

La belleza de esas ondas sobre la mar...un segundo después, querido Sohafi, me agarrotan la garganta.

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