"La hija del Este" de Clara Usón, una lección de lucidez.




A veces…terminas un libro duro y no puedes respirar aliviada  porque sabes que no es una ficción,sino que has asistido a una verdad terrible en persona interpuesta, que pudiera perfectamente convertirse en la tuya…sientes que es cosa de circunstancias nada más, el que ocurra.

 Si este libro ha logrado refrescarnos un poco la memoria cercana, descubrimos que estamos siempre en un tris de repetirlo todo. A medida que leemos, inevitablemente vamos reconociéndonos en ciertos destinos… Seguramente no en los de los grandes hacedores de tragedias. No, difícilmente nos reconozcamos en Slobodan Milošević, en Radovan Karadžić, en Ratko Mladić… pero encontrarnos de alguna manera en los guiños de “los pequeños” es inevitable. 

 La guerra de los Balcanes y los entresijos humanos que la hicieron posible, constituye una buena lección de lo poco que hemos aprendido. Las lecciones de la historia no calan. La mayor parte no duran más que los últimos supervivientes de  masacres desgastadas por un tiempo inclemente. Ya lo dijo García Márquez ... la memoria del hombre no dura más de cien años. 

 Los jirones que perduran se convierten en relato y como todos sabemos, los relatos y sus moralejas dependen casi siempre más del narrador, que del que escucha. Hay quienes  murmuran la historia... (suele ser el proceder de los vencidos). Están también los dueños de la verdad oficial, versión gloriosa de lo que solo fue infame ( suelen ser  los vencedores). Unos pocos, aceptan el reto de intentar explicar esa zona oscura que convierte a los seres humanos en carniceros, o en solitarios atrapados por circunstancias, frente a las que se obstinan en mantener una dificilísima y desfalleciente individualidad.

 “La hija del Este” cuenta la historia desde el intrincado corazón del hombre atrapado en una circunstancia límite que no ha buscado. Es un libro, cuya lectura, nos pone en guardia ante “las bellas palabras-sirena”.  Porque solo aquellos que como Odiseo, se aten al mástil de una humanidad que acepta como presupuesto irrenunciable el derecho del otro a ser y persistir, solo ellos, serán capaces de  cuestionar cualquier razón “raciocinante” que hubiera dicho Unamuno, y resistir la seducción de toda palabra, que invite a negarlo. Sólo ellos se salvarán de repetir la historia.

 El libro nos entrega directa o indirectamente, una especie de educación sentimental de tres serbios disidentes con lo que fue la actuación de Serbia en la guerra de  Bosnia. La voz de Ana Mladić, la protagonista, es una muestra del trágico proceso de quien finalmente debe hacerse cargo de que ese padre que la adora y a quien admira es "un carnicero". Reconoce aunque, la vaya destruyendo," la razón", del condenado a desaparecer y con ello que, a veces, el mundo se torna invivible si nos volvemos solidarios.

 Es bellísima su escena de los adioses...de ese tener que decir adiós a los sueños con plena lucidez. Adiós sobre todo a la futura madre de niños que pudieran parecerse a su padre...Hay ciertas circunstancias que obligan de raiz a renunciar a  la prolongación de cierta semilla. Ana lo entiende. Su muerte es una manera de negarse a repetir la historia
 Otra voz es la de Danilo Papo, el serbio, el judío, el croata de abuela musulmana…El pelirrojo y descreído Dani, que distanciado por su sano escepticismo, oscila entre el deber que lo llevará a pesar de sí mismo a Sarajevo, a intentar salvar a su poco recomendable padre y su tentación continuada de mantenerse al margen.
Branko Papo, el padre de Dani, es otra voz. Es tal vez la voz que se me hizo más entrañable  por su originalidad  tan llena de matices. Me gustó mucho ese viejo profesor individualista, mal esposo y peor padre que  comparte con su hijo una pasión insólita; la de visitar tumbas bogomilas del cementerio de Sarajevo y reseñar con él, sus extraordinarios monólogos post morten, que declaran bellezas como ésta...

”Bajo esta lápida yace Asta, la hija de Bogcin Zlusic y no quiero estar aquí. Me gustaría pasear contigo de noche por el prado y te daría ese beso que no te di cuando me lo pediste. Aunque se caiga el cielo. No me sentiría arrepentida…ni avergonzada. Solo ahora sé que el alma padece el tormento de los deseos insatisfechos”


Quizá sea por ello, que Dani no soporta imaginarlo muriendo solo después de haberse arrastrado hasta su casa en ruinas, con la rodilla destrozada por la pericia de un francotirador serbio. Es lo que finalmente lo obligará a convertirse de “Hamlet” en héroe dudoso. La suya, será  otra manera de retorcer el sucio rabo de la historia. 

 No hay voces bosnias. Solo un coro trágico que mantiene un  crescendo lacerante como fondo se mantiene durante todo el relato. Es ese sonido sordo que producen las víctimas de todos los tiempos, mientras marchan al matadero, anestesiadas por ese fatídico... "no puede ser verdad".
La historia nos cae encima un día cualquiera, un día en que sentados al sol  de mediodía discutimos de libros, o nos desperezamos al concluir la siesta...un día en que, mientras leemos una reseña, un colibrí nos entra en el despacho...
 ... y cuando ocurre descubrimos que no somos buenos, por más que se diga que es la tendencia natural del corazón humano, pero es posible también que nos demos cuenta de que a veces, quizá nos atrevamos a serlo si, como Ana, Dani y Branko, somos capaces de responder a algo muy hondo que ni siquiera sabíamos que estaba allí, algo que se revuelve frente al dolor humano. Algo que tiene que ver con una extraña mixtura de lucidez, compasión y resistencia que se ha ido aposentando en nosotros de la más misteriosa de las maneras.

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1 comentarios:

Anónimo dijo...

"El cerebro tiene dos hemisferios, uno arcaico que gobierna nuestros instintos y emociones y otro más joven en el que reside nuestra capacidad de razonar. Hoy el arcaico domina y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan . Es la causa de todas las tragedias que ocurren, como el Holocausto" Estas son palabras de una mujer admirable: Rita Levi Montalcini, que explicaría porque la historia se repite una y otra vez.
El libro de Clara Usón, con internet al lado-todo hay que decirlo- me sirvió para entender un poco el terrible y lioso conflicto de los Balcanes, y consiguió además engancharme y emocionarme.
Gracias por crear una página tan agradable y accesible a la gente menos estudiada.

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