La cita a ambos debida




             Al Sr. G. Reyes, mi profesor de castellano en el liceo Darío E. Salas de Santiago de Chile.


Su voz equivocada de hemisferio
me nombra en las tardes de noviembre
me persigue por la nostalgia arriba
y me retranca en un cielo diferente.
Vuelve a jugar entonces el instante
y en esquina de mí, detengo el paso
no suceda que mi rostro de hoy rompa el milagro.

Es difícil sostener mi picassiana esquina
es costoso ya sé, su rostro soberano
quién sabe a costa de qué, restituido.

Yo no sé la palabra que labra esto en posible...
cuando su voz me suena eterna en los noviembres
el yo que usted amaba me torna entera esquina
que en gozo de sentirse, a esperarlo se vuelve.


Fue mi querido profesor de literatura durante mi adolescencia. Me encantaban sus clases y a él, mi apasionado interés. En tiempos aciagos nos reencontramos. Era noviembre y yo ya era una joven profesora llena de sueños, él ya estaba herido por la enfermedad y la pesadumbre...Siempre que empieza noviembre, vuelve y conversamos.




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