Opción.



El beso- G. Kimt


Qué delicia mi ojo posado en hilo puro
y Klimt, cuando acrecienta su beso en esta hora
El trémolo del sol palpita en la madera,
mi gata se endurece en terciopelo oscuro.

Safo gime su pena de promontorio y roble
 y en mi libro se yergue y su grito redobla:
el mundo es tan hermoso, que al mirarlo me tiembla
el nervio especialista en respuesta a lo noble.

¡Estoy sola! bañada de belleza y de libro
lista para olvidarme de lo que llaman vida
y pudiera ponerle a mi delicia, precio.

Se abren las pupilas llamando a mi sentido
pues la gloria del mundo busca en mí su derecho.
Es inútil, abrazo a lo que duele y...¡cierro!


Hay veces en que el sentimiento de plenitud nos arrolla como una ola  poderosa...o está a punto. Somos capaces de observar la crecida y la inminencia del deliciosos impacto que la vida nos brinda generosa  pero, seres lúcidos al fin y al cabo, nos creemos sin derecho al goce, rodeados como estamos por "el dolor del mundo" que nos cerca . Nos acorazamos entonces, dejando lo que pudo ser extraña maravilla, en mísero espejismo. 
Siempre me pregunto qué se gana y qué gana el mundo con la renuncia. 

5 comentarios:

Paz Risueño dijo...

No estoy sola,Begoña,y bien sabes que en días como hoy abrazo a quienes mucho saben de dolor pero¡no duelen !.Rodeada como estoy por "el dolor del mundo",mucho más y mejor conmovida por impactos que,generosa nos brinda la vida y que otros,sabedores de su cercano final,agotan con una pasión que a nada renuncia.

Sohafi dijo...

Nada, Dama, no se gana nada con la renuncia, pero esto se aprende al final, cuando ya hemos dejado pasar miles de olas. No nos creemos sin derecho al goce: nos convencen de que no lo merecemos, o de que lo posterguemos para después de que la gran ola nos haya barrido y llevado a una orilla donde ya no exista la opción del goce o del lamento, donde ya no exista la opción, donde ya no exista. Donde ya no haya libertad ni siquiera para rechazar o aceptar el goce. Donde ya no haya libertad, ese algo tan peligroso.
Te aseguro que, según se acerca el final, las olas vienen enormes, poderosas, una tras otra, y es gozoso recibirlas con los brazos abiertos, reconociéndolas una a una. Un beso, y gracias por la belleza de tu "Opción".

Oscar da Cunha dijo...

Quizás hoy peque de idealista, o más bien de ingenuo. Nada gana el mundo con una renuncia, nada gana el individuo con ella, pero, y sólo pero, si fuéramos capaces de aunar renuncias quizás convirtiéramos el espejismo en oasis. No concibo la plenitud si abro los ojos y sigo viendo seres derrotados en el borde camino. Únicamente con la venda que, a veces, me impongo consigo imaginarme una falsa realidad en la que sobrevivir.
Un placer leerte.
Besos.

Anónimo dijo...

Existimos al pensar, al abrir los ojos, al sentir el deseo, mientras dura el beso y también cuando renunciamos a él, después todo se transforma en humo y recuerdo. ¿Quién es dueño del futuro o de cambiar el pasado? Solo el presente nos pertenece ¿Porqué renunciar a él?
¿Quién vio a Safo en el promontorio? Son habladurías ¿Qué poeta sincera ha sido egoísta? Perder la esperanza lo es.
Tu poesía, Begoña, enseña, convence, hace sentir y pensar. Gracias. José Ramón.

Begoña Eguiluz de Sasía dijo...

Mis queridos amigos:
Es un placer leer sus respuestas a mi pregunta. tengo por seguro que nunca debiéramos renunciar a estos regalos gratuitos que la vida nos brinda y que brotan de la mismísima entraña de lo que somos.
Pero el otro, aquel que amamos, nunca abstracto, siempre con nombre y apellido late a nuestro costado y yace herido. Es por eso que cuando a veces "venimos de vuelta" nos atenaza la mala conciencia. Sin embargo, creo que estos momentos de GRACIA nos son otorgados a todos de una u otra manera. Lo veo en sus reflexiones.

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