Carta de Navidad para mi amiga del lado de allá.







  Querida mía:


Me separan horas de ti y miles de kilómetros. Como en los cuentos, he tenido que ponerme mis botas de cien leguas y cruzar mares, desiertos, cordilleras para poder llevarte intacto mi amor de siempre. Es verdad, ha llegado sudoroso y exhausto pero está allí firme  frente a tu cabecera

 Habrá empezado a clarear del lado de la cordillera. El aire es fresco todavía aunque se siente pleno el olor del verano santiaguino…. siento la dulzura de la flor de la pluma en el aire. Puedo seguir con una mirada que es pura memoria las líneas de tu rostro, puedo acariciarte el pelo y tomarte las manos… puedo y dejo que el tiempo pase suave, suave mientras te aprendo una y otra vez porque no quiero olvidarte nunca.

¿Subirán hasta allá arriba los sonidos de la calle? No lo creo. Estarás alejándote de a poco... todo lo que amaste irá diluyéndose en una danza que hace deslizarse apenas tus vestidos, tus fulares, tus pulseras de plata, tus anillos… Sé que en tu  corazón las escenas bonitas y las terribles luchan, pero apenas. Sé que las penas se te quedan ahora como atrapadas entre algodones. Sé que algo así como un trompicón de gozo quizá sacuda por un momento tu conciencia, pero ni siquiera tú sabrás ya a quien se lo debes…
Eres hermosa aún, en esa cama de reina que el amor ha edificado para ti. Una armonía invencible fluye de tu sonrisa y yo recuerdo aquel romance de mi madre mientras te miro
... Abrir cerrar los ojos es mi deseo
Ay, dentro de mi alma qué claro veo...

Déjame que te muestre mi regalo. Te he traído una camisa de dormir de raso grueso, como el que en las  grandes ocasiones se ponían nuestras madres. Resbala como el agua. Es de una suavidad y frescura que ya no existe, su blancura de madreperla te llegará justo hasta la altura de los empeines. Ha sido hecha para una mujer muy bella y dolorida. Te la pondré con la misma ternura con que mi madre me vestía a mí, al ir a dormir...

Esta noche en tu habitación no habrá luces altas. Las apagaré todas y dejaré únicamente que vaya mermando cerca de ti una candela de cera virgen  de llama alta, danzarina y constante.
 De a poco sonarán canciones… "Soledad, es tan bella como una paloma...", ¿te acuerdas? “Todavía quedan rastros de humedad”, volverá a mojarme los ojos como cuando tú me la cantabas cuando la vida se te puso triste… Te cantaré bajito “El otoño es un caballero”, la canción que inventé para Libe y Jontxu, cuando éramos madres jóvenes allá en el sur y la cantábamos juntas…

Nos estaremos juntas sin hablar ni una sola palabra durante esta noche; no hace falta. Lo esencial nos lo hemos dicho antes, cuando la vida hería y abrazaba. Ahora toca partir amiga mía y te acompaño como tú lo hubieras hecho si yo me hubiera ido antes…
         Para poder dejar la vida hay que gozar con fruición de ella, un último momento.  Te  he llevado lo mejor que tengo.

Hermosa, te dejo puesto el Adagietto de Mahler…

3 comentarios:

Marta dijo...

Precioso, Begoña. Qué suerte que te acompañen tan hondo, tan firme.

Iñigo dijo...

Precioso regalo de Navidad... gracias, Begoña. iñigo

Anónimo dijo...

Siento tu dolor en cada palabra. Quisiera aliviarte pero no sé hacerlo. Te queda su memoria. Abrázate a ella y llora. Es el único consuelo. Un abrazo fuerte, Begoña. José Ramón.

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