Jugando con Cortázar.

Historias de cronopios y famas" de Julio Cortázar
               
   


                                                               Para Kástor, a quién le encantan estas historias.


Querido Kastortxu:

Esta mañana me desperté de un sueño en el que nos reíamos a gritos leyendo " Historias de cronopios y famas" en la cocina. ¿Te acuerdas de que tú una vez me dibujate uno verde y con pinta de condor con tu manita morena y habilosa? Debo tenerlo todavía por alguna parte entre fichas,  retazos de poemas y cartas viejas

Luego, yo que soy una cronopia declarada en eso de los recuerdos, me anduve topando con uno y otro a lo largo del día y... siempre eras tú el protagonista. Fue lindo: nos hicimos cariñosuras tu alegría y mi juventud.

Nos encantába Cortázar y su irreverencia. Desde chiquitito preferiste el reloj- alcaucil a cualquier otro pero te reconocí  el lado definitivamente cronopio cuando
años más tarde, en un acto de venganza, te robaste la bolsa del pan de los jesuitas de la U. De Deusto a primera hora de la mañana y te la trajiste a casa como trofeo. Compartimos el pan fresco a la hora del desayuno y la bolsa se convirtió en la de la compra durante varios años. La utilicé con verdadera fruición poética.

Si hay libros deliciosos, "Historias de cronopios y famas" de Julio Cortázar es uno. Queda una ligereza luego de leerlo, que es puro tobogán. Cortázar hace volar como volantín en tarde de primavera y nos va enredando a medida que leemos en acacias, cables de la luz, en gaviotas, en grúas y terminamos al fin el paseo, con la sensación rica de que  a pesar de los pesares siempre nos quedará el juego... ¿verdad, hijo?

Este libro es una clave entre entendidos que va mucho más allá de la connotación político- social que a veces se ha querido darle. Cronopios, famas, esperanzas son claves de cómo vivir. Sólo en el libro de Córtazar son puros. Solo en el libro existen en forma de paradigma. La realidad los mezcla y nos ofrece un riquísimo tapiz de cronopios afamados, famas esperanzadas, esperanzas afamadas y demás mixturas  en diversas y exquisita proporción. La lectura del libro y su disfrute ayuda a  enfocar el ojo y a distinguir y reírnos entre dientes, cuando observamos a alguno encarnado , entre nosotros. 

Los cronopios y famas cortacianos son seductores, interesantes y ambiguos. Las esperanzas...decididamente insoportables.

Ser fama tiene sus ventajas. Su aplomo y disciplina suelen darles bastante seguridad económica y social, aunque con la crisis, andan últimamente bastante desnortadas. Mantienen sin embargo, su innato sentido de "orden y concierto" como decía muy seria mi abuela paterna que era una fama de mucho cuidado.

Ser fama produce la sensación tranquilizadora de que cada día tiene su afán: una ve las noticias de las nueve, pone el espectador a las seis, se lava los dientes con cepillo eléctrico y enjuague de colirio, duerme del lado derecho y los domingos se va uno al monte con bocadillo alrededor de las once de la mañana. Así "per secula seculorum" . Para ellos la vida tiene el fluir suave de un arroyuelo  hasta que  se les vuelve rápido y bajío y catarata...¡pobres! 

Los famas, son seres organizados  a los que les gusta hacer todo como se debe. Están en la parada siempre medio minuto antes de que pase el autobús y cortan siempre los tallos de los espárragos con regla. Puede agobiarles profundamente no acertar con la  pizca de comino que indica la receta, por lo que suelen ser cocineros de cuatro platos fundamentales: huevos fritos, filete a la plancha, cola de merluza en el microondas y siempre patatas como guarnición ( ahora, además, para su gran alegría, se pueden conseguir cocidas y peladas en bolsas transparentes herméticamente selladas)

Los famas son medidos: un paquete de galletas digestivas les dura una semana y les molestan extraordinariamente las emociones y las cosas fuera de lugar. Son grandes apagadores de lámparas y radiadores. Los besos diferentes a los consabidos, pueden provocarles pánico. Aguantan estoicamente sus malestares gástricos porque se gustan dignos y comedidos aunque no puedan evitar en ocasiones el gesto de vinagre de manzana. Suelen regalar con generosidad, fijándose bien en la calidad del objeto, muebles de madera maciza, bolsos clásicos, crisantemos bronceados y acaso, alguna joya discreta... después de consultar, eso sí, presupuestos varios ya que para ellos la relación calidad-precio es un dogma de fe.

 Pero nosotros Kastortxu, adoramos a los cronopios ¿verdad? Esos de los que Julio Cortázar decía que son contrapelo, contraluz, contranovela, contradanza, contratodo, contrabajo, contrafagote, contra y recontra, cada día contra cada cosa que los demás aceptan y que tiene fuerza de ley.

Los cronopios son torpes y tímidos, a veces iracundos y siempre extravagantes. Se les cae con frecuencia el café, manchan sus libros con mermelada de naranja amarga y tienden, pese a tener muchísimos puntos de lectura, a marcar su página con facturas, dobleces, o tallos de manzana. Disfrutan malignamente y con fruición (aunque no lo confiesen), cuando a una pobre esperanza se le va el autobús por los pelos y les irrita profundamente que algún bien intencionado fama pretenda avisar al conductor: le ponen la zancadilla sin pudor alguno. Niegan denodadamente su evidente torpeza porque en su interior, se sienten ágiles y raudos como golondrinas.

 Los cronopios se creen superiores por las razones más peregrinas: porque conocen Villa Adriana y tienen un gato romano que toma el agua con la pata, por ejemplo, o porque han leído "La conjura de los necios" y "La disparatada vida de Matín Romaña" o porque un abuelo suyo fue amigo de  Papillón y dormía en chinchorro al borde del Orinoco.

Saben secretamente que todo el mundo los ama aunque reciban reconvenciones a menudo. Perdonan finalmente todo agravio porque tienen la sospecha de que es solo la manifestación más extremada de una soterrada e inevitable envidia. Los cronopios son los bichos con más autoestima de la creación.  Es cierto que sienten  admiración y cierta debilidad por los famas por lo que intentan seguir sus sensatos consejos, imbuirse de buenos sentimientos y ser caballerosos y leales pero el resultado siempre suele ser el estropicio y una "esperanza" llorando desconsoladamente en la vereda. 
El paciente fama, después del zapateo, el rechinar de dientes y gritos " in crescendo", vuelve a intentar una vez más, ya que suelen tener vocación pedagógica, que el cronopio  se comporte y aprenda las maravillas de la distinción y el refinamiento: utilice pañuelos con monograma , se sirva únicamente de una mano para sonarse y prescinda de andar en camiseta en casa...

Los regalos de los cronopios son, como decirlo... insólitos; una piedrecita del desierto de Atacama (nunca he estado segura que no fuera recogida en la esquina), dos océanos azules que caben en una concha mágica, bellezas de seda que surgen como brazo de mar de una mochila sucia y rotosa, ramitas, collares de espaguetti ...Te dicen, por ejemplo:- pasando por el Pedagógico de Santiago pensé en ti y pisé las hojas de los plátanos como me contaste que tú hacías...- y a una le trastabillea el alma recordando.

A las esperanzas, les huimos los dos porque Cortázar ya nos dijo que son de lo más aburrido y previsible. Son irremediablemente tontas. No se las puede ni siquiera incordiar porque no entienden. Si hay algo que desespera a un cronopio es ese andar bien conjuntados con cartera y zapatos del mismo color, a menos que sean amarillos. Ah...y que siempren anden cayéndose de los cocoteros y les pidan ayuda para trepar de nuevo...¡infelices! Eso y las sempiternas bolsitas de plástico en la muñeca y los pabilitos en el cuello.

Las esperanzas no suelen regalar nada pero si lo hacen, son siempre movidas  fotografías de dudosos antepasados de los que no habíamos registrado ni el nombre. Les gustan también horribles objetos útiles como paños de cocina que compran por pura filantropía al precio mínimo y que los cronopios utilizan como relleno de la cama del gato o tiran directamente a la basura. Los famas los regalan a su vez a personas menos favorecidas por eso de la caridad, la reutilización  y la economía...

Ha bastado muchas veces que yo te dijera "fama" para  que se armara la trifulca por más que le añadiera al apelativo todo tipo de adjetivos amables, tales como útil y eficiente y ordenado y puntual e industrioso… Ibas enrojeciendo y eras capaz de comerte un par de kiwis verdes con cáscara  para dejar las cosas claras.

"Esperanza" te he llamado solo en broma cuando te estabas tragando el cuarto culebrón de la tarde. Entonces el cronopio surgía, me hacia pirulí- chin chín y se arrellanaba con el gato como cojín porque ...-¡ A ver si te enteras que a los cronopios le encantan los culebrones, las novelas de Pérez Galdós y las patatas bravas !-

Reconozco que este libro creó un fuerte lazo entre los dos. Aunque ya nunca bailemos tregua juntos y disfrutemos más bien de improperios y quejímenes varios y difusos, me produce la más absoluta de las confianzas el estar tan segura de que sigues jugando y de que pase lo que pase, le harás al difícil asunto un giro torero; le darás una palmadita a tu toro y... -¡Ahí os quedáis, malandras, desgraciados que nosotros nos piramos...!-

Sí, parece que te escucho y me gusta aunque... a los cronopios la dignidad y el señorío les quede siempre como desgarbado.

Dale, tráeme un regalo  de Chile, cronopio, cronopio!!



Amá.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado. Quizá, y después de recordar a Martín Romaña en su colchón o saltando por la ventana de puro dolor ahí abajo, hubiera dicho ¡qué divertido, qué envidia, cómo la goza el so cronopio!, pero ¿hubiera sido necesario decir que el agua moja?. Un beso Begoña. Iñigo L.

Anónimo dijo...

¡Qué divertido, Begoña, qué bien me lo he pasado leyéndote y además, y, como siempre, cómo encuentras la palabra certera y hermosa! Me encanta el párrafo lleno de metáforas etéreas en que describes las sensaciones que provocan los cronopios (volantín, tobogán…)
Me has hecho recordar muchas cosas, entre ellas que tengo que volver a disfrutar de este libro y que también tengo que recuperar algunos rasgos de cronopio que creo que se me han perdido por el camino deglutidos por los famas. Esta noche, cuando vaya a lavarme los dientes prometo dejar salir la cinta rosa sin control hasta que me canse de contemplar montañas de pasta.
¿Para cuándo un comentario dedicado a las esperanzas? Me encantaría leerlo en tu blog. Gracias Bego

Anónimo dijo...

Qué deleite de conexión entre madre e hijo y que el hijo inspire a su madre "poeta" (me lo he grabado) siendo tal cual Es. "Cariñosuras" a los 30, 40, 50...y hasta que la vida nos lo permita y ellos se dejen . Pisar las hojas de plátano en el Pedagógico demuestra que has traspasado el testigo y celebra el que se hayan vuelto a abrir las Alamedas. El mejor regalo de tu cronopio es poder olerlo impregnado de aires cordilleranos andinos y de aromas oceánicos del Pacífico. Tu texto te delata: ¡ cuánto lo amas ! y gracias por compartir tu forma de expresarlo. Es una gozada.
Aranzazu

Publicar un comentario