De la inspiración



Ícaro




Aquello que mueve a una persona a escribir con facilidad y que es ajeno al interés pecuniario o a la pura obligación externamente impuesta, se ha solido llamar inspiración y se la ha entendido como una especie de “aliento” que podemos desear profundamente pero no producir a voluntad, ya que como todo lo regalado sobreviene sorpresivo y gratuito y vuelve fácil y raudo el deslizarse de la pluma sobre el papel.


Cuando llega, el escritor se encierra y, como si de una carrera de obstáculos se tratara, escribe sin parar y sin releer lo escrito. Pierde la noción del tiempo y del espacio. Se vuelve sordo y ciego para todo lo que no sea ese mundo suyo. Solo la palabra fin le permitirá derrengarse ya consciente de su agotamiento y descansar.

La fuente de la inspiración es oscura Existe cierto consenso acerca de su irracionalidad. El creador es un poseído. Un genio, musa o dios obliga al elegido a empuñar a la pluma y verter  sobre el papel de forma irreprimible, palabras  que parece que surgen al dictado poderoso de “otra voz” Quien escribe bajo su influjo siente que le han sido inspiradas, que él las recibe en estado de inocencia y casi indefensión, que se ha convertido en un médium. Esta es la concepción que tuvieron frente a este fenómeno los griegos, los románticos y los místicos. Por experiencia propia sé de ese profundo pasmo que se siente a veces  al leer, recuperada la cordura, lo que una ha escrito en ese estado. Generalmente,  nos abruma la sensación de privilegio.

La modernidad agrega al concepto de inspiración, sin abandonar absolutamente lo anterior, un nuevo matiz: aquello que en última instancia mueve la pluma tendría su origen en el conflicto psicológico de quien la desliza. El poderoso subconsciente sería esa tierra ignota, cuyas simas y cimas en constante readecuación violenta del paisaje interno,  nutren la riqueza del verbo del poeta.
Pero así como hay quien piensa que todo creador es el portador de una herida profunda que intenta sanar mediante el verso, los hay también que afirman que todo artista en el acto de crear, ha sido capaz de establecer una conexión con lo impersonal. Es decir, que ha podido salir de su individualidad  y conectar con aquella emoción arquetípica que va más allá de sí mismo y por lo tanto, puede ser comunicada a quien se abre a su  obra. El artista inspirado establecería entonces, relación con algo que es universal pero que solo en su persona encuentra la forma de expresión adecuada. 
Yo agregaría que para mantener fresca la inspiración no hay que intentar racionalizar demasiado los propios demonios. Al contrario, hay que permitirles que campeen a sus anchas allá donde lo ancestral y lo personal libran batalla. He leído de algún creador que renunció a la salud mental en términos de sicoanálisis, preocupado de perder el venero. No deja de ser  una decisión perspicaz. También conozco la posición de los que niegan todo aquello que no sea fruto de una disciplina férrea como razón última del resultado de una obra de calidad. Sin embargo, ellos mismos saben que no es suficiente. Es conveniente tener papel y pluma a mano siempre por si acaso, porque los versos se disipan con la misma facilidad con la que aparecen pero dicho esto, absolutamente nada puede hacer brotar un verso que no sea puro artefacto sino aquello que  a falta de mejor concepto, hemos llamado inspiración  desde muy antiguo y que sopla cuándo y dónde quiere como el Espíritu Santo.
El poeta vive en  estado de espera  Está provisto de una capacidad inusual de atención y a la vez ensimismamiento porque dónde avizora la pieza es piel adentro y sabe que debe estar siempre al acecho si quiere hacerse de ella.
Antiguos y modernos estamos  de acuerdo en esa poderosísima sensación de que lo que hacemos inspirados es fruto de unas alas que de pronto se han abierto poderosas y nos elevan raudas y seguras, de un agua que de pronto se desborda en cascada y remanso inagotable, pero sabemos también de la tarea agotadora de artesano de dedos machacados con la que tratamos de conseguir algo así como…

De la profunda vena
en la espesura… ¡el tajo!
De lo silente enmarañado… ¡el grito!
Del magma… ¡la figura!
De la impotencia, como plus… ¡la gracia!
Retorcedura en línea maravilla, que pare de lo absurdo… ¡la palabra!

No hay ningún creador que acepte la facilidad como constante de su quehacer: sabe demasiado de la pesadilla de la hoja en blanco, del verbo que se niega, del ritmo que no termina de cuajar. Quizá por ello sea un corrector tan desesperante e incesante  de sus textos. No me extraña que a Proust, su editor tuviera que arrancarle literalmente los papeles de las manos. Siempre hay algo que queda por decir pero lo cierto es que aquello que hemos escrito en estado de inspiración queda para siempre dicho. Intocable.
  Lo inspirado queda consagrado ya que seríamos incapaces de tocar un solo acento, una sola coma de lo que por una vez se siente  ha conseguido ser expresado de la única forma posible. Casi un milagro.

8 comentarios:

Paz-R dijo...

"Aquello que es ajeno al interés pecuniario".Muy buena puntualización en un día en que parece no existe otro interés mediático que el pecuniario que hace protagonista al rico...aunque quizá sólo lo sea de dinero.
Muy de acuerdo en que no es suficiente una disciplina férrea como razón última del resultado de una obra !pobre obra cimentada en tan pobre inspiración¡
La inspiración,sí,es un milagro y tú lo haces posible,Begoña.Hoy y siempre !gracias por compartirla¡

Oscardacunha dijo...

Qué difícil resulta definir el impulso que empuja al insensato a plasmar sobre un papel momentos, ideas, sensaciones y sentimientos que brevemente se asoman a su cabeza.
Buena reflexión la tuya y muy bien argumentada. Pero siempre hay una verdad: que la inspiración nos pille trabajando. La salud mental queda para los sensatos.
Un abrazo Begoña. Gracias por este regalo.

Anónimo dijo...

¡Qué bonito lo que dices, Begoña!

Anónimo dijo...

Tiene uno la sensación al leerte que la inspiración es un don extraordinario al alcance de cualquiera. Sabes construir pensamientos abstractos sin esfuerzo aparente, con la suavidad con la que entra un guante en su mano. Sin embargo cuando los efectos de la seducción se disipan, al tratar de poner en práctica tu lección magistral es cuando uno se da cuenta que la pluma se atasca.
El humano que más cerca ha estado de ese espíritu santo “que ilumina a los superhombres” fue capaz de intuir las reglas por las que el universo se rige con tan solo treinta años y escribió la frase más bella que se conoce: E=mc2. Lo hizo porque su cerebro fue el más perfecto nacido hasta entonces. Albert Einstein además tenía los más amplios conocimientos en física. Sin ambas cualidades la inspiración hubiera sido inútil y con ellas no la necesitó.
Mozart nació con un cerebro extraordinario para crear música celestial en todo momento y gracias a su precoz educación la escribía a la misma velocidad con que la escuchaba en sus neuronas. Tampoco necesito de la inspiración pero si hubiera nacido entre pastores lo más probable es que su cerebro se hubiera perdido para la música.
Todos los grandes hombres pioneros en las artes y las ciencias tampoco han estado sentados esperando la llegada de la inspiración. Esta solo se aparece cuando la mente es capaz y está predispuesta a expresar la belleza y se domina el instrumento para hacerlo. Por eso tú, Begoña, escribirías bien aunque no creyeras en el espíritu santo. José Ramón.

Begoña Eguiluz dijo...

No se pueden dar lecciones magistrales de inspiración, José Ramón, ni trampoco transferir el don; de ahí su magia.
Tienes razón en eso de que para que "sople",(el espíritu) tienen que darse ciertas condiciones que lo posibiliten ( el lenguaje cultural que entrega la "tribu" es fundamental y decisivo), sin ellos, la inspiración no encuentra posibilidad de expresión. Estoy pensando en la infinidad de "Mozart!, "Einstein", que se pierden dá a día en aquellos lugares del mundo donde "los inspirados"no tienen acceso a la formación necesaria para que cuaje en arte... Aunque, recordando la bellísima artesanía naif de Haiti, donde con un bidon de gasolina o una llanta son capaces de crear una obra de arte, allí mismo con solo manos y suelo como apoyo...
De todas maneras, suscribo tu frase con la que estoy completamente de acuerdo " Esta (la inspiración) solo aparece cuando la mente es capaz y está predispuesta a expresar la belleza y se domina el instrumento para hacerlo".

y yendo a lo personal...Lo bueno, amigo no es tanto que yo crea en el Espíritu Santo" sino que él crea en mí y me visite de vez en cuando ;)

Y eso de que E= mc2 es la frase más bella que se conoce...¡definitivamente no!(claro que yo no tengo mente científica y las fórmulas siempre me fueron hostiles )
Un saludo cariñoso.

VICTOR GATO dijo...

Me gusta como acaba tu escrito, Begoña, porque nunca había recabado en el carácter casi sagrado de aquello que nos surge directamente de la inspiración. Es cierto, a diferencia de lo que surge del esfuerzo y disciplina concienzuda, lo inspirado es intocable, casi sagrado. Del esfuerzo y disciplina concienzuda solo sale destreza, pero sin alma. Muchos artistas se quedarán (nos quedaremos) solo en eso, en esforzados brillantes que no aportaron nada nuevo y merecedor universalmente.

No sé si habría que hacer diferencia entre la inspiración científica y la artística, porque sé que a Einstein también se le presentaba precisamente en los sueños, o cuando tocaba el violín alejado del laboratorio; igual que le surge a los artistas. Creo que absolutamente todos somos proclives a momentos de inspiración, lo que nos diferencia a unos de oros es la capacidad de valoración de lo hallado y el interés de dejar una constancia de ello. Mucha gente también encuentra, pero ni le presta valor ni siente interés alguno en transmitirlo.

La inspiración surge en un trance, inesperada, y no de la disciplina laboral. Yo no estoy de acuerdo con la frase famosa de Picasso. No es necesario que te coja trabajando sino que tengas el desparpajo de valorarlo y el arranque de querer dejarlo fijado para los demás y para uno mismo. Una vez leí que es precisamente cuando el consciente se relaja permitiendo que hable el subconsciente rico (absolutamente desaprovechado en la vida de todos), cuando explota la inspiración. De ahí que a Einstein le viniera precisamente lejos del laboratorio tocando su violín, o incluso en los sueños. Yo siempre tengo los bolsillos llenos de servilletas de cafeterías con poemas que me vienen justo en esos momentos intempestivos de multitud y ruido, es decir en esos momentos que mi consciente tiene la guardia bajada. También tengo compañeros poetas que de repente entran en momentos de sequía que se pueden alargar durante meses con la incertidumbre y preocupación de no saber si la inspiración volverá alguna o no.
La inspiración en el arte se encuentra en un lugar profundo. Después de muchos años yo sé dónde y cómo se puede bajar a esa gruta para regresar con algún "diamante". Sé cómo entrar en ese trance sin necesidad de ayudarme con alguna droga como ha sido muy frecuente a lo largo de la historia, sé cómo adormecer el consciente para que el subconsciente goce de libertad de movimientos. A veces es necesario, y extremadamente urgente, perder el miedo, porque una de las cosas que más la frena es el miedo a no saber qué se va a encontrar. Porque, según profundicemos, nos vamos a encontrar no solo con nuestro propio subconsciente sino también con el subconsciente colectivo.
Sé como entrar, pero indudablemente cuando esos "diamantes" te llegan por sorpresa porque te encuentras con la guardia bajada, son más divinos por imprevistos y por enigmáticos.

En fin, es un tema precioso el que has tocado y desarrollado magistralmente, y en el que estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dices.

Felicitaciones, querida Begoña. Un abrazo.

Begoña Eguiluz dijo...

Me encantan tus aportes, querido Víctor. Efectivamente la inspiración y el subconsciente están profundamente relacionados pero yo, al contrario que tú, no sé bajar.Los momentos de inspiración raudos como son ellos, me acontecen cuando la vida me golpea directamente. Yo diría que respondo como en una especie de autodefensa. La palabra rompe el muro de la pena y también de la alegría. Desde el punto de vista de la poesía, los grandes géneros son justamente, la elegía y el cántico.
Te imagino solo, ensimismado con tus lápices de colores en medio de la canícula de tu tierra del sur, frente a esos eucaliptus casi desnudos que dejarán el ambiente embalsamado...y me encanta.
Un saludo cariñoso, gatito!!

VICTOR GATO dijo...

Es cierto, Begoña, no se qué color tiene, si rojo o azul, pero debe de haber un cablecito que conecta directamente a la tristeza con la inspiración (en beneficio propio y de todos). Bendito cablecito :) Es como una compensación o un pago "a cambio de...", unas pequeñas alitas que se nos presta en esos momentos plomizos.

Un abrazo.

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