Cita con mi madre.





Hoy, al anochecer, cuando bajaba de la biblioteca, sentí como descendía desde las copas semidesnudas de los tilos, un vientecillo decididamente frío que me dijo quedo – Oye, que…¡todavía es febrero!- pero yo no llevaba puesto mi gorro ruso y  por lo tanto, no me lo creí. Pensé en castañas y busqué alguna rezagada en mi bolsillo pero enseguida supe que hubiera sido tarea de setiembre, esa de inclinarme en el parque y elegir la que me hubiera acompañado a lo largo del invierno... En fin, a mí, los meses se me han confundido últimamente de mala manera entre ensimismamiento, lecturas y pena -

Fíjate que ya está al caer la primavera  y solo me doy cuenta porque me lo dice el calendario cuando cada día, apunto las ausencias de mis alumnos… ya ves, y sin embargo, casi frente a la reja a punto de cerrar, recordé perfectamente que hoy, 30 de noviembre, hubiese sido tu cumpleaños y… se me vinieron encima, mientras cruzaba, todas las zapatillas de fieltro, las tazas gigantes, los poemas de caligrafía  esmerada, aquella margarita articulada que tú nunca terminaste de creer fuera obra mía...Y fui recordando los libros, las conferencias, las historias que te he ido regalando a través de los años. Aunque...si es noviembre, de dónde ese plumón en los tilos o...¿será de verdad, febrero?  A mí, el frío y los meses siempre me pillan de improviso ... ¿Es o no es hoy, tu cumpleaños?

La casa está oscura y sola cuando llego. Empujo la puerta y ningún gato me sale al encuentro, ninguna voz... Abro mi viejo bolsón todavía a oscuras y dejó sobre mi mesa el trabajo del día. Me he traído de nuevo a Statieva. Una y otra vez vuelvo a ella. Siempre. Leer esa palabra suya tan sabrosa se me ha vuelto costumbre, le pone tono a mi hora...la sostiene. He leído sus cartas, sus poemas y...me parece como sí hubiéramos coincidido muchas veces en muchos meses equivocados, en muchos paisajes distintos, en ciertas rebeldías, en una radical intransigencia...

 Creo que no alcancé a hablarte de ella. Te hubiese gustado la poeta rusa. Más que su poesía, su destino y sus cartas. A lo largo de muchas tardes, de muchos desayunos parsimoniosos en que hubiésemos degustado con gusto del circunloquio, habríamos hablado de ella, de sus amores difíciles, de esa su lealtad tan extraña que la llevó a tener que matarse en Yelabuga, un mes de agosto. Si, seguro que te hubiese leído algún fragmento como éste tan hermoso. Me acerco a la ventana y a la luz de la calle, te leo bajito como sí aún estuvieras ahí escuchándome atenta...

 “La poesía debe serlo de las cosas que nadie necesita. Es el reino más pobre y más sagrado de este mundo” Mi reino, nuestro reino, Marina.

 Ha sido tarde de correcciones. Tres atados de exámenes a lo largo de estas horas sin pena ni gloria.  Planas y áridas hasta que me encontré con su nombre impronunciable ofreciéndome lo único que puede saciar mínimamente esa  hambre que me corroe. 

..."Toda la vida se divide en tres periodos: el presentimiento del amor, el hecho del amor y el recuerdo del amor" dice ella. Yo también lo pienso.

No sé de esa satisfacción que dicen que se siente por el deber  cumplido. A mí solo me procura placer lo gratuito. Cumplo escrupulosamente con mi trabajo pero en mí, sólo es débito. Tú sabes bien que vivo con ese deseo obsesivo de volver al libro, a la página en blanco, a la conversación contigo... A mis cosas.

Me quedo un momento en silencio en la sombra que se adensa, deseando ardientemente recuperar un ardor que siento que he perdido y la carencia tan sentida me conforta. Sigo ardiente en desear . Me gusta sentir hambre todavía y...

"Apoyando la cabeza, oír los recios pasos hacerse más ligeros, y cómo el viento mece el bosque somnoliento y desvelado..."

Reverbera todavía un destello de luz en el alfeizar como siempre a esta hora y como siempre, me resisto a cerrar la cortina. Observo los ciclámenes convertidos en pequeños fantasmas allí afuera… ¿Cómo hiciste para conservar hasta el final esa capacidad de resonancia tuya?  Ay, verte una vez más, sentada en la esquina del sofá con la cabeza hacia atrás, perdida en lo tuyo con el libro abierto y tu dedo suave como punto de lectura... Sí, como cuando te creías sola y sonreías a veces ensimismada y era agosto. Sin embargo, soy tan duramente apasionada que como Marina, prefiero haberte perdido entera a conservar sólo una centésima de lo que eras.

Te llamo quedo y me sonríes con tu sonrisa piadosa, aquella que sigue atravesándome de amor hasta el hueso. Es tiempo de castañas, te digo bajito. He vuelto a sentir el humo al volver hacia casa, pero no. Pasó octubre y...parece que también se me pasó noviembre.

Enciendo la candela color ámbar frente a tu rostro intacto. La miro oscilar suave, suave…Cada jirón de sombra es un conato de palabra que te escucho...Esta soledad mía está casi cicatrizada. No me duele sino ciertos días especiales como ahora, aunque despierto siempre con una pena que la noche ha vuelto cuchillo. Ya no tengo que ocultarte nada de lo que sienta, para evitar hacerte sufrir. Nada. Sé que es solo mi corazón aterido el que se dice...Tú, ya no cumples años.

 No hay luna ni siquiera menguante; es sólo de farola, la luz que penetra oblicua… Yo hubiera deseado el fulgor delicado del ramaje frente a la ventana pero ya no hay hoja, no queda una que no haya sido pisada y barrida. Pero, no, no...eso fue en octubre. Ayer había brotes que destrozó la lluvia inesperada de la madrugada. No sé qué conjunción de luz está dorando ese precioso rostro tuyo… mataría en este minuto a quien se atreviera a encender la luz.

Tú sabías como Marina, que la ausencia podía ser como un gozo sacado de un baúl de sueños. Que podías vestirla y obligarla a comparecer en tu presencia, ausencia-fiametta, titilante como tú ante mí, ahora. Me mostraste muchas veces aquellas, tus ausencias preciadas que aparecían un poco polvorientas, como capas en jirones que conservaran todavía la textura del tiempo de la seda. Marina también sabía que en el punto más desolado y sórdido de la vida podía surgir la belleza, si se estaba suficientemente atenta aunque terminara quejándose como yo, a veces.

...del santuario donde todo es sueño e incienso, 
mis versos de juventud y de muerte 
-¡mis versos, que nadie lee!-
yacen...

Sus versos le pesaban ya ves. Sin embargo, en esta noche precisa agazapada entre meses, yo los leo para ti...

 Y ... ¿Si de verdad fuera noviembre? Ese mes de flores anegadas y tardes vertiginosas. Sí, porque aunque el tiempo parezca haber archivado definitivamente aquello que fue un presente compartido, a veces los días tropiezan como ahora y se vuelven hacia atrás a trompicones y me traen mágicos retazos de lo que obstinadamente sé que fue. Es entonces cuando me voy  inevitable hacia  donde tú  siempre reluces...

Estoy apurando a sorbos lentos tu presencia de llamita y tiniebla…y ojos vueltos hacia lo que me duele y me deleita. Marina me ayuda.

"En la palma de la mano tendremos 
la luna, si nos place"

Es la pura verdad. A mí...me place. A mí me places y te tengo en la punta de mis pestañas...

Ha empezado de nuevo a llover, pero esta vez es lluvia mansa. La luz oscila en su rescoldo apenas y ya a punto de tiniebla total, antes de que alguien encienda la lámpara y vuelva a confundírseme el calendario y nos lo obligue a marzo, le murmuró a tu rostro soberano ... 

....porque aunque tal vez, haya pasado noviembre y tú ya no cumplas años, sé que me escuchas.

3 comentarios:

Oscar da Cunha dijo...

Y cada vez mayor el placer de lo gratuito que se convierte en impagable. Te seguirá escuchando, seguro. Sucede cuando los meses se amalgaman en nuestra alma, que no es más que esa parte imaginada de nuestro auténtico interior. Gracias Begoña. Mil besos.

Anónimo dijo...

Contener la respiración leyendo tus intimidades, verte de amanecida a través de tu ventana iluminada escribiendo dulces palabras, oler la fragancia de tu piel enamorada derramada en el papel, es el verdadero placer de lo gratuito. La mayoría de las flores brotan en primavera. Otros mil besos Begoña.
José Ramón

marieujeni dijo...

Apreciada Begoña:
Hoy, una semana que, inesperadamente, mi amatxo respiró muy hondo por última vez, y como "pajarito" que estaba, voló, mientras sujetábamos sus manos.
que verdad, que verdad! Que la sima de dolor y vacío, inmediatamente comienza a llenarse de Amor.
Cada año me regalaba una castaña que recogía de los árboles, abajo de casa. Hoy las saco y abrillanto, de las joyas ni me acuerdo.
Eukene

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