Pigmalión




                                                                                                  a  mi madre.


Ya lo sé que te hiero.
Mi palabra cincel
labra las estaturas de mi miedo
pero lo empuña una mano
qué junta a tus dolores
terribles goterones de dedos machacados.

De amor es la tarea.

Busco llegar allí
donde la veta responda
al nombre de los primeros días
Donde seas tan nítida
y tan reconocible
que te brote la sangre.

Sólo entonces
recobraré mi mano
en la caricia enjuta
del dedo que toca sin tocar
y que se sana así
y así restaura...

Verás
no puedo sustraerme
la vida se me va
y se te va en escombros
y me quedan muñones
que se aferran
en locura tenaz a su servicio.
Llegar llagada y rota
no me importa...
¡Sí lograra encallar en la que eras!

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Si leer es imaginar, cada uno de tus versos es el inicio de un trayecto que tiene sentido al final del viaje.
Ella me advierte de los mil peligros del camino y con cada uno labro mis miedos. Librarme de ellos es seguir la senda, experimentar la vida machacándome los dedos con cada error al cincelar la idílica estatua hecha de estaturas variadas de tropiezos dolorosos. “Llegar llagada y rota no me importa”.
Ella me enseña a amar, solo el amor materno filial es eterno. “De amor es la tarea”, haciéndome así esclavo del amor lo busco en la belleza de otros pechos, de otras miradas, de otras caricias “del dedo que toca sin tocar” aunque “ya lo sé que la hiero”.
Sin ella, sin su mano, cansado, siento a veces la necesidad de regresar, recordando aquellos “primeros días”. Consciente de la inercia de seguir caminando, pienso y “¡si lograra encallar en la que eras!”. Al final el sueño se cumple cada vez que siento el amor y la estatua perfecta regresa por un instante a la vida. José Ramón.

Begoña Eguiluz de Sasía dijo...

La relación madre-hija(o) es muy compleja: llena de ambiguos matices. En el poema yo hablo como hija. Una siempre busca volver al idilio puro pero si es lúcida sabe que es imposible. A veces herimos y nos hiere esa senda cortada hacia el regazo...le llaman " el síndrome de paraíso perdido" Un saludo cariñoso, José Ramón!!

betibizkor dijo...

Así es. He encontrado imágenes nítidas en tus versos del paraíso perdido, del idilio puro, de la estatua perfecta de Pigmalión. Sí, somos complejos. Podemos ser madre, hija, hijo, padre, aunque creo que la figura dominante de las cuatro es la de la madre, la que más influyó en nuestra maduración. Gracias una vez más por la profunda reflexión de tu poema, Begoña. Cuánta claridad en tan pocas palabras. José Ramón.

Anónimo dijo...

He leído tu bellísima poesía en el bosque Irati otoñal escuchando a Chopin. He sentido el profundo significado de tus palabras. http://youtu.be/MUi0xZtb7_0
José Ramón.

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