Dolor.

 




Te has vuelto de espaldas.
 Solo es la sombra que proyectas
lo que acerca hasta mí tu cara oculta.

A partir de hoy:
me invento las palabras
y las dejo caer como miguitas
que nadie comerá porque...
no hay aves
ni sendero tampoco
en realidad, no hay niebla
la sombra es...
el reiterado garabato de mi pena:
No sé dóde volver.

Una luz negra ayuda.
Te reconozco oscura
más oscura que todo
cada vez que intento
posarme en lo que
cayó contigo y caigo
nada retumba nada...

Tiro palabras, tiro...miguitas
 hacia ninguna parte.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Cada vez que la leo me trasladas a ese instante después del impacto en el que reina el silencio y se hiela lentamente el calor de la tragedia. Las sombras que proyectas errantes por el valle nunca sabrán el porqué. Porque la sinrazón es el verdadero motivo. Cada vez que leo tus gemidos oigo las amargas voces de las despedidas de quienes no pudieron despedirse y descubro el goteo de sentimientos que destilan tus palabras tiradas hacia ninguna parte. Preciosa poesía. José Ramón.

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