Consejas al amor de la lumbre...



Al amor de la lumbre...


Amar siempre se puede
vivos o muertos
pero nos quita el sueño...
el cómo hacerlo.

Si en el yermo soñamos
la primavera
puede que en el invierno
nos aparezca.

Me gusta lo difícil
porque es posible
lo que es simple y redondo.
inhaprensible. 

Sé que se puede alzar
de pronto el vuelo
y que es inevitable
el caer luego.

Frente a la cuna hay hadas
olvidadizas
la que nunca nos falla
es la maligna.

Comer pan y cebolla
no es mala cosa
si allá en el horizonte
relucen ostras.

 Hay algo en cada uno
que es solo suyo
y cuando nos lo tocan
lo dejan sucio.

Solo el amigo puede
 vernos la cara
a los demás les toca
solo ver máscaras. 

Hay que juntar ceniza
si la alegría
es demasiado rosa
siempre es mentira

4 comentarios:

Paz Risueño dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Recuerda, humano, que eres polvo y volverás de nuevo al polvo. Miércoles de ceniza.
¿Porqué nos parecen tan reales los instantes de alegría aunque sean una ilusión? ¿Olvidamos que somos polvo? Quizás añoremos volver a ser “polvo feliz”. Pertenecemos a una cadena de eslabones que encenderá otras luces cuando se apague inexorablemente la nuestra. ¿Te das cuenta Begoña que has iluminado en 9 cuartetas un tratado sobre la vida?
La máscara transparente para las miradas amigas, la libertad para ser diferentes e impolutos, la abundancia de hadas malignas, la esperanza en forma de concha de nácar, el riesgo de metas difíciles y sin embargo la aspiración a alcanzar las cumbres más altas, y por encima de todo el enigma del amor. Gracias.

Begoña Eguiluz de Sasía dijo...

Al amor de la lumbre suele ser inevitable filosofar y... la mirada hacia atrás siempre recoge algunas migajas de aquello que los griegos llamaron sabiduría, a la cual cada uno de nosotros le pone el sello. Pero dicho esto, tengo que decir bien alto y bien claso que es un raro privilegio este de tener un lector como tú, que acarice y saque brillo de esta hermosa manera a mis palabras.
Muchas gracias, amigo!!

Anónimo dijo...

Te contaré un secreto, Begoña amiga. “Para mí es un raro privilegio tener una escritora como tú, que acaricie y saque brillo a sus palabras de esta hermosa manera” y las deposite en mi buzón, entre otros, al que acudo expectante para leerlas, en este inmenso océano de redes sociales donde abundan las palabras huecas. Tantísimas palabras y la gran mayoría huecas. Cuando te leo, este es mi secreto, trato de ignorar a tus restantes lectores, te leo en soledad y además sé que puedo charlar contigo, plantearte mis opiniones, diferencias, apreciaciones. Es como asistir a una tertulia en el Café Gijón a principios del siglo XX y poder comentar el último libro con su escritor. Es algo más, eres excepcional (que se aparta de lo ordinario, o que ocurre rara vez, RAE), en este mundo en el que hay más escritores que lectores, y ejerces tu vocación como si no lo fueras. No tiene ningún mérito decírtelo, sería un ingrato si no lo hiciera… Eres transparente para las miradas amigas... Gracias Begoña.

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