Éxtasis






A veces mi navío leva anclas
navio que transporta mi arcana dulcedumbre
sorteador de islas trasmutadas en lilas
que caen en Chagal de inundaciones
convirtiéndome en ángel herido de morada.

A veces caigo al mar y me rozan el vientre
los besos de todos los que he amado
precisos cada uno con nombre y apellido...

... voy de prisa y cuajo carne tocada
de brazos ubicuos que me abrazan sin daño...

y en ellos me gravito y en gozo me sostienen...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cada vez que leo esta poesía me acerco más a su esencia. Eso creo. El escritor necesita alcanzar el momento cumbre de la inspiración para ser capaz de escribir lo más “sutil e indecible”. El lector también para leerlo. Seguramente ninguno de los dos coincide exactamente ni en los detalles ni en la intensidad del sentimiento que surge de las mismas palabras. ¿Todos somos distintos aunque nos parezcamos?
Pobre barquilla mía, atrevida nave, bajel pirata, navío negreiro o que leva anclas cargado de recuerdos, o que sortea islas… ¡Cuantos poetas han trazado en el mar los caminos de la vida! Con más razón tú, Begoña, que eres de dos orillas.
“Ángel herido de morada”. Cuadro de tres pinceladas… cuanto dicen cada una de las tres… el tiempo se detiene en su contemplación… ¿Es el éxtasis que pregonas?
Sumergida en el mar, sintiendo todos los besos dados… ¿Se puede alcanzar mayor éxtasis?
“Brazos que abrazan sin daño” ¿Se puede llegar al éxtasis sin abandonarse a la belleza, desnudo de todo temor? Gracias Begoña.
José Ramón.

Begoña Eguiluz de Sasía dijo...

Gracias a ti por una filedidad solo comparable a la de "Mountain Wieu" aunque la tuya es incomparablemente más grata porque eres humano y conversas con mis versos...
Efectivamente, es necesario y extraordinariamente difícil que quien escribe y quien lee converjan en una emoción que inevitablemente los superara siempre a ambos: delicias de la poesía.
Un saludo cariñoso, José Ramón.

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