Conpanheira !!

A los estudiantes chilenos

Juventud del 72


Aquel  del 72 empezó como siempre empieza el otoño en Santiago: con nieblas densas y frías por la mañana y sol espléndido a partir de las 10. Teníamos 18 años por entonces, un mundo que  queríamos cambiar y la ingenuidad apenas trizada. Éramos "La generación de la revolución" como decía grandielocuente alguno: se imponía una fuerte sensación de destino como característica generacional. Usábamos el pelo largo, nuestros pantalones eran "de pata de elefante" y los jerseys muy ajustados. Nos gustaban Silvio, Serrat y Víctor Jara y "Arriba en la cordillera" de Patricio Mans. Nos iban los recitales poéticos, políticos, musicales; los amores conversados y librescos. Éramos jóvenes, teníamos un destino. Cual fuera el destino no estaba muy claro, pero nos sentíamos elegidos por la historia y eso nos llenaba de una euforia soberbia.

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.                                      Años jóvenes de la II República española

Mucho tiempo después en Madrid, asistiendo a una retrospectiva de la fotografía que hizo Robert Capa durante la 2ª República española, encontré en sus imágenes la metáfora perfecta para  esa sensación de urgencia plena que era la nuestra aquel otoño, cuando nos encontramos  para nuestra primera clase en el Dto. de Español  del Pedagógico de la Universidad de Chile, los "mechones" de aquel curso. Fue  aquel día precisamente el que conocí a Nilton Da Silva Rosa.


La calle Macul que empezaba en Irarrázabal y moría en Avda. Grecia, nos seducía con su hermosura un poco decadente. Calle rubia que se extendía susurrante a lo largo de casas bajas y aceras a mal traer con desorden provinciano y amable, en que la cordillera y los centenarios plátanos orientales  marcaban el lujo del paisaje y el telón de fondo para aquel Instituto Pedagógico antro de oratoria política, grafitis, guitarras, huelgas y desorden en que tan absolutamente jóvenes fuimos una vez. Solíamos encontrarnos en "Los Cisnes" pero más todavía  en el "El Puskin", con sus mesas de palos quemados, la tacita de café malo, el pucho y las melodías empalagosas de la época, que hacían dulce el paso de la tarde los días que no estaba yo metida en la biblioteca subterránea  leyendo a Unamuno,  mientras sentía caer la lluvia afuera.



Jardín del Pedagógico
 Nilton se parecía a Rasputín pero no era siniestro. Su pelo largo, liso, partido al medio y siempre un poco graso, lo caracterizaba. También el cutis basto y moreno y un defecto físico mínimo: una pequeña protuberancia ósea en su oreja izquierda que a mí me gustaba mirar. Sonreía abiertamente, con la jovialidad de un niño confiado a "fascistas y comunistas" sin mayor distinción, lo que era bastante insólito. En esa época de fieras filias y fobias, era un ácrata emocional. Tenía amigos estrambóticos en todos los círculos universitarios. Como hablador era insufrible. Su facundia verbal era temida por profesores y alumnos, ya que desconocía totalmente el don de la oportunidad.


Lo  recuerdo muchas veces en que interrumpiendo al profesor de turno, se subía a una mesa y nos arengaba con grandes ademanes ante la exasperación de algunos y el jolgorio de otros. El discurso siempre era el mismo: un refrito de marxismo, aderezado con consignas varias  y siempre repetidas,  en la que el acento extraño, las expresiones floridas y algún giro poético totalmente de su incumbencia, declamado todo con la mayor pasión, evidenciaban al histriónico extranjero en país de comedidos. Era también poeta, un pésimo poeta, al que gustaba declamar a voz en grito sus versos encendidos "urbi et orbe"... aunque en realidad, en aquella época todos éramos poetas y sin confesarlo abiertamente, cada uno se sentía más o menos en secreto destinado al Parnaso latinoamericano. Ya se sabe, publicar en "Casa de las Américas", la prestigiosa editorial cubana.


Para hacernos un poco visibles, los aspirantes a literatos,decidimos publicar una revista literaria aquel mismo invierno. Fue una empresa ardua que se libró en múltiples escenarios; casas particulares, en una de las mesas más escondidas de "Los cisnes", en distintas clases desocupadas, bajo los árboles del Departamento de Español... Como todo estaba  tan absolutamente polítizado, era inevitable que cada cual "intentara llevar el agua a su molino". Aquellos jaleos doctrinales entre comunistas y socialistas los recuerdo con nausea. Me solía aburrir horriblemente. Las discursiones se sucedían enervantes, pesadas, saturadas de los tópicos de la época. Hubo peleas y rupturas entre los "cuatro gatos" que formábamos el consejo editorial  de la revista "Etcetera". Finalmente, el asunto se zanjó con dos editoriales, que con estilos y  propósitos prácticamente opuestos, lanzó su primer y único ejemplar. Se publicó poesía, la nuestra, algún  artículo de crítica literaria que ahora leo y me hace reir a gritos y una entrevista al director del Departamento, de la que se encargó justamente a Nilton y que produjo la indignación más absoluta y terminante del entrevistado el día  en que fue publicada. Exigía nada menos que una reparación pública y pormenorizada de  la suma de sinsentidos que se le habían  atribuido y que el bando opuesto aprovechaba para ridiculizarlo a placer.
 Nilton,con absoluta inocencia, defendía  que él había escrito lo que había oído... que únicamente lo había redactado pero conociéndolo, llegamos a la conclusión de que  una vez más había vuelto a caer en la inevitable fabulación propia de su temperamento. El despacho del Director y su sonrisa nos fueron cerradas desde entonces a cal y canto.

 Pretendíamos financiar la revista a través de una suscripción previa de alumnos y profesores a los que mareamos durante semanas, pero hechos los presupuestos, vimos que no nos llegaba ni para el papel. Fue ahí, donde yo aporté a un amigo de mi familia, el impresor don Agapito Urarte, un vasco nacionalista, católico y anticomunista, que había sido comandante del batallón republicano vasco "Amayur" durante la guerra española de 1936. El fue quien, prácticamente a su costa, publicó el primer y único número de la revista Etcetera de literatura.


Pasamos muchas tardes con él en su oficina de la calle Compañía. Don Agapito era muy bajito y menudo. Fumaba incansablemente pero solo hasta la mitad sus Hilton, que compartía generosamente con nosotros. Estaba dispuesto a contarle a cualquiera sus peripecias bélicas con voz casi inaudible, porque tenía la convicción de que la CIA. lo perseguía. Las hazañas de su batallón eran épicas, aunque toda toma de posición y toda retirada del campo de batalla, se producían extrañamente, sin muertos. Emocionado, contaba como habían sobrellevado la guerra él y los suyos, casi con el uniforme impoluto y la conciencia tranquila. Eran vencidos llenos de gloria los del 36.

Quién mejor le escuchaba era Nilton, nuestro fiero revolucionario del MIR, aquel que decía que a los burgueses ¡había que matarlos a todos!  La pareja era digna de verse: muy juntos los dos casi cabeza con cabeza, don Agapito con su traje completo tapizado de ceniza ,sus ademanes suaves y  la boina a su alcance sobre la mesa. Ambos conspiraban. El viejo republicano desgranaba detalle tras detalle ante un Nilton bastante harapiento con su barba rala, sus melenas y la boina adornada con la estrella del Che que no se quitaba ni para dormir y que lo escuchaba extasiado, pidiendo incansable  historia tras histora.
Guardo un recuerdo entrañable de aquellas dos boinas juntas. Cuando ya muy tarde por la noche salíamos de la imprenta, mientras enfilábamos el paso hacia la Alameda, Nilton invariablemente me decía al despedirse...¡Qué hombre, companheira!

Mi amigo era un tipo extravagante. Lo recuerdo poco después de comenzar el curso en una fiesta que hicimos en el antiguo casino del Pedagógico de la U. de Chile. Todos íbamos de bluejeans de pata ancha y con el toque desaliñado que marcaba la época. Nilton en cambio, se presentó de punta en blanco. Se había lavado el pelo y vestía  traje de chaqueta, camisa blanca y corbata impecable. Se pavoneó de lo lindo ante las bromas que lo tachaban de burgués y fue el último que se marchó perdiéndose entre los árboles plateados por la luna llena hacia su cuarto en la residencia de estudiantes, todavía impecable. Aquella noche le había sido vaticinado por uno de los asistentes ( un alumno bastante mayor que nosotros, que tenía una librería de libros de segunda mano allá por la calle San Diego... un tipo un poco inquietante por sus extraños ojos dorados) que moriría de muerte violenta antes de terminar el año.

No le conocí amores. No era atractivo para las mujeres. Pese a su actitud gregaria era un tipo solo. No encajaba bien en ninguna parte porque era incapaz de atenerse a las normas y a los usos de las "ortodoxias".

A mí me gustaba. Compartimos una amistad, que por su lado tenía que ver indudablemente con mis antecedentes vascos que él admiraba sobre todo desde el encuentro con don Agapito y una suerte de cercanía emocional que me hacía defenderlo frente al hartazgo de los otros y perdonarle sus demasías revolucionarias. Nos entendíamos fácil porque era el tipo más antidogmático que he conocido. Con él jugaba y me reía con una facilidad extraña en mí, una chica seria.


Aquel año nevó y en un Pedagógico desierto, organizamos una batalla de bolas de nieve que fue encarnizada y en la que me ganó por goleada. Nos sonreimos siempre a pesar de nuestras absolutamente distintas posiciones políticas. Voté por él para delegado de curso simplemente porque alegraba la vida.

Fue un año eterno como cuando se tienen 18 años... pero como todos, pasó. Al final  se aceleró todo.  Poco antes de brotar la primavera lo vi  por última vez en una marcha que iba lenta por calle Macul. Me saludó desde lejos, alzando la mano como siempre: ¡Companheira...!

Matarlo fue como "matar un ruiseñor"


Más información sobre Nilton

11 comentarios:

Begoña Eguiluz dijo...

Como que se esta muriendo de frío este pobre relato sin medio comentario... No puedo creer, Nilton que no le produjerais una sonrisa a nadie tú y Don Agapito.¡ Vamos!... es solo cuestión de timidez y como yo no soy tímida...

No hay nada mejor que cuando queremos algo y no nos lo dan, procurar el propio remedio...¡ya ven!

marieujeni dijo...

A veces, no respondemos de inmediato, por respeto a la carga histórica del acontecimiento, o porque sencillamente, no se nos ocurre nada apropiado.

Sin embargo, hoy, he recordado algo tan sencillo como poco fácil de aplicar, que siempre he defendido “La auténtica amistad, la auténtica humanidad, está por encima de ideologías, religiones, creencias. Lo que importa es la calidad humana del individuo”… Por sus actos los reconoceréis.
Un gran abrazo al recuerdo de Nilton

Begoña Eguiluz dijo...

Hola, Eukene.
Andaba yo con un poco de pena negra y se me notó en el comentario previo...¿Sabes? hay algunas personas que "sólo tienen una tumba en el aire" como dice Celán, el grandísimo poeta. Nilton es de esos...Sé que de alguna manera yo intento, como buena recordadora que soy, fabricarle al amigo una tumba en las palabras.

Los dos agradecemos tu abrazo.

victor gato dijo...

Me ha entrado la curiosidad y también he leido este otro post que he encontrado sobre Nilton:

http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/nilton.htm

Los inicios de los setenta fueron años convulsos y esperanzadores. A mi me aburrían soberanamente las agotadoras asmbleas de egos y las machaconas canciones de "Oh bella chiao" y "No nos moverán", jj.
Me ha parecido un relato bonito y nostálgico de unos recuerdos personales. Un pasado un tanto comprometido :)

Begoña, los silencios en Agosto son comprensibles, la gente solo piensa en el esparcimiento y desconectan los ADSLs, jjj
De todas formas, siempre disfruto extendiéndome en los comentarios, pero como veo que no es la tónica general ni tampoco recibo respuestas, me he pasado a lo escueto, jjj.

Mi blog de poesías también lo he dejado en vacaciones indefinidas. Estoy en www.victorpintorart.com

Un beso (felicidades con retraso).

Begoña Eguiluz dijo...

Mi querido gato:

Gracias por tu curiosidad tipicamente gatuna. Es como su hubieras pasado a dejarme una pequeña "langosta". Voy a agregar el post que me has conseguido a mi relato y que lo completa y muestra tan bien la época y su carácter. El texto y los poemas son de compañeros míos y es posible que se escribieran, los poemas, al menos, al calor de los acontecimientos. No decía yo que todos éramos poetas...:)

Estoy un tanto mal acostumbrada. Si algo tiene mi blog es que los comentarios a mis entradas son interesantes, enriquecedores, llenos de sabrosura y ...claro, a una se le olvida que es agosto, mes de los gatos.

Me encantan tus comentarios largos.

Un abrazo !!

Latxu dijo...

Bai....Bego...batzutan gauza bat idatzi eta pantaila aurrean izaten gara zain, gure irakurleen iruzkin edo kukuek gure gosea aseko dutelakoan..gaizki ohiturik nonbait, beti batek edo bestek idazten du eta. HOrratx nire kukue, berandutxu baie hementxe naukazu....istorio ederra..poliki irakurriz joan naiz, apurka...dana ondo dastaturik...ipuin kolorea be badeko, ze polite, zu sumendi horren erdien, herrie bor-bor zegoenean..
Paradoxak, sumendi barrie piztu da ta Txilen. Berriro. Bazen garaia, ezta¿¿¿ Nilton barriek jaio dire..
Maizago itxikotzudez ohartxoak, abuztu nagitsua astintzeko...;-). MOsu epela, udaberri usainekoa....

David B dijo...

Hola

He llegado a este blog buscando en Google imágenes de Capa en el Madrid del verano y el otoño del 36. Debo decirles que la foto que ustedes dan con esa referencia no está tomada en Madrid (seguro) y (con toda probabilidad) ni siquiera por Capa. En la imagen aparecen varios marineros en situación festiva y un miliciano o soldado a la izquierda de la imagen. Junto a él, en el centro del encuadre, aparece un alegre marinero con un acordeón. En la gorra de este marinero se lee su destino, Jaime I, Rey de Aragón en el siglo XIII y buque republicano que operó en el mar Cantábrico en el verano y otoño del 36 pasando luego al Mediterráneo. En mayo del 37 se hundió,

http://es.wikipedia.org/wiki/Jaime_I_(1921)

Su tripulación, pues, nunca habría coincidido con Capa que, si bien estuvo en Bilbao (el gran puerto del mar Cantábrico) en la primavera del 37, no pudo tropezar con el Jaime I, por entonces en Cartagena (Murcia), en el mar Mediterráneo.

Caben numerosas excepciones y posibilidades pero los grandes datos históricos conocidos hacen muy difícil ubicar esta imagen en Madrid, así como atribuirla a Capa.

Excelente y emotiva la entrada del blog, en todo caso, que no me he resistido a leer.

Un cordial saludo.

Begoña Eguiluz dijo...

Interesante su trabajo de erudición que tomo en cuenta. La verdad es que yo andaba a la búsqueda de una imagen que mostrara la alegría contagiosa de los años jóvenes de la República española, previos a la guerra. Sabía que R. Capa había inmortalizado momentos de ese tipo por lo que ni siquiera dudé de su autoría de la foto. Pero puesto que su autoría es más que dudosa, procedo a retirar la identificación. Muchas gracias por tomarse la molestia de escribirme.

maria jesus olguin dijo...

Que buen relato de aquellos inolvidables y feroces años que nos toco vivir. Admiro la buena memoria tuya; pero con ese salero poético en que has inmortalizado la imagen de Nilton donde tan bien lo comparas. Es sorprendente para mi deducir una suerte de cariño por el compañero aunque pude constatarlo cuando muchas de nuestras compañeras fueron a su funeral a pesar de todo lo que él representaba. Muy bonito tu homenaje a todas esas vivencias de nuestra juventud.

Begoña Eguiluz de Sasía dijo...

Me alegro de que haya hecho volver atrás, Mari. Tengo una gran memoria para todo lo que me caló hondo, aunque en el momento de vivirlo no lo supiera. Es doblemente emocionante recordarlo con quien lo vivió contigo.
Nuestro estrafalario Nilton Da Silva Rosa es sin dudarlo un recuerdo muy querido de aquellos feroces años, como tú dices...

maria jesus olguin dijo...

Había leído infinitas veces y siempre los comentarios se perdían ...Me alegro que finalmente resultara para compartir emociones ami

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