Carta de Navidad a mi padre.


Querido aitatxu:
Tú me conoces. Sabes que desde siempre cuando me baja la pena, esa que me pertenece como la bajamar o el menguante a sus respectivos, me levanto en medio de la noche y camino hacia la cocina en busca de mi salvación en forma de  manzana verde que cruja: una Golden Smith de buen calibre.

  Y... mientras me la como a cachos chorreantes leo unas líneas del libro de turno,
 ese que he dejado de canto al lado de mi cama como otra tabla de salvación. Ayer estaba leyendo "Marina Tstetáieva mi madre" de Ariadna Efron, ya sabes, la poeta esa que yo quiero tanto.

"Admirad, sentados en un baúl, el tapiz de Flandes que ha tejido para mí la araña. No hagais caso de las habladurías que cuentan que una mujer puede prescindir de encajes..."

Es cierto, no podemos, tampoco de abrazos podemos. Somos adictas a los abrazos las mujeres. Cuando terminé la manzana hasta el rabo, éramos Marina y yo las que nos convulsionábamos en el nudo del frío.

Y entonces, me arrebujé y me canté muy suave tu canción... "Si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño que es mi persona. Cuéntale tus amores, bien de mi vida..."

Volví a dormirme y entonces... ¡bailé contigo!

Elegiste bien el lugar para llevarme a bailar, aita. Se parecía al salón grande de la Liguria de Montevideo -¿recuerdas?- Aquel en el que celebraban sus fiestas las quinceañeras, aquel en el que yo arrasé a los 14 con mi vestido de broderí blanco. Me tomabas fuerte de la cintura (no existía tu mano mala) eras más alto que yo.... Te miraba incrédula y tú, mientras dábamos vueltas y vueltas, me guiñabas el ojo y me decías socarrón como siempre:

-¡Ya ves, hijatxu, volvemos a bailar!-

  Y yo te abrazaba cada vez más fuerte  al ritmo de "La Paloma" que tú me tatareabas al oído...
 ¡Qué delicia de piel, qué dulzor de ojos en mí ¡qué sonrisa tu sonrisa! Bailamos hasta el amanecer, colgada yo de ti como cuando era tu niña, con más urgencia todavía ahora porque ya sabía muy bien que los sueños se acaban en todas las dimensiones, que lo que estaba ocurriendo era un regalo y yo no quería perderme nada... ¡Nada!

Cuando volví a despertar serían como las cinco de la mañana. Sentí en mí el cansancio de muchacha noctámbula con un secreto y no me importó nada que lloviera. Tú sabes que el que no me importe significa que afloja la pena. A esas alturas yo la tenía tan abrazada que ya no era sino melancolía de la suave... hasta Marina y su destino se me hicieron más asumibles.

Pero quería preguntarte... ¿Fuiste tú el que se comió el trozo de tortilla que dejé tapada en la cocina, verdad? ¿Te gustó aitatxu?

Sé que viniste, que te sentaste en mi sitio como los buenos muertos, que te dolió tu niña sola, mecida por una pena que heredé de ti. Estoy segura de que viniste después de la manzana  (la tortilla estaba aún ahí cuando fui a buscarla) Sé con certidumbre de poeta que después de bailar conmigo toda la noche y de hacer a tu hija el más imprevisto de los regalos que recibirá esta Navidad, en silencio, lento, cuidadoso, como tú eras te fuiste comiendo poco a poco la tortilla de patatas que yo había dejado. Sí, así como solías... ¿Fue tu regalo de Navidad?


Eskerrik asko, maitia. Los dos sabemos acariciarnos las penas de la más eficaz de las maneras

Siempre te espero!!

7 comentarios:

Mandalas, Espacio Abierto dijo...

Hola Begoña

Es preciosa. Tengo un nudo en la garganta por la emoción y el amor que transmites. Precioso regalo el de bailar con él, el de sentirle, el de su visita, el de su amor, el del tuyo.....

Felices Fiestas y deseo de todo corazón que tus sueños los reales, fantasiosos, astrales, imaginarios y lúdicos, se hagan realidad y te colmen de felicidad.

Besotes.

Oscardacunha dijo...

Él esta noche volverá bailar con tu recuerdo, y se sentirá orgulloso, como buen padre, por haber conseguido trasmitir a su hija la belleza y sabiduría que adornan la navidad.
Feliz noche de sueños y nostalgias, y gracias por compartir la emoción de ese hermoso momento que desde hoy colgará en mi árbol secreto. Con mi último café de esta noche lo volveré a leer, ya dentro de mi memoria.
Gabon Begoña.

Pedro dijo...

Emocionante.
No se han ido los que se fueron.
Quizás nosotros ya estemos en otro plano, lejos.
Conmovido, te deseo un magnífico 2012

VICTOR GATO dijo...

Bellísimo y conmovedor, Begoña.
Gracias por compartir de esta manera tan linda. Me encanta sentir la suave cadencia de tu pulso en las letras. Tienen mucha mágia.

Tabla de salvación, nuestras tablas de salvación, me dejas con estas palabras acomodadas dentro de mi cabeza.

He vivido sueños que eran mucho más reales que lo que llamamos "realidad" Yo estoy seguro de que eran otra "realidad" mucho más real, no tengo la menor duda.

Te deseo un año lindo donde se cumplan tus ilusiones.

Bs.

Cartas en la noche dijo...

También estoy yo leyenda a Marina. También me levanto todas las noches a tomar un cigarro en la mano que al cabo me niego a fumar. También siento la presencia de mi padre, tal vez porque los bisturíes se apostan bajo el ventanal de mi habitación y me dejan el miedo cosido en los cojones del alma. No bailo con mi padre, pero mi padre me mira con sus ojos verdosos y canelas y mujeriegos bajo su sombrero de ala ancha mientras posa gallardo y seductor sobre el mismo caballo negro que durante la Guerra, siendo el pequeño todavía, le salvara la vida. No sé, Begoña, no sé cómo logras poner voz a mi silencio. Pero uno lo agradece con todo el corazón, por más que llegue tarde a los buzones...

Cartas en la noche dijo...

Ah, saludos a tu padre. Yo haré lo propio con su su paloma...

Begoña Eguiluz dijo...

¡Casi me enamoro de tu padre, Carlos! Vamos, si me trajo entera la estampa de aquella canción de mi madre...
-¡Ojos verdes, verdes como la albahaca, verdes como el trigo, verdes y verdes de un verde limón!-
Caballero en caballo negro...¡Ay, Dios! tú también sabes sacarle punta a mi imaginación...
Daré tus saludos a mi padre cuando vuelva...sé que os hubieraáis entendido bien.¡A mi cuenta!

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