Del tiempo



Esta mañana, nada más despertarme y mirar de refilón el brote de las hortensias, me cayó encima el tiempo; el de abrazar y el de deshacer los abrazos; el de partir y el de tener que volver, el de saludar gozosa y el de tener que despedir y soltar... 

Me deslumbró los ojos el fulgor de la cordillera encendida mientras fuera luchaban los cúmulus-ninbus por el lado del mar; una sonrisa plena me trajo el refilón de la hora redonda de la tarde, mientras sentía caer una a una las hojas del otoño del fin del mundo sobre una losa de piedra. Encanecía mi habitación la luna enorme y arrebolada del sur  y a la vez  era consciente de como se dejaba alcanzar suave por ésta que transita aún desvaída y mínima sobre mi casa...
 Escucho tu voz de gato en mi oído de aquellas mañanas en que me retenías junto a ti embelesado como un Salomón joven; ese sonido intenta acallar como un xilófono encantado, la  voz que ahora  musita que  ya no es tiempo de retozos, ni de abrazos...

Nuestro tiempo está apresado en un concentrado que a veces algo agita. La redoma entonces, como un calidoscopio, se pone en movimiento y nos permite vivir en un instante la dulcedumbre y la adversidad de los días. A veces es dulce sobre dulce, a veces, aciago sobre aciago. 

Y entonces... barruntamos la eternidad.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta oración o poesía o gotas que fluyen al exprimirte el corazón miden con exquisita exactitud el tiempo que transcurre al pasar la arena en forma de finísimo polvo vital desde el pasado hasta el futuro. Eres capaz de detener ese flujo constante, relativizando el tiempo, y contemplar la microscópica esencia de la vida, y la inmensidad de la cordillera con los ojos del alma, acostumbrados a mirarla, de ver la hoja amarillenta que cae y yace pisoteada en el suelo y vuelve a crecer de nuevo en primavera todo en un solo instante. Solo así te da tiempo para describir a cámara lenta esos momentos eternos. Gracias Begoña.
José Ramón

Begoña Eguiluz de Sasía dijo...

Eso es, José Ramón. Existe el tiempo cronológico que apenas dura y el tiempo "sentido", ese que se ha adherido a nuestra memoria poética y nunca deja de de acudir a ser vivenciado una y otra vez mientras nos dure la vida, si algo lo despierta como "la magdalena" a Proust.
Nuestra época es propicia para la poesía porque triunfa el fragmento. Los relatos largos, detallados y laboriosos han terminado pero siempre sobrevive la chispa mínima y concentrada que es de la que me ocupo yo.

Gracias a ti no solo por leerme sino también por contarme la huella que deja en ti lo que escribo. Me he acostumbrado a esperar tu comentario. Gracias, José Ramón.

Anónimo dijo...

Amiga Begoña. Tus escritos me interesan: ayudan a reflexionar, ordenan el pensamiento, son un manantial de ideas. Se convierten en tu mágico calidoscopio al releerlos. Dicen más de lo que parece que dicen a primera vista.
Seguramente busco en ellos, como bien dices, esa chispa mínima suficiente iniciadora de su metamorfosis. Quitas palabras en vez de ponerlas, dejas al lector que sea quien las coloque e interprete libremente. Son escasos en adjetivos, sugieren más cuanto menos ocupan. Te sobran 140 caracteres para reescribir un tratado de... ¡Con lo difícil que es sintetizar!
Sin embargo no te gustan las matemáticas ni las formulas físicas que, a mi entender, representan la esencia del conocimiento. Unas pocas letras de una fórmula son el resultado de toda una vida de reflexiones para entender el universo.
Estoy de acuerdo contigo. Nuestra época es propicia para la poesía, pero sigue siendo un manjar para minorías.
Mis comentarios y agradecimientos no solo cuentan la huella que dejan en mí tus escritos sino que te ruegan sigas escribiendo, aunque sé lo harías sin ellos.
José Ramón.

Begoña Eguiluz de Sasía dijo...

Gracias, muchas gracias!!

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