Así viene...





No en medio de relámpagos y truenos
más bien...
entre el café del amanecer
y las frías sábanas de la noche
envejecemos
y empezamos a soslayar los espejos
y a permitirnos múltiples licencias.
Descubrimos
los abanicos
los fulares
las lágrimas artificiales
y el dosificador de pastillas...
Lo que más nos duele son
los recuerdos que pululan
y nos traba aún más
la incertidumbre de los pasos.
Se ama con mayúscula lo que fue
y tendemos a consagrarnos
a los ritos, a los soliloquios
y... a las soledades.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Todas tus palabras aparecen impregnadas de vejez. Frías sábanas de la noche, abanicos, fulares, lágrimas, pastillas, el dolor de los recuerdos, la incertidumbre del futuro, ritos, soliloquios, soledades y sobre todo el “soslayar los espejos”. Evocan múltiples formas nuestra propia vejez. Cada una desgarra el velo con el que la cubrimos para olvidarla. Al menos así me parece. ¿Envejecemos lentamente durante toda la vida?
De joven, me agradaba calentar la frialdad de las sábanas con el calor de mi cuerpo desnudo, mirarme en el espejo amigo para encontrar rasgos de piel recién estrenada, desconocía el hábito de las pastillas... Magnífica poesía, Begoña. ¿Será que, como dice García Lorca, la poesía quiere amantes? Gracias. Muchas gracias.
José Ramón.

Begoña Eguiluz de Sasía dijo...

Sí, es verdad, José Ramón, la poesía quiere amantes pero de esos que aman sin cerrar los ojos. Exige lucidez. Si es verdad que queremos rescatar el instante, tan importante es consignar el de "resplandor en la hierba" como el de "bruma y arena" Para mí es fascinante observar la marca de los años y sus pocas aunque evidentes bondades. Un saludo cariñoso.

Publicar un comentario