del amor a los libros

Corazón, mi primer libro.

Sí, ya sé que "el día del libro" ha pasado como tantos otros días, como "el de los enamorados",  como el del trabajo o el de la madre...pero como dice el tópico y dice bien, cuando amamos algo de verdad, todos los días son buenos para celebrarlo y...yo amo profundamente a los libros y necesito celebrarlos todos los días.

Muchas veces, como profesora de literatura, me han preguntado cuál es el secreto de la adicción a la lectura, cómo cuaja el buen lector, cómo se trasfiere esa pasión tan embriagadora. Mi respuesta siempre ha sido la misma : Haciendo de mediadores, poniendo en contacto. Esto es justamente, lo que otros hicieron conmigo.

Recuerdo que cuando era muy pequeña, después de terminar mi primer día de clase, mi madre me llevó a una librería y me compró "Corazón". Todavía veo la portada de aquel libro...la mujer pobre y mal vestida llevando a su hijo jorobadito de la mano...(son el albañilito y su madre camino de la escuela). Cuando llegamos a casa, después de que yo cumpliera trabajosamente con mi primera hoja de palotes, mi madre me leyó lenta y expresivamente con su hermosa voz, el primer capítulo y me dejó claro que cada día leeríamos  uno solo. Fue para mi desesperación que ya presagiaba mi voracidad de ahora...

Aprendí a leer muy rápidamente porque no soportaba el tener que adaptarme al rítmo de la  lectura impuesta por mi madre. Yo quería leer el libro de un tirón sin que nada ni nadie me obligara a detenerme. Más tarde, ella me fue contando, a medida que crecía, la historia del Principito, la de Juan Ramón y su burrito, alguna que otra aventura de Don Quijote y la apasionada historia de amor de Cyrano por la bella Roxane... Mientras tanto, una y otra vez me regalaba libros...Mujercitas, Julio Verne completo, Cumbres Borrascosas, La ninfa constante... Le escuché una y otra vez la poesía de Gabriel y Galán (el poeta que ella amaba)...

Pero luego, a medida que crecía, como es ley, empecé a buscar y a encontrar  mis propios amantes, siguiendo y tejiendo hilos sinuosos y mágicos que a estas alturas de mi vida se han convertido en magnífica vestidura, fiel armadura contra cualquier embate.

Necesito nombrar a Unamuno y a Cortázar, mis amores de juventud. Quiero recordar a Neruda, a Gabriela Mistral, a mi queridísimo Cesar Vallejo, a Emily, a Teillier, a A. Fournier...mis poetas, sin embargo... a medida que nombro ya empiezo a sentir el desasosiego del desborde..son demasiados los nombres que acuden a mis dedos, demasiados los libros que han influido en mí, que me han hecho disfrutar y vivir esa "doble vida" que es mi vida. No quisiera traicionar la memoria de ninguno.

Creo que todo el que me conoce me ha visto siempre empuñando un libro. El libro es mi pasión más confesada, la más persistente, la que morirá conmigo

De verdad, no conozco otro medio mejor para crear lectores que comentar, regalar, sugerir, ofrecer...libros y el espectáculo continuado de deleite que ofrece la lectura.



5 comentarios:

EL GATO ESTEPARIO -víctor- dijo...

Hola amiga Begoña, te sigo leyendo aunque hace tiempo que no te comento por falta de tiempo, y porque a tus escritos les quiero dejar más que una escueta impresión.
Todo cuanto dices es cierto. Creo que algo bastante influyente es crecer rodeado de libros en el hogar y de ambiente de lectura. Que estén ahí dispuestos para cuando llegue el momento de la llamada.
Me has hecho recordar que, en mi caso, la llamada llegó más tarde, un poco antes de la adolescencia, aunque siempre estuvo a mi alcance la biblioteca de mi padre, que nunca dejaba de ojear desde pequeño, pero no eran los libros que habían de despertarme la pasión.
Un primo mío, mayor que yo y que vivía en la planta baja, estaba subscrito al famoso Círculo de Lectores (al que tanto debemos por la difusión de la literatura en los hogares sencillos de clase media) y tenía coleccionada una buena biblioteca, que probablemente nunca llegó a leer, pero que yo descubrí el día que mi corazón necesitaba imperiosamente de respuestas y de belleza. Y fue básicamente a través de ensayos y de poesía. No se me olvidarán los primeros que me enamoraron: Ortega y Gasset, Nietzsche, Celaya, Tagore,...A partir de ahí la literatura entró en mi vida como un cañón.

Con mi hija siempre he tratado de transmitirle este amor desde pequeña, pero debo de ser muy torpe porque aún no es de su interés, espero que le llegue en su día igual que me ocurrió a mi. También es muy probable que la pasión que vaya a dirigir su vida sea otra, pues son muchas las pasiones que pueden atraer la atención de los humanos: la música, el deporte, la pintura, la decoración, el estilísmo...

Hace poco llegué a decir en un blog, que a una isla desierta me llevaría un buen libro, el libro que más respuestas me ha dado o el que más belleza me ha transmitido, y un gato dócil. Las personas traicionan, decepcionan, los libros tienen las respuestas y amor en forma de generosidad, son el legado dorado de la Humanidad. Cuando en una guerra se destruye una biblioteca, como ocurrió en Sarajevo, siento una inmensa tristeza.

Un beso.

Pedro dijo...

The firts cut is the deepest que canta Rod Stewart, empezar con Corazón marca, menos mal que después el camino se ensancha y podemos escoger nuestros amores. Qué rabia, coincidimos casi al 100%, lástima no ser originales, únicos, diferentes. Ser autodidacta tiene riesgos, leer algo de lo que no y olvidar tanto sí. Cortázar me lo descubrieron en la mili justo cuando solo pensaba en lo que siempre he pensado (y me enamoré, yo que nunca me enamoro –que me dice M). Neruda me llevo de la mano hasta que me dejé de intermediarios y me lancé de cabeza a definir lo imprescindible. Hacer balance de nuestros amores literarios tiene algo de infidelidad, siempre dejamos de citar esos que nos gustan y no son políticamente correctos, no tienen nombres de prestigio. Yo qué sé, Begoña, leer da sentido para vivir todo lo que la vida no da (por mucho que nos propongamos, no hay tiempo). Me gusta leerte. Un abrazo en este domingo gris, triste.

Begoña Eguiluz dijo...

A mis queridos lectores:

les sugiero que me sigan leyendo en "Cartas en la noche" (hay una carta mía). Este es el link

http://cartasenlanoche.blogspot.com/2011/07/carta-en-venecia-de-begona-eguiluz-un.html

Ojalá les guste !!

Mandalas, Espacio Abierto dijo...

Hola Begoña

Es un buen amor, el de la lectura. Muy bonito, enriquecedor y apasionante donde poder dar rienda a a imaginación, viajar y disfrutar.

No recuerdo cuál el primer libro que leí; si recuerdo estar rodeada de cuentos infantiles. Durante la adolescencia me gustaba leer a Quevedo, Lope y Shakespeare. Ahora busco evasión y no pensar demasiado; así que me refugio en la novela policíaca. Es que con la edad me temo que me voy perdiendo ;).

Gracias por el enlace, me pasaré por allí.

Besotes.

Libe dijo...

Me confieso una lectora anárquica y asistemática. Mi lectura tiene algo de esas “monogamias sucesivas” (un libro después de otro, con entrega total y apasionada) y me cuesta entender la promiscuidad lectora de mi marido. En fin, cada cual a su manera.
Creo que un amor sano por los libros no debe ser posesivo: los libros son para pasar de mano en mano. Cuanto más manoseados (con un amor respetuoso, de buen amante, claro) mejor. Esto tiene sus riesgos: no deja de haber desaprensivos con manos de hacha y cabeza de chorlito. Nunca olvidaré cuando una vecina me devolvió mis “cuentos del mundo entero”, libro con el que descubrí mi pasión por la lectura, con la tapa estropeada ¡qué sacrilegio!
Desde entonces cuido ciertas ediciones con un poquito de ese “mira pero no toques… que es mío”. Y me encanta ver por el rabillo del ojo las yemas ajenas andándose con la (extrañamente placentera) cautela de quien toca lo tan apreciado por otro… que mira. Hay algo de morbo en todo eso.
Estoy totalmente de acuerdo en lo del rol mediador y, también, en la importancia del modelaje. ¿Cómo puede una quedarse indiferente ante algo que produce tanto placer a los demás? Precisamente por eso creo que es contradictorio que digas que se trata de una pasión que morirá contigo. Ha sido tan evidente, tan compartida, tan… Disculpa pero, por muy íntima que a veces la sintieras, no te la puedes llevar contigo. Y no lamento nada decírtelo.

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