Elegía rabiosa



A Kuttun

Hubo una vez en que yo tuve un amor, un gran amor, que llenó mis días y se impuso imperiosa a mi corazón con la suavidad y capricho de su carácter. Era audaz y flexible, autosuficiente y habladora...amaba el calor, las libélulas y las hierbas altas. Era la dueña de mi cama y mi regazo ...Se fue, un día como hoy en que el otoño empezaba, a vivir su vida intrépida como todos los días ...Se fue y me dejó en la ventana la huella de su patita que se borró con el tiempo. No volvió porque...no pudo volver. Fue entonces que yo descubrí por primera vez el terrible sabor de la pérdida


Nunca más.
Ni en esta vida
ni en la otra, ni en la
que quiero inventar, ni
en la que gime ahogada
¡nunca jamás ya tú
mi muy querida!
En lo único que aún eres
es en la herida, esa que
yo acreciento con mi uña afilada para que no
de cierre. Escarbo, a veces
despacito, otra
¡a dentelladas!a
a arañazos, a golpes
¡para que estés ahí
en lo rojo, en lo que duele, para que duermas ahí
y te afiles las uñas
y comas y bebas
despacito...para
poder besarte y olerte y
alzarte hasta mi cuello
para poder llamarte y
¡qué vengas... que vengas!
hecha daga que mi mano
revuelve...

6 comentarios:

VICTOR GATO dijo...

Es preciosa. Yo tengo una totalmente blanca. Se les llega a querer mucho, cuando se les entiende y respeta (o se les ama), y cuando ellos nos entienden y respetan (o nos aman), y se establece por tanto una compenetración de pensamiento a pensamiento, sin necesidad de palabras.
Precioso poema.
¿Eras niña cuando se marchó, o ya te ocurrió de mujer?

Bs. Begoña.

Begoña Eguiluz dijo...

Me ocurrió de mujer hecha y derecha. La encontré en la calle, yo creo que se había perdido. Fue amor a primera vista. Desalojaba a base de gruñidos "amenazantes" a mi hijo menor de mi regazo. Ambos mantenían una guerra de celos bastante divertida. Literalmente, la adoré . No he vuelto a tener más una siamesa . Ahora tengo tres (Ximut, Yausy y Manchita) y los quiero mucho pero ni rozan lo que fue la Kuttun para mí. Me encantan los gatos!!:)

Cartas en la noche dijo...

Tu poema me ha conmovido profundamente. Y no sólo porque últimamente tengo el ánima un poco más desnuda de la cuenta; y no sólo porque ahora sólo soy un hombre con la cabeza inclinada sobre un garrote viejo de madera de lorazepán. El poema está vivo, Begoña. Las palabras van de la ternura al dolor, del dolor a la desesperación, de la desesperación al agradecimiento. Es como un viaje de ida y vuelta por dentro de los barrotes del propio corazón en busca del ser que ya no está, distinto, pero semejante al que recorrió el Zenón de la Yourcenar en el Opus Nigrum. Tu poema es -no sé si ésta es o no es la imagen adecuada- algo parecido a un monolito, un monolito muy alto que se recorta en la noche contra la escasa luz con que váse la vida para recordarnos, para recordarme, lo que tal vez acabo de perder. Yo también levanto la voz y digo

¡qué vengas... que vengas!
hecha daga que mi mano
revuelve...

Pero mi voz es, hoy, como el rugido de cientos de miles de animales que recorren los montes a cámara lenta, con los ojos saltones, a cámara lenta, por los valles por el miedo, y en una película muda...

En todo caso, yo te agradezco que hayas puesto voz a mi corazón...Te debo un café...

Tu admirador, tu lector, y tu amigo
Carlos

Begoña Eguiluz dijo...

Por Dios, querido Carlos...¡me has dejado sin palabras!

Te acompaño aunque no sé cómo en tu dolor que adivino muy fuerte, muy ...¡ muy fuerte!

Un abrazo largo y cálido, amigo.

Libe dijo...

A veces nos aferramos a la herida. Como si cerrarla fuera una traición. Como si sólo el dolor tuviera sentido. Como si no sufrir fuera olvidar, el olvido un sacrilegio, y el bienestar una ficción, si no una traición máxima al orden truncado del universo.

Pero somos con y sin la herida. Dejarla abierta, es exponernos a infecciones y gangrena. Tiene que pasar, tiene que pasar… Aunque sanar cueste y duela. Sanar es el mejor homenaje a nosotros, al amor, a la vida…

Begoña Eguiluz dijo...

¡Claro que sí , claro que sí...Exactamente así!

Carlos¡escucha!!

Publicar un comentario