miércoles, 28 de marzo de 2012

Acerca del desencuentro


Desencuentro ( Adela Casado)

 El desencuentro, tomado el término en su sentido más llano, es lo usual a menos que medien instrucciones precisas de por medio para evitarlo. Lo que de verdad es maravilloso si una lo piensa, es encontrarnos, sobre todo cuando conscientemente al menos, no nos buscábamos…


 En las primeras páginas de Rayuela”, Cortázar describe la magia de una de esas direcciones invisibles que parecen atraer hacia un punto convergente a los protagonistas, quienes, una vez producido el encuentro, cierran bellamente el momento como si fuera un mandala
.

…Así Horacio y la Maga deambulan cada uno a su aire, para encontrarse inevitablemente una y otra vez en los lugares más impensados, sin sorprenderse apenas,  asumiendo  que tenía que ser  simplemente así.

Pero encuentros como estos, no dependen de nuestra voluntad. Pertenecen, como diría Ortega a la sustancia de “ circunstancias que no elegimos” a las llamadas "coincidencias significativas" o como  escribió A. Huxley en "Contrapunto" a la lógica esencial de nuestra particular naturaleza. Quizá porque todo lo que nos ocurre se nos parece”. Tal vez sea ésta, la única manera de que podamos entender esa abrumadora sensación de comunión que nos sobreviene cuando topamos con alguien o algo a lo que damos la categoría de encuentro.


No son demasiadas veces en la vida… pero son y pese a los fallos de nuestra memoria en devenir constante, no se olvidan nunca… quedan como puntos de luz en nuestra memoria poética, dando sentido al laberinto en que nos movemos mientras vivimos.


Algunos encuentros son siempre un misterio. Quedan allí titilando como... aquella tarde precisa de mi lejana infancia, en que Maricarmen y yo nos encontramos por primera vez frente al colegio, una tarde de sábado en que teníamos que cumplir un castigo y como no nos abrieron la puerta, jugamos a la rayuela con su trozo de mármol blanco hasta que se hizo la noche. Siento aún la textura de la piedra y su frío y el deslumbramiento de cómo alcancé el “cielo” aquella tarde saltando con las dos piernas juntas. Maricarmen y yo no nos desencontramos jamás, aunque hasta entonces apenas habíamos reparado la una en la otra. Estoy segura de que de alguna manera seguimos jugando rayuela aunque yo me fui a América y ella murió en Vizcaya. 

De esos encuentros surgen los poemas.
Tenías la mitad de la moneda...

Algún día calzaría con la mía

y al sellarse

fijaría los días y las horas.

Tu huerta y mis países serían hermanables

habría un fluir cierto de tus amigos

a los míos...

Yo empezaría una historia y tú sin titubeos continuarías

y un final pleno y común

nos brotaría a ambas de los labios.

Nos juntaríamos

para repasar los lugares

que tú preservarías...

la huella del santo

creciendo con nosotras,

la mata del romero

siempre en la linde...


Yo volví con mi mitad

y tú no estabas!!

Giró el tiempo de pronto

corriendo hacia la nada

se preñaron las cosa de impotencia

y a mí se me secaron

los rizos de la infancia.


  Recuerdo otra vez en que yo tuve un amor, un gran amor, que llenó mis días y se impuso imperiosa a mi corazón con la suavidad y capricho de su carácter. Era audaz y flexible, autosuficiente y habladora. Amaba el calor, las libélulas y las hierbas altas. Era la dueña de mi cama y mi regazo... Se fue, un día en que el otoño  empezaba, a vivir su vida intrépida como todos los días...Se fue y me dejó en la ventana la huella de su patita que se borró con el tiempo.  No nos desencontramos nunca. Fue la muerte, otra vez.



Nunca más.

Ni en esta vida

ni en la otra, ni en la

que quiero inventar, ni

en la que gime ahogada

¡nunca jamás ya tú

mi muy querida!

En lo único que aún eres

es en la herida, esa que

yo acreciento con mi uña afilada para que no

de cierre. Escarbo, a veces

despacito, otra

¡a dentelladas!

a arañazos, a golpes

para que estés ahí

en lo rojo, en lo que duele, para que duermas ahí

y te afiles las uñas

y comas y bebas

despacito...para

poder besarte y olerte y

alzarte hasta mi cuello

para poder llamarte y

¡qué vengas... que vengas!

hecha daga que mi mano

revuelve...


 El desencuentro no existe. Con quien nos encontramos una vez no hay forma ni manera de no seguir encontrándonos, aunque sea dolorosamente.


Sí, es necesario decirlo. Lo único que puede romper un encuentro es la traición. Es el único desencuentro imperdonable,  porque pone en entredicho lo que fue. La muerte, únicamente lo consagra.






martes, 20 de marzo de 2012

Olivos (Saint Remy,1889)


Olivos de Vincent Van Gogh
 ¡Me vas !
difícil verde
adherido como
un triunfo a la tierra.


¡Te voy!
sonrisa apenas
por fuerza, ensimismada
para nadie, deleite.

 ¡Nos vamos!
florecemos en yermo
 y no nos resignamos:
                                          ¡somos sueño de selva!

miércoles, 14 de marzo de 2012

Confesiones









Hay algunas que brotan mejor de atardecida, con esa luz difusa tan propicia para las confidencias  que permiten difuminarse en un fondo ya tenue que… ya bastante a la luz se está en esos momentos como para que haya necesidad de prender lámparas inclementes. También se necesita tiempo para orillar los bordes de silencio inevitables para los circunloquios y las repeticiones suaves, para las miradas  cómplices y si es con una copa de vino tinto entre las manos, mejor, mucho mejor… Son las de la madurez, cuando ya se ha posado la vida y rememorar es un placer delicado.

viernes, 9 de marzo de 2012

de lilas y alerces


Lilas


Últimamente me rondan lilas. Ensueño lilas, siento dulzor de lila, tacto lila…y me vuelvo de continuo intentando atraparlas. La lila es lo superfluo delicioso, el pequeño plus de gracia, casi innecesario para vivir pero casi tan precioso como el agua porque…la lila enciende y su falta inevitablemente, apaga.

 Acepto, como dice Shalamov, el recio ruso,  que la lila como la flor del fresno o del cerezo, sea  ” flor de romanza” no apta para simbolizar la resurrección de la vida, tan crucial en tiempos difíciles como los que tantos vivieron en la helada taiga de los destierros. Él  escritor necesitaba del alerce del norte, padre de esa rama seca, quebradiza y oscura que era capaz de verdecer y brotar pinocha en un desolado cuarto de Moscú, después de recorrer miles de kilómetros apretujada entre cartas y paquetes, al conjuro desolado de la esposa del poeta muerto que la recibe  y con infinita ternura la coloca en agua …
 Imaginé a Maldestam por más que supiera que no tuvo siquiera el consuelo del alerce, si tuvo alguno…y a Nadia, que se aprendió sus versos palabra a palabra para que no se perdieran, la imagino adornando su mesa con una de esas ramitas que ellos enviaban...

  A mí, en cambio, me están rondando lilas fantasmagóricas  que quieren cuajar en manojos vivos… cuyas ramas, para que duren, hay que machacar y sumergir en agua hirviente… ¡Buena metáfora la de la cauterización de la belleza!

 La lila es señal de advenimiento de brisa sobre el ánimo, algo así como si el alma se sacara con una sacudida graciosa el sombrero… y las sandalias frente a la primavera que viene...

miércoles, 29 de febrero de 2012

Menosprecio de azul









Nunca me ha gustado el azul. No sé muy bien por qué. Pienso que tal vez más que el color en sí mismo, sea la propia palabra la que se me hace insoportable; paradigma en cuatro letras de la poesía cursi… ¡no soporto la poesía “azul”! Si me dan a elegir, jamás elegiré un azul a no ser que esté muy disfrazado con sus calificativos y palidezca entonces hasta quedar convertido solo en mácula apenas de lo que si no hubiera sido casi perfecto…un cierto gris, un casi negro, un blanco con un punto de luz.

….Azul noche, rey, pavo real, paquete de velas, azafata, cielo, ultramar, índigo, piedra, hielo, jacarandá, violeta, marino, miosotis, turquesa, añil, lapislázuli, cianuro… así ad infinitum y ni siquiera entonces, después de semejante jaculatoria, me tiembla mínimo el nervio de la aceptación.

A veces, cuando intento racionalizar un poco este asunto, pienso que tal vez mi aversión se deba simplemente a que instintivamente sé que no me queda bien…soy mujer de grises de magentas, de negros sobre todo, incluso ocres pero el azul no, decididamente no. Me vuelve sombría…

Comparto mi desamor con más de alguien. Lo sé. Recuerdo con un guiño a Nietzsche y  sus burlonas referencias… ¡Ay, aquel animal ojizarco! …Esa  imagen  bobalicona del  pastor rubio en bucles con corderito a hombros,  y nubes gordas sobre fondo…azul. Vamos, para que nos entendamos, para mí  el azul es el color de la debilidad,  de las cintas desvaídas de lo “bien pensante”, del romance anémico, de la sangre que apenas fluye, de la ñoñería de estampita decimonónica que se besa con fruición por las noches antes de irse a dormir… Resumiendo en metáfora; el azul es un dulce ángel de alas dulcemente plegadas que vela en el hogar y yo…soy una amante de los duendes y los fantasmas ateridos siempre un poco tiznados, un poco crueles; los ángeles me aburren terriblemente.

“Cuartito azul“… ¿recuerdan el tango aquel? y… Tengo una muñeca vestida de azul y… Verano azul, La más lacrimosa de las series de los 80 y… ¿la División azul que se fue a Rusia? Y… díganme, se acuerdan aún del príncipe azul, aquel que aparecería cualquier tarde para que bailáramos con él, Danubio azul … En fin, acaba de cruzárseme “Unicornio azul”  y me ha golpeado un ramalazo de nostalgia pero no quita hierro a lo dicho;  creo que ha sido por lo de unicornio  ya que pongan lo que le pongan al lado, la palabra unicornio soporta cualquier cosa incluso que le hayan endilgado lo de azul aunque todos sabemos que un unicornio que se precie es del más purísimo blanco… 

Los cronopios, mis bichos favoritos son verdes y la línea recta de Miró es roja como toda línea que se precie de tal nombre. Van Gogh, el loco del amarillo, rabioso de vida y ganas… Puestos a sentir emociones, nada tan escalofriante como la pintura negra de Goya. Sí, suele haber  un color, un matiz que nos exalta la imaginación o la anula…

Hubo un  gran poeta que una vez exclamó- ¡Dios está azul!- Dios se presenta siempre lloviendo suave o tipo pedrisco…a veces  es pura bruma desleída, pero, cuando yo siento el gozo… entonces, Dios se deslíe en el más bello color ámbar. Azul… ¡jamás!

martes, 21 de febrero de 2012

Recordando a François Mauriac


Este otoño, paseando por Madrid, en uno de los tenderetes de la cuesta Moyano,  mi guante se encontró por casualidad con un ejemplar de aquella editorial Aguilar de dulce memoria… hojas de papel biblia, excelente encuadernación, tapas azules y lomo historiado en oro desvaído...¿recuerdan?