Florencia





LLego a Firenze ya, de alguna manera conociéndola y sin embargo, al pisarla me he dado cuenta de que en realidad, era una perfecta desconocida. Es difícil explicarlo. Por una parte, son todas las connotaciones literarias y artísticas que he traído conmigo...lo que he leído de Miguel Angel, de Maquiavelo, de los Medici, todas las reproduciones que he visto en los libros de arte, todo lo que he oído a los viajeros que volvían...y es así, todo corresponde. El Duomo es magnífico y las puertas del baptisterio de Ghiberti,  verdaderamente "las del paraíso". Ambas parecen condensar la excelencia del trabajo, hecho con amor y talento.

El Ponte Vecchio evoca enamorados.
Aquí Dante vio un día a Beatriz, y Agustín cuando todavía no era católico ni santo, tomó con infinita ternura la mano de Floria...Una se acoda por la mañana temprano a solas con las manos libres y la brisa presente en el exiguo pretil que dejan las tiendecitas de los joyeros... y le dan ganas de entonar muy bajito extasiada, "¡oh, mio babbino caro...!"

Florencia es la iglesia de la Santa Croce, la  Galería de los Uffizi, la Academia, donde se condensa tanta armonía, tanta cultura, tanta excelencia, pero... mi Florencia, la que morirá con mi memoria, comienza en otra parte...

Subiendo la empinada colina hacia Fiesole, el pueblo donde Maquiavelo fue desterrado y donde todas las noches se vestía de gala para leer a los clásicos y no olvidar en medio de la rusticidad ambiental que era florentino, hay una villa. Se llama Anuncciata. Una alta verja de hierro la oculta al paseante,  pero una vez se traspasa, se llega al reino de los cipreses. Es una casa de tres pisos, con ventanas en arco rematadas en piedra y pintada toda ella de un ocre oscuro y desvaído. Se sube por una terraza de piedra un poco descuidada, llena de terracotas con geranios, adelfas, alegrías...y se desemboca en la sombra deliciosa de un vestíbulo enlosado. Se sigue a través de una escalera ancha y baja y se llega a la que fue nuestra habitación, aquellos días.

Nuestro cuarto es enorme y bastante destartalado, pero tiene dos cosas deliciosas: un suelo de losas donde es un placer andar descalza y una ventana enorme, que cuando la abres a dos manos, te entrega el "jardín de las delicias". La luz se tamiza con persianas florentinas, a dos hojas, que se pueden articular en su mitad, de manera que la sombra permita circular el aire (solo las he visto en Italia).

He pasado largos ratos disfrutando esta ventana...me sé todos los ángulos del jardín. A primera hora lo he visto en el frescor de la mañana con la luz entrando a raudales y me he quedado largo rato en camisón, acodada en el alfeizar (parece que lo mío son los alféizares....)

Por la tarde, a su vera, he mantenido conversaciones lentas y sugerentes, de esas que me hicieron recordar mis primeros tiempos de enamorada... aquellas en que todas y cada una de las palabras dichas eran una clave a desentrañar.

Hemos caminado Florencia,  nos hemos detenido ante increíbles perspectivas de luz y calles, hemos comido gigantescos helados y bebido con placer un café delicioso y fortísimo...Pero yo recordaré mi preciosa ventana de la colina y entonces todo lo vivido, tendrá el toque milagroso de lo que la ciudad a mí y solo a mí me debía.

6 comentarios:

Mandalas, Espacio Abierto dijo...

Hola de nuevo

Hay ciudades que son especiales por su encanto, paisaje, cultura, armonía, belleza, historia... y añadiría una más, alma. Florencia la tiene, y me parece que la sentiste con toda intensidad.

Es un placer leerte y cuando vuelva algún día a Florencia lo haré leyéndote para no perder un sólo detalle.

Un saludo.

Begoña Eguiluz dijo...

Gracias, Mandala. Estoy segura de que Florencia te espera y que guarda una "historia y un lugar" ...¡solo para ti!

Anónimo dijo...

Damos muchas cosas por conocidas. En realidad se conocen al vivirlas. Una de ella son las ciudades. Hay muchas maneras de vivirlas, con la literatura, los viajes, el trabajo. Cada viajero da una version diferente de la misma. Gilles

Begoña Eguiluz dijo...

Algún día me contarás tu historia florentina, porque sé que tu viviste en esta ciudad momentos especiales, mi querido italiano.

Marina G.M. dijo...

En septiembre ire a estudiar tercero a florencia, y espero poder conocer esa casa de la que hablas :) Tengo tanta ilusion por vivir la ciudad, porque conocerla ya lo he hecho, pero vivirla... eso es otra cosa.

Deseame suerte, Marina.

Begoña Eguiluz dijo...

Te deseo muchísima suerte, Marina. A ver si encuentras "Villa Anunciata" en la carretera que sube la colina hacia Fiésole...pero, de todos maneras, no te precupes ya que seguro que encontrarás la tuya. Cuando suceda a ver si me lo cuentas ;)
Un beso.

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