La muerte...





La muerte nos devuelve

lo que no fue:

el instante hecho herida de ballesta.

 Llega así el  momento en que...

aquellos ojos son tan bellos,

 dicen tanto...

De tan sutil manera

 se mantienen perfectamente fieles

 a su mejor momento

que la herida se encona para siempre

y el amor nos estalla llevándose

todo lo que no memoria... en llama.



Morir es un acto de venganza.



"La llaga de amor es como la que produce la ballesta, improvisa, estrecha de boca, profunda, penetrante, no fácil de curar ni de ver y muy mala de sanar. A quien la mira de fuera la parece poco, más según lo intrínseco es peligrosísima y las más de las veces se convierte en una fístula incurable"
                                                                                                              León Hebreo


4 comentarios:

Jose Zúñiga dijo...

Morir de amor. Rotundo el verso final, espléndido.

Mandalas, Espacio Abierto dijo...

Hola Begoña

Hay muchas clases de muertes, de cambios y de tránsitos. Ninguno es fácil y todos conllevan dolor, aunque pasado el tiempo vemos que ahora hay luz en vez de vacio.

Coincido con Jose en su comentario, es precioso.

Besotes.

EL GATO ESTEPARIO -víctor- dijo...

Bueno, la herida del amor también es dulcísima, aunque pongamos malas caras. Dificilmente se muere de amor -salvo excepciones muy puntuales y casi siempre literarias-. Si no interviene la normal recuperación, queda como un poso tan amargo como dulcísimo, aunque cueste reconocerlo.
Ciertamente, morir de desamor quizá pueda ser una mezcla de venganza e imposibilidad para soportar tanto dolor. Morir de amor, pues ya todos sabemos, es la másxima entrega.

Begoña, siempre es un placer leer tus versos.
Últimamente ando más ocupado pero es irrenunciable detenerme en tu mágica forma de escribir, aunque a veces no deje mis huellas.

Un abrazo. (Gracias por tu regalo de Navidad en mi blog de pintura. Unos versos preciosos).

Begoña Eguiluz dijo...

Querido Víctor: ¡qué alegría volver a encontrarme por aquí la huella de tu garra cariñosa!

Yo tampoco creo en la muerte por amor. No me convence ni literal, ni literariamente. Pero en la herida, en esa que tú llamas "poso dulcísimo y amargo", sí que creo.La he sentido. La muerte fija la imposibilidad y el ansia: una conjunción imposible...por ahí quiso ir mi poema.

Me alegro que te gustara mi regalo. Recién estoy degustando del placer de la amistad entre poetas
Sabe muy bien.

Un abrazo.

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