De trenes, de viajes, de libros.

Tomar "el Alvia" al filo del día, con abrigo largo, bolso cruzado y una de esas maletas mínimas que se arrastran, tiene en sí ya todo el sabor de la aventura. Sobre todo cuando te das cuenta de que te ha tocado ventana y nadie viaja contigo...

Un viaje en tren es un largo ensoñar. Cierro los ojos y duermo pero es un sueño ligero tachonado de álamos y de palabras...Me he comprado " Le Monde diplomatique" en la estación y leo lo que casi nunca leo...Una entrevista a Rafael Correa, el presidente de Ecuador", un artículo dirigido a los "Anti-ilustrados de todo el mundo", una reseña de " El sueño del celta", última novela de Vargas Llosa que me hace sonreír...Sí, yo también pienso como su autor, que dicha novela, más que sueño parece una pesadilla un poco sosa, la que le salió en esta ocasión al peruano. Roger Casement (el protagonista) es todo un carácter pero constatarlo no es mérito del escritor. Un funcionario de la corona británica que al servicio de su misión denuncia la brutal explotación del Congo y la Amazonía para finalmente, morir ahorcado como patriota irlandés, es alguien interesante por méritos propios...(se trata de un personaje histórico).

Me extraña mi lucidez a medida que leo, mi evidente placer que no sería igual sin el ambiente que me rodea...la mañana imponiéndose, tamizada  apenas por los cristales  ahumados, el zumbido en sordina del deslizarse... El par de días por delante tan sin estrenar todavía.

Arrastrando airosamente mi maleta (creo yo) camino hacia el hotel, justo cruzada la curva del mediodía. Madrid me ha recibido como es habitual en invierno; con frío luminoso, con uno de esos cielos altos tan de tierra adentro que me recuerdan... otros cielos

En seguida empiezo a disfrutar de más placeres. Me hago dueña de  cada rincón de mi apartamento. Deambulo. Cada vez me gustan más los apart-hotel; debe ser por ese gusto añadido de transitar espacios diferentes. Por poder pasearme a placer y abrir y cerrar y mirar cuadros y manipular pequeños objetos. Este que me recibe tiene un aire decididamente "neo-neoclásico"( tuve que añadir un nuevo"neo" porque es una repetición de la repetición...) pero me gusta..

Imaginen. Mesa redonda con luz propia  y un  escritorio con anaqueles, en un mismo espacio. Una cocina tras una corredera que ni me molesto en mirar. Un sofá enorme donde mi abrigo de través, queda comodísimo y una habitación llena de detalles retro como el galán de noche  y la cama historiada ancha con sus dos cojines rectos...He desperdigado mis cosas sabiamente. Lo primero, ocultar la maleta, luego sacar mis libros. He llevado conmigo ¿ Existe Dios? de H. Küng (estoy leyendo su estudio acerca de Nietzsche) y "La especie humana" de R. Antelme que finalmente no abriré.

He puesto sobre la cama mi cuaderno de tapas azules y hojas blancas (no soporto los cuadernos lineados). Lo hojeo y, como no, me encuentro un poema al voleo que al volver a situarme en aquella precisa vez en que surgió, me lancea la tarde... (llevo arrastando harta pena yo, últimamente...) Lo cierro suavemente  y decido no volver a abrirlo... me voy a la sala. Abro el pequeño bar, elijo una botella de zumo de durazno bien helada que me tomo lentamente frente a la ventana, saboreando la punta cercana de una de las "Kío"...

Luego duermo una siesta de mujer de Hooper pero sin soledad. Una siesta de esas, con el libro de canto y las gafas puestas por pura pereza de alzar la mano. Siento titilar el ambar frente a mis párpados cerrados. Cuando despierto es media tarde. Me desperezo como una odalisca. Me levanto y aprovecho para constatar los primores del baño...Antes de salir, mi cuello recibe una dosis extra de DKNY, mi perfume de siempre que cerca mi territorio. 

Tiro por La Castellana con mi bolso y mis regalos. No tengo prisa. Cada paso es un pequeño lujo  que graciosamente me concedo. He aprendido que nada puede guardarse para luego, que todo hay que disfrutarlo calentito y sabroso como este paseo en que veo a mi izquierda  la entrada del pabellón, en que "Oriente y Alejandro", son una invitación para el próximo día que yo no aceptaré. Siento también tintinear levemente contra mi cadera los metales haitianos que llevo y no estoy más que...¡ahí! . Por una bendita vez no estoy sino en mis pasos y el tintineo...

He repartido los regalos. El dulce ángel de rizos alados que toca el trombón, la gota de ambar...Si hay algo delicioso de la amistad entre mujeres es la facilidad para anudar hilos y tejer historias. Intrincadas, complejísimas e inacabables historias que se reanudan con solo un abrazo, con una mirada irónica, con una palabra...Hasta altas horas mis primas y yo hemos tejido historias...¡menudo tapiz nos ha salido!...Y luego ha ido cayendo la noche sobre Madrid  sin darnos cuenta, mientras tomábamos un vino blanco que venía de Chile y que era casi inverosimil de tan bueno...

 Constato una vez más la densidad ligera de esas horas en que hemos estado juntas, riendo. Sí, porque incluso las penas y los sobresaltos, nos los reímos. Sí, incluso la pérdida y el desamor, las cicatrices y el miedo....Queridas,sabias, insólitas mujeres de mi vida..( ¡ay, ay!...no quiero que me traicione la ternura que es tan fatal para la literatura)...pero bueno, si  me traiciona algo, que sea esto tan raro en mí...¡tan precioso!

Ahora, abierta ya la cama, bebiéndome el segundo zumo, esta vez de naranja con "Le Monde" desplegado sobre la mesa, descubro  una exposición fotográfica sobre la vida cotidiana en Haití. Es  en un lugar que se llama "Librería Asociativa Traficantes de Sueños", en calle Embajadores. Parece una coincidencia significativa porque termina exactamente el día 22 de enero y mañana es 21. Acabo de descubrir cuál será mi plan para mañana. Todavía recibo una llamada de mi "traficante de sueños" particular, antes de acostarme. He cerrado mi libro en medio del  desencuentro entre Nietzsche y Lou...Las últimas líneas se me confuden...el sueño tiene prisa y yo apenas he podido apagar la luz antes de dejarme atrapar. A lo largo de la noche me he despertado una  sola vez...la noche era clara y amiga y casi me dio pena volver a dormirme.

He abierto los ojos un par de horas más tarde de lo habitual. Remoloneo un rato delicioso antes de iniciar cualquier ritual. Esto es parte del viaje a solas... ese saciar las ganas,  ese no atender a nada que no sea el pequeño deleite de los propios tiempos. Me he  arreglado con infinita parsimonia y después, he desayunado mirando por la ventana  de la cafetería, el perfil de las torres Kío. El huevo frito con bacon  está perfectamente preparado, con  la yema blandita y "puntilla" apenas corruscante. También como un croissant con mantequilla y miel y una tres tazas de café. Nada de lo habitual... todo, exquisito exceso.

 Subo y me pongo mi abrigo negro largo de todos los viajes...el de Roma, Nueva York y Berlín. Adoro a mi viejo abrigo que me sienta infinitamente bien. Con mi abrigo soy de veras guapa y, si me subo las solapas...casi arrebatadora (que no se diga que es precisamente autoestima lo que me falta... con el abrigo puesto, claro).

El metro me deja en Martínez Alonso  y allí pregunto y....  entre pregunta y pregunta, para cuando llego al número preciso que busco en la calle Embajadores, veo que he realizado casi una "parábola" tan perfecta como perfecto es el día. Un día de invierno otoñal en que las hojas caen y se arremolinan en medio de una luz de Vermeer... He caminado a conciencia para volver a ver Haití y me lo encuentro de nuevo en la entreplanta de un pasaje perdido. Las caritas de chocolate, las verduras, las piernas robustas de las mujeres, lo que parece una danza vudú, los tap tap, el polvo, las bolsitas de agua, las sonrisas...

Las fotos son buenas pero están mal puestas. Ninguna tiene contexto. Sorteo sillas para poder acercarme. Adivino, echando mano a las explicaciones de Libe, de lo que pueden significar ciertos colores, ciertos, vestidos...Protesto.

El muchacho encargado de la librería me da una explicación. Me dice que llamada su autora, Eva Máñez, por el Círculo de Bellas Artes, trasladó la exposición y lo que yo veo son de alguna manera, restos. Me ofrece más información. Aquí la tiene quien quiera acercarse al tema. Creo que valen la pena para saber más sobre Hatí.


Yo entro en la librería y termino el resto de la mañana; rebuscando entre los anaqueles con fruición lo que me será difícil encontrar en otra parte. Finalmente, he comprado:

  • El Narrador de Walter Benjamín. (crítica literaria)
  • La muerte de la polilla de Virgina Woolf (textos antológicos sobre literatura).
  • Usos y abusos de Haití  de Paúl Farmer
  • La casa del mirador ciego de Herbjorg Wasmo (novela)
  • La vida arrebatada de Nietzsche de Franz Overbeck
Y luego... es seguir caminando con mi bolsa de libros, para encontrar una estación de metro que me deje cerca del Vip en "Padre Damián" donde he quedado para comer con mis primas. Lo intento ya que es un poco cuestión de honor no tomar taxi...Rodeo Atocha, veo de lejos la cuesta Moyano, dejo atrás el Tyssen, admiro como va medrando el jardín vertical ... A la altura de la Cibeles encuentro cerrada la boca del metro...estoy cansada y  llego tarde, por lo que me doy licencia y recordando Haití, salto la cadena que lo prohibe y me meto limpiamente en un taxi que me deja con puntualidad de reina en el Vip, exactamente a las 13,30. 

El resto de la tarde es de tertulia con mi madrina. Le entrego su geko (salamandra) de colores que  ha quedado preciosa junto a la yedra. Tomamos té con pan tostado, repasamos nuestras afinidades...las flores, el agua malgastada con gozo culpable, esa forma que tenemos las dos de referirnos a las cosas como si tuvieran vida...Su casa  rezuma como siempre color  y alegría. Conversamos. En sus recuerdos  ya un poco confundidos late mi madre de 17 años, mi abuela.. La vida que fue y se nos fue... Al abrazarla  para despedirme sé perfectamente en mi intensidad,  todo lo que abrazo en ella...

Cuando regreso a mi hotel nuevamente es muy tarde, soy una mujer muy serena. ..Antes de dormir vuelvo a hablar con mi traficante de sueños...


Al filo de la mañana me espera "el Alvia". Es bueno descubrir que vuelve a tocarme ventana y nadie a mi costado. Reencuentro a los álamos y la duermevela pero el tacto de mi libro es ahora el de Overbeck, el amigo de Nietzsche. Al final, me lo he leído en las horas de viaje...Es bueno tener un amigo que nos quiera a pesar de lo que somos... mi Traficante de sueños vuelve a llamar y yo...¡ya estoy en casa.!


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Begoña. Gracias por acercarte a nuestro espacio. Si quieres más información sobre la exposición de Haití te dejamos el enlace al video de la presentación a cargo de la autora.

Un afectuoso saludo
L@s Traficantes de Sueños

http://www.traficantes.net/index.php/trafis/libreria/noticias/haiti_de_cerca_exposicion_fotografica_de_eva_manez

Begoña Eguiluz dijo...

Gracias por el detalle. Ya lo he incluido en mi entrada. Me gusta la mirada que dais sobre Haití, un país resiliente por excelencia.

Vuestra asociación tiene un nombre genial.

¡Muchos saludos, traficantes de sueños!

Mandalas, Espacio Abierto dijo...

Hola Begoña

Cada vez que te leo, me haces sentir partícipe de tu mirada, de tu corazón. Es como si estuviera allí mismo.

Sólo puedo decir que disfruto muchísimo con tu lectora, con tus relatos, que están llenos de vida, de suavidad, de verdad, de corazón, de sentimientos.

Besotes.

Begoña Eguiluz dijo...

¡Muchas gracias, Mandala, Vieras como agradezco la generosidad de tus comentarios...Me ayudan a sentir que...¡hay alguien ahí!

Un abrazo.

Mandalas, Espacio Abierto dijo...

Hola Begoña

Gracias a ti por permitirme sentir, aprender, pensar. Es un delicia leerte. Transmites muy bien lo piensas y sientes, lo describes con tanta energía que hay veces que me veo caminando a tu lado, viviendo lo mismo que ven tus ojos y corazón.

Besotes.

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