El reino de este mundo

Para Libe   


Con esta obra, publicada en 1949, Alejo Carpentier, el escritor-cubano francés ( 1909-1980) inicia lo que más tarde será continuado por los escritores del Boom latinoamericano, ese concepto que ya pertenece al canon literario y que conocemos como "lo real maravilloso" o realismo mágico"( tanto monta,  monta tanto...), santo y seña de la literatura hispanoamericana de los años de su incomparable auge, lo acuña un Carpentier hastiado del surrealismo europeo artificioso y frío: puro artefacto literario, resultado indeseado y efímero de la  imaginación en estado agónico de la vieja Europa.

Es un viaje a Haití  en el año 1943, el que desata en Carpentier el convencimiento de que en América lo real maravilloso es "el pan nuestro de cada día". El producto necesario de su revelación es "El reino de este mundo". 

La toma de contacto con las ruinas de la Citadelle y Sans Soucci, el palacio de H. Cristophe, así como  de los vestigios coloniales de la ciudad del Cabo y su historia, le hacen sentir que América es el único lugar en el que un cocinero negro puede convertirse en emperador y crear una corte en que reluzcan galas y jerarquias versallescas. El cuento de hadas en  el que una lavandera puede convertirse en exquisita emperatiz. Sí, aquí, un  esclavo mutilado puede trasmutarse en mariposa: Mackandal. Pero lo maravilloso justamente es que no se trata de un cuento, es cosa de consultar los anales y documentos que lo certifican para constatarlo.

 América es además la tierra prodigiosa de una historia sin tiempo. Es la reiteración una y otra vez  de "ese inacabado retoñar de las cadenas" al que asiste Ti Nöel (el protagonista) y que se despliega en la sucesión de amos  bajo los que vive durante su sufrida vida  ( blancos, negros, mulatos...) y que tiene su punto de máxima lucidez en ese momento en que el ex esclavo recibe un garrotazo mientras contempla embelesado Sans Souci, el palacio del primer emperador negro de este mundo. Será el golpe que lo  despertará del sueño de libertad, igualdad y fraternidad  y lo devolverá nuevamente al yugo de su condición de pura fuerza de trabajo al servicio del delirio ajeno.


Sin embargo, cuando ti Nöel comienza a subir su piedra hacia la Citadelle, lo hace  acompañado de un insobornable recuerdo, el de Mackandal que una y otra vez se impone en su memoria. Y quien dice Mackandal, dice de los tambores y el veneno, de esa fe colectiva e inquebrantable de que el son macudumán es tan intemporal e imperecedero como la constancia de la explotación. Por eso el viejo ti Nöel ríe al final del relato. Los frágiles y preciosos momentos  en que retumban las cadenas que se desgarran, son tan inevitables como los del polvo, sudor y miedo. Se puede vivir y resistir con amargura  es cierto, pero también con paciencia, porque el son urgente que expanden los tambores volverá.


La naturaleza americana, en la que participan seres humanos y paisajes, está construida sobre el eje de la sorpresa, una sorpresa que sin embargo, no es accesible sino a los iniciados. Mientras los blancos queman en la pira a Mackandal para ejemplo y terror de los esclavos obligados a asistir al suplicio, estos ven entre gritos extasiados, como el hungan emerge de la pira convertido en pájaro que se pierde en la lejanía. La jornada de  escarmiento que han organizado los blancos, se ha convertido en día de exaltación y esperanza. Pero solo los negros lo ven. Cuando al caer el sol vuelven  a sus plantaciones de origen, no lo hacen precisamente aterrorizados como imaginan sus amos.

Carpentier nos entrega también el ritmo y musicalidad de lo maravilloso que acontece. Esa cadencia engarzada en palabras tan minuciosamente trabajada, llamada  "neo barroco americano", es otra pista por la que luego seguirán tantos. Se trata de  una prosa exuberante, sazonada y sabrosa de color y aroma, en que el creole se engarza necesario y natural. La literatura hispanoamericana exige el mestizaje del lenguaje para expresar lo que de otra manera sería indecible. Es justamente en esos párrafos interminables y suculentos, aderezados de palabras que actúan en nosotros, los lectores, más por su sonoridad musical que por su mismo significado que a veces solo oscuramente entendemos, donde se produce la transmutación y podemos  sentir encajados en nuestras órbitas, los ojos maravillados de ti Nöel contemplando al mundo.

 Aprendemos por fin con el viejo ti Nöel, escarmentados como él de sueños, mientras miramos hacia la ciudad del Cabo, donde una vez más el "cielo se había vuelto negro de un humo de incendios", la paradoja irresoluble de este mundo que se entrega a quien lee esta joya de libro, como  el arcano de una condición humana, que siendo universal,  es en Haití donde adquiere el  fulgor genuino de una parábola evangélica.

El ser humano "Padece, espera y trabaja, para gentes que nunca conocerá y que a su vez padecerán, esperarán y trabajarán para otros, que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo..."



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando era niño, mi madre me contaba el cuento del pájaro azul...creo que es una hermosa historia para captar dentro de los límites de la vida , el momento que vivimos con lucidez y en la medida que podamos, gozarla...muchas veces no es facil, pero, cuando contactas con personas que viven al hoy y curiosamente con una gran alegría...pidamos lo que podamos, siempre!, pero no olvidemos el goce del momento...es lo único que tenemos...El Lobo.

Latxu dijo...

Yo lo descubri hace bien poquito en un viaje especial que hice a Cuba, de la mano de otro escritor tan especial como la obra que conoci despues.....y ahora me estoy perdiendo en sus relatos, en esa exquisited del lenguaje, esa imaginacion que todas necesitamos. Maravilla.

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